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No hay agregación de valor en serio sin inversiones en el proceso productivo

No hay agregación de valor en serio sin inversión reproductiva, en máquinas y equipos. Lo demás viene por añadidura (Reuters)
No hay agregación de valor en serio sin inversión reproductiva, en máquinas y equipos. Lo demás viene por añadidura (Reuters) (MARCOS BRINDICCI/)

Martín Guzmán fue a Estados Unidos para cumplir “una agenda de diálogo con inversores, antes de las reuniones previstas con el FMI y el Banco Mundial”. Ese día el Presidente afirmó que su “mayor urgencia son los que no tienen casa, no renegociar con el Fondo”. En criollo le bajó de un hondazo la sonrisa con la que habitualmente uno encara un viaje esperanzado.

¿En qué “urgencia constructiva” se detuvo Alberto Fernández para bajarle de esa manera tan brutal el precio al viaje del ministro? ¿Ambas cuestiones están vinculadas? Por ejemplo, lo que avisó el Presidente es que no piensa que las negociaciones con el FMI impliquen limitación alguna al gasto público y que está dispuesto a cortar cintas de nuevos barrios, mal que le pese al ministro de la escasez.

La urgencia constructiva tampoco parece tan enorme. Dijo Alberto Fernández que en tres años construirá 260 mil viviendas por USD 10.000 millones. En realidad, es sólo un aporte -pequeño- a la solución del drama habitacional. Los “sin techo” digno en la Argentina son muchos más que 260 mil familias.

Pero lo que no puede ignorar el Presidente es que antes del drama habitacional, que no es nuevo, hay previamente un “drama ocupacional” que tampoco lo es. Dicho de otra manera, en una sociedad de pleno empleo productivo, a lo largo de décadas, difícilmente se viva en un “drama habitacional”; y viceversa, cada vez que una sociedad viva un drama ocupacional – que se prolonga en el tiempo – inevitablemente habrá un drama habitacional. No hace falta demasiado perspicacia para saber que el caballo arrastra el carro y no viceversa.

Antes del drama habitacional, que no es nuevo, hay previamente un “drama ocupacional” que tampoco lo es

Pero por lo menos desde 1983 cada gobierno que llega y tiene en frente al agobio de la recesión, que supone capacidades ociosas y desempleo, la primera propuesta que realiza es la “construcción de viviendas”. Muchas veces un clásico el “blanqueo” ad hoc. Hoy será un escándalo que se habría generado al mismo tiempo que se trata de aumentar la tasa del Impuesto a las Ganancias sin ajuste por inflación.

El Presidente encabezó la entrega de viviendas Procrear en cinco provincias
El presidente Alberto Fernández dijo que en tres años construirá 260 mil viviendas por USD 10.000 millones. En realidad, es sólo un aporte -pequeño- a la solución del drama habitacional. Los “sin techo” digno en la Argentina son muchos más que 260 mil familias

Puestas las cosas en perspectiva ¿qué piensan, los que diseñan estas normas, de qué se trata la política? ¿Tienen ideas claras? No parece. No miden las consecuencias. ¿Cuántos años sin blanqueos, sin moratorias, sin perdones fiscales, son necesarios para que las normas fiscales sean normas y no anormalidades? ¿No sería más correcto “desgravar” las inversiones de los que son cumplidores fiscales? Vivimos en la ventajita de lo inmediato.

La vivienda moviliza empleo, recorre muchísimas celdas de la Matriz de Insumo Producto, no demanda grandes importaciones y absorbe un enorme volumen de recursos de “inversión”. Y claramente responde a una necesidad social. Es decir “suma”.

Pero sólo por casualidad ese mecanismo per se (la construcción habitacional) puede disparar un proceso transformador de la economía que aumente el nivel del producto potencial, la productividad y el fundamento de un mayor bienestar generalizado. Una casualidad más que remota. Es más, la gran estrategia de la política económica es asignar de manera directa los recursos de inversión a aumentar el producto potencial, la productividad y crear las bases del bienestar generalizado. ¿Hace cuántos años que no lo hacemos?

La gran estrategia de la política económica es asignar de manera directa los recursos de inversión a aumentar el producto potencial, la productividad y crear las bases del bienestar generalizado

Pequeña ayuda memoria

El promedio del porcentaje de la inversión con relación al PBI en los últimos 15 años es 19% y el que corresponde a maquinaria y equipo (sin construcción ni equipo de transporte) es sólo el 8% del PBI. Pero el promedio mundial de inversión sobre PBI es 24% y para los países de ingreso medio (en 2019) arriba del 30%, según el Banco Mundial. ¿Cuál es, entonces, el problema económico nacional? ¿La política -toda – podrá escuchar a la realidad? Si no llevamos a cabo una revolución inversora reproductiva el proceso decadente se tornará imparable.

Entonces, nos preguntamos ¿Cuál es la prioridad? ¿Alguien puede tener dudas de que la urgencia social y la prioridad política de nuestra argentina es la generación de empleo que agregue valor? ¿Alguien duda que eso pasa por la inversión reproductiva, maquinaria y equipo? No hay agregación de valor en serio sin inversión reproductiva. Lo demás viene por añadidura.

Hay que recordar que el trabajo es tal si agrega valor y a la vez genera la materialidad del sustento. Es la realización de la persona y dice San Pablo: “El que no trabaja que no coma”.

