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Alberto Fernández se aisló para nombrar al ministro de Justicia y causa incertidumbre en el Gabinete Nacional

Alberto Fernández cavila en soledad el nombre del futuro ministro de Justicia
Alberto Fernández cavila en soledad el nombre del futuro ministro de Justicia (LUIS CORTES/)

Todos los ministros y secretarios del Gobierno cumplen su agenda cotidiana como si nada atípico estuviera sucediendo en la cima del poder institucional. Pero cuando la ficción cierra su ciclo y hay un tiempo muerto, todos los ministros y secretarios usan su WhatsApp o su celular para hacer desde hace tres días la misma pregunta: “¿Alberto (Fernández) ya decidió quien reemplaza a Marcela (Losardo) en Justicia?”.

-No. Contestan el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, la ministra de Justicia que ya presentó su renuncia, Marcela Losardo, la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, y el secretario de Medios de Comunicación, Juan Pablo Biondi.

Ese monosílabo, un clásico en la Casa Rosada durante las últimas 80 horas, causa incertidumbre y tensión en el Gabinete Nacional. Nunca sucedió en 37 años de democracia que un jefe de Estado anuncie que un ministro renuncia por agobio, y cuatro días después aún no tenga a su sucesor ya jurado y en funciones políticas e institucionales.

La dilación de Alberto Fernández, su inesperada demora en revelar el nombre del futuro ministro de Justicia, es analizado de diversas maneras en Balcarce 50. Pero todas las opiniones coinciden en una presunta certeza: el tiempo juega en contra del Presidente y afecta su imagen de poder.

Alberto Fernández con el Consejo Consultivo
Alberto Fernández y Marcela Losardo, ex ministra de Justicia

Desde la perspectiva de los ministros y secretarios más cercanos al jefe de Estado, el futuro ministro debe mantener el equilibrio interno del Gabinete y contar con prestigio académico y respeto institucional en Comodoro Py y la Corte Suprema. Si eso no sucediera, la conclusión política es fácil de escribir: CFK colonizó otro puesto del Gobierno.

En cambio, los alfiles de la Vicepresidente -hiperactivos en el Senado, el Gabinete y el Instituto Patria- sostienen que la designación de un ministro propio en reemplazo de Losardo sólo confirmaría que se ejecutará otra estrategia para cerrar las causas corrupción, reformar la justicia y terminar con la supuesta aplicación del lawfare en los tribunales federales.

La lectura política de la mayoría de los ministros respecto a la dilación presidencial asegura que es consecuencia de un tironeo constante con Cristina Fernández de Kirchner. Ella estaría vetando a los candidatos, y él proponiendo otros nuevos para cerrar otro acuerdo político interno.

En las cercanías de Alberto Fernández, aunque reconocen que la “información está encapsulada”, explican que la demora apunta a buscar un ministro respetado en la política y con llegada sin obstáculos a los principales despachos de Comodoro Py y la Corte Suprema.

“Y tiene que ser abogado”, agregó un miembro del Gabinete desde su WhatsApp personal.

Losardo ayer firmó su último decreto que extendió la “Emergencia Sanitaria”, y comentó en el primer piso de la Casa Rosada que ya había vaciado los cajones de su despacho ministerial. Es decir: Juan Martín Mena, viceministro de Justicia, sagaz alfil de CFK, está a cargo del despacho que ya abandonó la amiga entrañable del Presidente.

Hasta anoche, “la tapada” Marisa Herrera -cercana a la Vicepresidente- estaba primera en la lista de candidatos de Alberto Fernández. Como también estuvo Martín Soria y en menor medida Ramiro Gutiérrez. Los ministros más cercanos del jefe de Estado juran que hoy será el anuncio formal. Lo mismo habían jurado el martes, miércoles y jueves.

Y el Presidente faltó a la cita.

Con todo, ya no se trataría unicamente de saber el reemplazante de Losardo. En Gobierno aguardan el nombre del candidato para saber si CFK continúa su avance o si Alberto Fernández -pese a la demora- logró mantener el equilibrio interno de la coalición oficialista.

Un dato clave para los ministros y secretarios de Estado que Cristina caracterizó como “funcionarios que no funcionan”.