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Mauro Falduto: “Hacer patria también es sacarle el hambre a un pibe y escucharlo”

Edición de video: Natalia Calvieri. Cámara: Federico Ochoa.

Ponerse el guardapolvo: "Vestir una causa"

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No es pobre, ni viejo, ni fracasado. Mauro Falduto es un docente fanático de la educación pública que dice que el suyo es el mejor trabajo del mundo y habla del comienzo de clases con el entusiasmo de alguien que se hubiese ganado un premio millonario o se estuviera por ir de viaje a la Polinesia francesa.
Es maestro-coordinador de la escuela 10 de Nueva Pompeya y la mayor parte de los 180 chicos que van cada día a esa primaria viven en el Barrio Ricciardelli, ex villa 1-11-14, que está a unas diez cuadras.
Y dice es por las dificultades que tiene que resolver cada día trabajando con esos chicos que viven en contextos de fragilidad social que ama su trabajo, no a pesar de ellas.

Para Mauro Falduto ponerse el guardapolvo es ponerse una historia de lucha no es una prenda de polister blanco Foto Victoria Egurza
Para Mauro Falduto, ponerse el guardapolvo "es ponerse una historia de lucha, no es una prenda de poliéster blanco". (Foto: Victoria Egurza)

Mauro tiene 37 años, su papá Carmelo –que falleció en medio de la primera ola de covidfue director de una escuela de la zona durante 15 años y su mamá Norma también fue directora de escuela, igual que su compañera, Gisela Ferrazzuolo.
De su papá aprendió a estar en la puerta del aula desde que entra el primer chico hasta que se va el último.
De su mamá, que llevaba de excursión a sus alumnos de la villa a Rosario a ver el monumento a la Bandera y se buscaba la manera de que les hicieran a los pibes una visita guiada para que conocieran el río Paraná, aprendió a aplicar las normas con humanidad.

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Mauro, el día en el que se recibió de profesor con sus padres, hermanos y su tío. (Foto: Álbum familiar Falduto)

Mauro se saca el barbijo sólo para comer porque cuando su papá se contagió lo llevó a la guardia y él también dio positivo. Estuvo 38 días fuera de su casa, entre internación y aislamientos. Dice que lo que vivió cuando todavía no había vacunas no se lo desea a nadie.

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Mauro perdió a su papá durante la primera ola de covid y él se contagió y pasó 24 días fuera de su casa, por eso sólo se saca el barbijo para comer. (Foto: Victoria Egurza)

-Mauro, ¿cómo te sentís en el arranque de este ciclo lectivo?
–Yo estoy encantadísimo, siempre es muy esperanzador el comienzo y considero que éste es el mejor trabajo del mundo, soy un fanático de esto y me encanta esta época del año. Siempre con con conflictos a resolver, pero encontrarnos con los pibes está buenísimo.

–¿Por qué pensás que tenés el mejor trabajo del mundo a sabiendas de que laburar con los pibes que menos tienen requiere más energía por el tipo de conflictos que padecen?

"La escuela como institución, además de tener las puertas abiertas para las familias, da respuestas a problemas emergentes como la alimentación."

–Justamente por eso, la idea de ser un servidor del Estado puesto a intentar resolver esos problemas es lo que me entusiasma. El Estado debe garantizar el derecho a la educación. Pero para garantizar ese derecho hay que resolver otros problemas, conflictividades sociales que escapan a la escuela que y la escuela tiene no sé si que resolver porque es imposible que se resuelvan desde acá, pero sí darle a ese pibe la posibilidad de que pueda pensar en otras cosas que escapen a su cotidianeidad las 8 horas que pasan acá. Tenemos que garantizar que ese tiempo sea un espacio de felicidad, un buen momento del día.
Y somos un lugar donde las demandas encuentran respuesta. La escuela como institución, además de tener las puertas abiertas para las familias, da respuestas a problemas emergentes como la alimentación.

