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Raza, racismo y afroargentinidad

Resulta fundamental rescatar la centralidad del concepto raza para abordar el entendimiento de la realidad nacional y latinoamericana. En palabras del intelectual Aníbal Quijano: "En América, la idea de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. La posterior constitución de Europa como nueva identidad después de América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo llevaron a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones coloniales de dominación entre europeos y no-europeos".
La raza se convirtió en el eje organizador de las sociedades coloniales, sustentado en la ideología de supremacía racial blanca/ inferioridad racial negra, haciendo lugar a la clasificación social de la población y la división racial del trabajo, lo cual redujo mayormente a los pueblos originarios a la servidumbre y a la población africana y afrodescendiente a la esclavitud, quedando inaugurado así, lo que algunos intelectuales llaman colonialidad del poder. El racismo continúa inserto en las estructuras del sistema-mundo, y es parte nodal de las relaciones sociales, culturales y políticas con las que se organizan nuestras sociedades capitalistas modernas. En su dimensión estructural, el racismo es el conjunto de procesos, prácticas y estructuras que producen y reproducen la inequidad racial.
Argentina no fue la excepción en este derrotero. El puerto de la Ciudad Buenos Aires, en algún momento capital del Virreinato del Río de la Plata, fue la puerta principal de acceso de los africanos y africanas traídos como mano de obra esclavizada durante el período de la trata transatlántica. Para 1810 diversos estudios consideraban que la población de negros y mulatos constituía más del 30% de la población total del Virreinato.
Cuando todavía la organización del Estado-Nación estaba por concretarse, calaron en las élites criollas, ideas vinculadas al darwinismo social y al racismo científico de la época; así se difundió rápidamente la idea de que la civilización y la modernidad serían posibles sólo a través del blanqueamiento de nuestra población; había que deshacerse de las llamadas "razas inferiores" (los indios, los negros y los gauchos) importando masivamente cuerpos blancos europeos, los cuales mejorarían la raza argentina purificando nuestra sangre. Así lo expresa el artículo 25 de nuestra Constitución Nacional: "El Gobierno federal fomentará la inmigración europea (…)"
Hacia mediados del siglo XIX se comienza a instalar de la mano de intelectuales y políticos destacados de la época, que la población afrodescendiente o de origen africano ha mermado al punto de su casi extinción. Además de la invisibilización simbólica, se procedió a la promoción sistemática de inmigración europea, el negacionismo historiográfico y de la eliminación de la variable racial en los datos estadísticos. Lamentablemente, este proyecto tuvo consecuencias devastadoras para la comunidad afroargentina; se logró normalizar, hacer parte del sentido común, la idea de que en nuestro país no hay población afroargentina. Dada la reciente inmigración de población africana y afrodescendiente de otros países latinoamericanos, hoy en día son pocos quienes sostienen que "no hay negros en Argentina". Lo que se niega es que esos negros sean argentinos. Como consecuencia, las personas afroargentinas son tratadas como extranjeras en su propio país. La realidad es que más de 2 millones de argentinos y argentinas son afrodescendientes.
En conclusión, entendiendo que el racismo institucional en Argentina, el racismo criollo, es el conjunto de políticas públicas que por acción u omisión invisibilizan, niegan y/o extranjerizan a la Comunidad Afroargentina, se hace urgente encarar un proceso de justicia reparativa con políticas públicas que contemplen a la afroargentinidad en su especificidad y comprendan la relación inmediata entre la deuda histórica con la población afroargentina y la calidad de nuestra joven democracia. Pues un proyecto popular, democrático y de mayorías es con nosotros y nosotras. La afroargentinidad se inscribe en un proyecto de mayorías, no existe la Argentina sin la Comunidad Afroargentina.

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