El trabajo es tal si agrega valor y a la vez genera la materialidad del sustento. Es la realización de la persona

Todos tenemos el derecho de trabajar. Una sociedad que nos niega ese derecho, por la razón que sea, nos niega la dignidad humana y nos impide generar el valor de nuestro sustento. La consecuencia de esa negación es la dependencia de las personas, la ausencia de la libertad y por lo tanto la debilidad de la democracia. Es claro ¿qué hace este Gobierno, que hicieron los que lo precedieron, para crear trabajo productivo?

El Estado de Bienestar, abandonado con fecha fija en 1975, tenía como meta, y condición necesaria para el equilibrio sistémico, al “pleno empleo”. Sin pleno empleo ningún otro equilibrio es sostenible. ¿Qué lógica tendrían -si fueran posibles- los equilibrios gemelos si el mercado de trabajo fuera una barrera capaz de dejar al 40% de la población en la pobreza?

Todos tenemos el derecho de trabajar. Una sociedad que nos niega ese derecho, por la razón que sea, nos niega la dignidad humana y nos impide generar el valor de nuestro sustento
Todos tenemos el derecho de trabajar. Una sociedad que nos niega ese derecho, por la razón que sea, nos niega la dignidad humana y nos impide generar el valor de nuestro sustento

Los desequilibrios magnos que hace cuatro décadas nos persiguen, se derivaron del rechazo del “pleno empleo” como meta de la política económica y su sustitución por una “tasa de desempleo necesaria” para mantener “otro equilibrio”. Así abandonamos todas las políticas que contribuyen a la inversión reproductiva y consecuentemente abandonamos la explicitación de estrategias de desarrollo nacional.

El Estado dejó de preocuparse por proveer el principal “bien público” que es el proyecto de Nación. El proyecto que sí tuvo la dirigencia argentina cuando la sociedad en su conjunto progreso. La que evocan, desde distintas trincheras enfrentadas, era fruto de un “programa” “plan” proyecto propio de Nación.

Los desequilibrios magnos que hace cuatro décadas nos persiguen, se derivaron del rechazo del “pleno empleo” como meta de la política económica y su sustitución por una “tasa de desempleo necesaria” para mantener “otro equilibrio”

La falta de trabajo

Es cierto, la gran paradoja de nuestros días es que las sociedades más ricas del planeta han multiplicado la desigualdad y han generado fortunas de tamaños y a velocidades extravagantes y al mismo tiempo han generado una clase a la que Zygmun Bauman y Francisco, al unísono, han llamado de “descarte”. Una clase privada del derecho del trabajo y por lo tanto carente de valor.

La pandemia puso de relieve todo lo que no estaba hecho donde quiera que mire. Estaba y está todo por hacer y la fuerza de trabajo paralizada y produciendo hambre (EFE)
La pandemia puso de relieve todo lo que no estaba hecho donde quiera que mire. Estaba y está todo por hacer y la fuerza de trabajo paralizada y produciendo hambre (EFE) (Demian Alday Estévez/)

¿La riqueza acumulada no ha servido para generar trabajo? Pero ¿acaso está todo hecho? La pandemia puso de relieve todo lo que no estaba hecho donde quiera que mire. Estaba y está todo por hacer y la fuerza de trabajo paralizada y produciendo hambre.

De esa ausencia de trabajo, de no realización de valor, nació la aporofobia, el rechazo al pobre, que ha merecido la obra de Adela Cortina. Los producimos y los rechazamos. El rechazo, la reacción frente a la legión de personas marginalizadas, excluidas, descartadas, se traduce en la indignación generalizada por la masa de subsidios que el Estado debe afrontar para mantener un desorden moral sin conflicto sociales de violencia. Pasa y con creciente violencia en nuestro país. Hay un discurso perverso que ataca las consecuencias y se lava las manos de las causas.

El desempleo empezó con la destrucción del aparato productivo de la Dictadura Genocida, pero el peronismo de Carlos Menem y de los dirigentes que lo acompañaron, fue el que desparramó desempleo y pobreza que nunca dejaron de crecer desde entonces. A no olvidarlo.

Es obvio que sin trabajo no se agrega valor y por lo tanto no se genera el fundamento material del sustento y en consecuencia los desequilibrios fiscales y monetarios se tornan inevitables. La única respuesta para recuperar esos equilibrios fiscales y monetarios es la generación de trabajo que produce valor. Si produce valor no requiere subsidios y genera recursos.

La única respuesta para recuperar los equilibrios fiscales y monetarios es la generación de trabajo que produce valor

Lo que no es obvio es cómo se hace para crear trabajo y atraer inversiones. Gobernar es crear trabajo; y hoy es capturar inversiones. No se puede crear trabajo sin gobernar. “La” prioridad, en el orden lógico, histórico y político, es el trabajo. De ese derecho satisfecho se derivan los demás.

En política declarar urgencia es asignar prioridad. Si no es una prioridad la cuestión de la deuda y la de resolver el problema con el FMI, entonces, es inevitable pensar que tampoco lo son los pasos necesarios para darle solvencia de cumplimiento a los compromisos firmados por el Presidente y que -por lo tanto- tampoco es prioridad definir y comprometer ideas acerca del desarrollo de las fuerzas productivas de la Argentina.

Es dramático para el país, porque el drama ocupacional, de baja de productividad y drama habitacional que lo preocupan, si no gira y cambia el argumento, serán como una serie de televisión: la promesa es que continuará.

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