La mayor satisfaccin que Mauro tuvo el ao pasado fue poder organizarles a los chicos de sptimo que haban estado guardados por la covid en 2020 un baile de mscaras Foto Victoria Egurza
La mayor satisfacción que Mauro tuvo el año pasado fue poder organizarles a los chicos de séptimo que habían estado "guardados" por la covid en 2020 un baile de máscaras. (Foto: Victoria Egurza)

Llegar a la escuela con hambre

La escuela en la que trabaja Falduto tiene un comedor que ofrece desayuno y almuerzo para todos los grados de la primaria y para una sala de jardín. En este momento, hay grados en los que no tienen más vacantes y hay familias a las que les tienen que decir que no pueden inscribir a sus hijos. Por un tema de provisión de los alimentos y de espacio, hay grados con 30 alumnos que en tiempos de pandemia y sin burbuja ya supone un amontonamiento..

–¿Cómo son las comidas que manda el Gobierno porteño?
–El desayuno ahora es mate cocido y a veces chocolatada y un paquete con dos vainillas o una barra de cereal. El año pasado mandaban yogur, pero ahora desapareció del menú, imagino que porque está carísimo el yogur, pero entiendo también que es una decisión política, y después el almuerzo varía. Podría ser mejor, hay demasiado medallón procesado. Y cuando mandan pescado podrían mandar un filet porque en su casa no van a comer filet de merluza por ejemplo. Aún así tenemos un equipo de cocina fabuloso que hace lo que puede con lo que mandan.
(Falduto dice que uno de los problemas que enfrentan es que hay chicos que no comen bien en la casa y llegan con hambre. Lejos de decirles que se joroben o ignorar el problema, la escuela desarrolla estrategias para resolverlo.)
–¿Qué hacen cuando un pibe les dice que tiene hambre?
–Un chico que viene bien desayunado, con una barrita de cereal tira hasta el mediodía. Pero si viene sin desayunar, y tiene 8, 10 años… está en pleno crecimiento, no le llena una muela. Y hacemos malabares. Tenemos por ejemplo un “banco de barritas”, las juntamos de cuando falta un pibe. Muchas veces administramos la miseria. En esta escuela la vicedirectora se encarga a la perfección de eso. Yo soy un convencido de la épica: a la larga lo que creo que estamos haciendo es patria. Nuestra tarea puede ser resolver el hambre de un pibe por un ratito, somos la primera línea del estado. Y hay cosas que no resolvemos nosotros, pero iniciamos el camino para que puedan ser resueltas.

"Entre el hospital Penna y la escuela, a los chicos les garantizamos que tengan las vacunas obligatorias"

–¿Por ejemplo?

–Todos los años, a los chicos les hacen una revisación en el Hospital Penna, a cargo de un médico y una enfermera. Por ejemplo, si necesitan lentes se los recetan. Y les controlan el carnet de vacunación y se fijan cuáles les faltan. El año pasado, a muchos chicos de seis años les dieron las vacunas que no tenían. Y no porque los padres fueran antivacunas, sino por mil otros motivos posibles: olvidos, trabajo, etc. Bueno, a esos pibes, les garantizamos entre la escuela y el hospital que tengan las vacunas obligatorias hasta los seis años. Las enfermeras se preocupan de ellos. Es un trabajo coordinado y la escuela hace de medio para que, ya que la familia no se puede acercar al hospital, el se hospital se acerque a la escuela.

Dice que la escuela es el reino de los extras los docentes viven poniendo plata de su bolsillo o trabajando gratis para darles lo mejor a los chicos Foto Victoria Egurza
Dice que la escuela es el reino de los "extras", los docentes viven poniendo plata de su bolsillo o trabajando gratis para darles lo mejor a los chicos. (Foto: Victoria Egurza)

La relación con el Gobierno porteño

–¿Qué pensaste cuando la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, dijo que los chicos que habían dejado la escuela en pandemia estarían "perdidos en los pasillos de una villa"?

–La palabra “perdidos” es muy fuerte. Como Estado no perdemos a nadie, la idea es que todos estén acá.

–¿Esas cosas les llegan a los pibes?

–Sí, porque es un bombardeo permanente. La tele, el celular. Es como si yo me parara mañana frente a un aula y le dijera a un pibe “vos no podés”. Como padre, como maestro, como ministro…si la persona que es un referente te transmite un mensaje negativo… Todo deja marcas. Si yo le digo a un pibe todo el día “vos no podés”, lo más probable es que no pueda. Por eso nosotros trabajamos mucho la autoestima, para todo. Con séptimo grado les recalcamos, a ellos y a sus familias, la importancia de cursar la secundaria. Y nos ocupamos de que se inscriban.

De un lado del guardapolvo de Mauro est bordado su cargo y del otro dice Patria y escuela Foto Victoria Egurza
De un lado del guardapolvo de Mauro está bordado su cargo y del otro dice "Patria y escuela". (Foto: Victoria Egurza)

–Acuña no se caracteriza por apoyar la educación pública…
-Ésta es una estructura vertical y yo no le escapo a eso. Pero cuando dijo que éramos fracasados, pobres, etc; pienso que aún si fuera así, si ese diagnóstico fuera real, todos tenemos que hacer algo para cambiarlo. Si yo considerara que las siete maestras de grado y los profes curriculares fueran todos fracasados sin sueños, algo tendríamos que hacer porque hay pibes que necesitan profes que no sean fracasados, que no lo somos. Pero si así fuera, algo tienen que hacer sobre todo los que tienen gran capacidad de decisión, como las autoridades del ministerio.

Sin protocolo y sin barbijo

En su permanente vocación por diferenciarse de las recomendaciones a nivel nacional, como cuando obligó a la presencialidad forzada en un momento del 2021 en el que la pandemia todavía hacía estragos y se había resuelto la educación a distancia, Acuña y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta resolvieron que las clases empezaran una semana antes que el resto del país, además de eliminar las burbujas, los barbijos y en líneas generales, los protocolos para prevenir el coronavirus.

"Con respecto al barbijo, cada docente tiene la libertad en su aula de usarlo o no. Yo lo voy a tener puesto. Y a mi hijo lo mandaré con barbijo a su sala de 5"

Acuña llegó a definir como "rara" la palabra protocolo, a pesar de que para una escuela funcione abundan los protocolos para actuar frente a las circunstancias de todo tipo que se pueden presentar –y se presentan– con menores de edad que pasan ocho horas por día a cargo de una institución.
–La Ciudad habilitó el no uso de barbijo. ¿Cómo se va a manejar esta escuela?
–Por un lado la decisión es familiar, la escuela ya no puede imponerlo como el año pasado. Cada docente tiene la libertad en su aula de usarlo o no. Yo el barbijo lo tengo puesto. A mi hijo lo mando con barbijo a su sala de 5. El año pasado sufrimos la pérdida de muchos docentes que murieron por covid por estar en la presencialidad sin vacunas aún. Tuvimos un compañero fallecido en la escuela 6, profe de séptimo. Muchos docentes nos convocamos en la Plaza de Pompeya a aplaudirlo para que no quede como un número en la estadística. El año pasado hubo un momento en el que la escuela estuvo casi vacía. Por los aislamientos, por los casos positivos, por los contactos estrechos.Yo apuesto a lo mismo que hago con mi familia: vacunación, y yo el barbijo no me lo saco. Por lo menos por ahora.

"No se lo deseo a nadie"

En el año 2020, cuando la palabra vacuna era una quimera, su papá murió de covid. Cumplió sus 73 años internado y la última vez que lo vio fue en la guardia en la que él también se contagió.
–Vos viviste muy de cerca la pandemia y con pérdidas personales…
Él se enfermó de covid, yo me contagié por acompañarlo a la guardia y estuve, entre internación y aislamientos en un hotel y la casa de un hermano de la vida, 24 días afuera de mi casa. Ésa no la quiero pasar más. No pude festejar el cumpleaños de mi hijo. Y papá falleció una semana después de que yo volviera a mi casa; lo vi por última vez en la guardia. No llegó a saber que existía una vacuna. Lo que pasé no se lo deseo a nadie. Esto no terminó y no hay que bajar la guardia.

Carmelo Falduto el pap de Mauro con uno de sus alumnos del barrio Ricciardelli Foto lbum familiar Falduto
Carmelo Falduto, el papá de Mauro, con uno de sus alumnos del barrio Ricciardelli. (Foto: Álbum familiar Falduto)

–Me imagino lo duro que debe haber sido cuando Horacio Rodríguez Larreta decidió mantener la presencialidad en el distrito cuando todavía la letalidad del virus era alta…

–Sí, acá hicimos paro hasta que no pudimos más por los descuentos. La presencalidad forzada fue tremenda. Estaba tan cerca la vacuna…pienso en las familias que tienen un miembro fallecido porque lo obligaron a ir a trabajar y es muy duro. Y el 2020 fue muy duro también, cuando se intentó hacer volver a algunas burbujas. Uno a veces piensa que las cosas se podrían haber resuelto de otra manera, hubo mucho maltrato.

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Las satistacciones del oficio

Si a Falduto su profesión le parece la mejor del mundo es porque le da satisfacciones. No sólo por poder hacer que un pibe se vacune con todas las vacunas obligatorias, trabajar para que los de séptimo sigan estudiando o lograr matarles el hambre a los que peor la pasan. También es consciente de que su trabajo es imprimir en la memoria de los chicos momentos felices que vayan a recordar durante toda su vida.
–¿Cuál es el último recuerdo que temés de un momento en el que hayas sentido que tu trabajo vale la pena?
–El año pasado pudimos armar en diciembre un baile para los chicos de séptimo grado que venían de estar guardados en sexto grado por la pandemia. Darles ese recuerdo como escuela fue hermoso. La profe de Prácticas del Lenguaje trabajó "Romeo y Julieta" e hicimos un baile de máscaras. Y estar acá un sábado a la noche, que los pibes vengan vestidos de fiesta con sus máscaras que hicieron con el profe de plástica fue un momento especial. Los profesores trabajaron un sábado sin sueldo, para darles la mejor fiesta.

Familia docente

Se puede decir que en el caso de Falduto la vocación es un fenómeno casi epigenético. "Vengo de familia docente -cuenta-. Mi viejo fue director de una escuela durante muchos años, mi vieja fue docente y se jubiló como supervisora. Nunca me pregunté qué quería ser además de ser maestro".

"Mi madre y mi padre fueron docentes. Y Gisella, mi compañera, también lo es"

–¿Y qué tratás de imitar de cada uno?

–De mi vieja, Norma, gestionar con humanidad. Fue muchos años directora de una escuela. Siempre tuvo presente que frente a las reglamentaciones había que tener en cuenta lo humano. Y hacer, hacer, hacer. Mi vieja llevaba a los pibes de acá a la vuelta a Rosario en micro a ver el monumento a la Bandera, pibes de la ex 1-11-14. Era llegar a Rosario y llamar a una lancha de Prefectura para que conocieran el río.
Y en el caso de mi viejo, que tenía un fanatismo tremendo y era como su segunda casa, recuerdo dos cosas. Una: estaba todas las mañanas en la puerta de la escuela hasta que entrara el último pibe y a la salida en la puerta hasta que se fuera el último. Estuvo 15 años como director de la misma escuela. Cuando asumió, le cambió el nombre. Se llamaba "Uriburu" por el dictador que derrocó a Hipólito Yrigoyen y él logró que se llame "Luis Federico Leloir" por el premio Nobel. Ya jubilado, se voló el techo de la escuela que con mucho esfuerzo habían logrado construir para que cuando lloviera los pibes pudieran tener un patio; él sin ningún tipo de vínculo con la escuela lo sufrió como se hubiera volado el techo de casa.

Norma Cornale la mam que Mauro con un grupo de sus alumnos de la ex villa 11114 a los que llevaba de excursin a Rosario para que conocieran el monumento a la Bandera y el ro Paran Foto lbum familiar Falduto
Norma Cornale, la mamá que Mauro con un grupo de sus alumnos de la ex villa 1-11-14 a los que llevaba de excursión a Rosario para que conocieran el monumento a la Bandera y el río Paraná. (Foto: Álbum familiar Falduto)

"Es la bandera…"

No sólo el diablo está en los detalles. De los detalles también puede ocuparse la gente que pone amor en lo que hace, como la maestra que se ocupó el año pasado de la jura a la Bandera. Es cierto que para hacer de esa ceremonia una fiesta temática hubo una maestra que puso plata de su bolsillo y tiempo que nadie le iba a retribuir económicamente, pero no es menos cierto que esos alumnos no se van a olvidar de ese día.
-¿Cómo fue la jura de la bandera en pandemia?

-Podría haber sido un acto sencillo. Bueno, acá la maestra de cuarto grado, Flavia, hizo un barbijo con la bandera bordada, armó un marquito, como el de los casamientos, que se quedó cada chico y que dice “Yo prometí lealtad”, se decoró toda la escuela y como souvenir les hizo una bolsita con malvaviscos celestes y blancos. ¿Por qué? Porque la maestra no quería que fuera un trámite más. Todo eso fue un extra y puso todo de su bolsillo por amor. Somos un equipo, acá no hay individualidades. Como decía Oesterheld, el único héroe es el héroe colectivo. Somos un equipo de trabajo. Tengo la certeza de que funcionamos como una polis griega: los pibes, nosotros, las familias, el personal no docente que se mató para tener la escuela limpia. Eso eso lo que hace que las cosas funcionen porque muchas veces estamos en soledad.
-¿Te acordás de los docentes que te marcaron?
–Síiiiii…Me acuerdo desde Mabel, mi maestra de primer grado, porque fue la que me enseñó a leer y a escribir, que fue el mejor regalo que me pudo haber hecho. Era muy amorosa. Tengo una foto de Mabel en mi cumpleaños. Me acuerdo de Marta, de cuarto. Además de ser altísima te daba revistas científicas de la época, como Muy Interesante, para que te lleves a tu casa si te gustaba la ciencia.
También recuerdo a Isabel, mi maestra de sexto y séptimo. Hace poco la reencontré en el barrio, fue la que me incentivó el interés por las Ciencias Sociales. Además de maestro, soy profesor de Historia, recibido en el Joaquín V González. Ella sembró algo ahí. Me acuerdo de Alejandro, de matemática del secundario, que siempre me tuvo una paciencia increíble porque me costaba. Te explicaba las veces que fueran necesarias y lo tuve varios años. Lo sigo viendo porque es capacitador de docentes. Así, te podría seguir nombrando profes, pero te aburriría.

Mauro con Mabel la maestra de primer grado que fue a su cumpleaos y le ense a leer Foto lbum familiar Falduto
Mauro con Mabel, la maestra de primer grado que fue a su cumpleaños y le enseñó a leer. (Foto: Álbum familiar Falduto)

(Fueron esas marcas y las de sus padres docentes las que hicieron que Falduto abrazara con tanta pasión la tarea en escuelas públicas, a las que cree que si el Estado destinada todo el dinero disponible, otro gallo cantaría. Y el símbolo de la escuela pública es el guardapolvo.)
–Veo que en su guardapolvo dice de un lado “Maestro Secretario” y del otro “Patria y Escuela”. ¿Qué significa para vos?

–No es una prenda más.Cuando me pongo este guardapolvo asumo una causa, una historia de lucha. Me estoy poniendo el guardapolvo de los compañeros desaparecidos, el del neuquino Carlos Fuentealba. Me estoy poniendo el guardapolvo de Sandra y Rubén, los compañeros de Moreno que dieron la vida por ir a preparar un mate cocido caliente para los pibes. Me estoy poniendo el guardapolvo de los compañeros que fallecieron por ir a trabajar en pandemia. Podría ser un pedazo de poliéster blanco, pero no lo es. es todo eso. Ponerse el guardapolvo es ponerse una responsabilidad y hay que estar a la altura de todo eso. Uno se pone una historia encima. Y es decir: yo estoy acá para que estos pibes estén mejor porque son el futuro de este mundo que tiene que cambiar. Porque así, no va. Mi responsabilidad es que este mundo cambie y la esperanza son los pibes.

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