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Mercedes D’Alessandro, la funcionaria que destacó la revista Time: “La pandemia demostró que la economía de género es necesaria”

Entrevista de Mariano Boettner a Mercedes D´Alessandro
Mercedes D'Alessandro asumió hace poco menos de un año al frente de la Dirección de Igualdad y Género del Ministerio de Economía (Gustavo Gavotti/)

Hace poco menos de seis años, al calor del surgimiento del movimiento Ni una menos, la economista Mercedes D’Alessandro fundaba el espacio Economía Feminista como un espacio para difundir problemáticas de desigualdad de género, un tema que ocupaba un lugar marginal en la disciplina económica así como también en la opinión pública y en la elaboración de políticas públicas. El trabajo en esa ONG derivó en un libro con el mismo nombre y la misma impronta.

Y con el cambio de gobierno, a D’Alessandro le llegó la hora de saltar a la función pública para dirigir la oficina de Igualdad y Género que creó el ministro de Economía Martín Guzmán. A un año de inaugurada esa dirección, la revista estadounidense Time la reconoció como una de las 100 personas más influyentes del mundo.

En una entrevista con Infobae, la economista explicó cuál es la función que tiene la perspectiva de género para el diseño del Presupuesto 2021, consideró que la pandemia impactó especialmente a las mujeres y anticipa cuál va a ser la agenda que tendrá este año el Gobierno para reducir esa brecha de desigualdad. Además, contó cómo fue el proceso de creación de su área, algunas semanas antes de que asumiera Martín Guzmán al frente del Palacio de Hacienda.

“Martín vivía en Estados Unidos, igual que yo. Era noviembre y me acuerdo que teníamos que encontrarnos para hablar cosas en vivo, que no se podían hablar por teléfono. Yo estaba en África con OxFam -una organización de ONGs- por un foro de desigualdad, él también estaba de viaje. Encontramos dos días para juntarnos, nos vimos en la Universidad de Columbia y me dijo: ‘Mechi, esto no se lo podés decir a nadie, pero yo voy a ser el ministro de Economía de Argentina. Quiero que vengas a trabajar conmigo’”, recuerda. D’Alessandro llegó a Buenos Aires la primera semana de enero de 2020 con dos valijas. Su casa con sus pertenencias quedó en Nueva York y nunca más pudo volver por la pandemia.

La Dirección de Igualdad y Género fue presentada en público el 9 de marzo, mientras los funcionarios del ministerio miraban de reojo las pantallas de Bloomberg que marcaban la caída de los mercados mundiales más grave desde la crisis financiera de 2008 y solo diez días antes del comienzo de la cuarentena estricta en la Argentina. En ese escenario es que la nueva oficina, inédita hasta ese entonces en la organización del Estado, comenzó a trabajar.

Entrevista de Mariano Boettner a Mercedes D´Alessandro
"Hay veces que acá adentro no se ven tanto algunos procesos que son importantes al interior del Estado, que pasan desapercibidos. Que eso se refleje y que se pueda ver desde afuera hace que se vea más acá también. Es una buena oportunidad para poner en valor el trabajo que se viene haciendo" (Gustavo Gavotti/)

– ¿Qué representa personalmente y para la Dirección de Igualdad y Género un reconocimiento como el de la revista Time?

– La lista de las 100 personas más influyentes yo la había leído años anteriores. En 2019 estuvo Alexandria Ocasio-Cortez que es una referencia muy importante para mí de la política internacional, tiene una agenda con la que me siento representada. Hay artistas, hay influencers de los medios y de las nuevas tecnologías, intelectuales, líderes y liderasas políticas. Te permite descubrir cosas que pasan en otros países que uno a veces en la rutina y en su frasco no las ve. Estar y formar parte de eso y que lo hayan hecho por la labor de la Dirección de Género, que es nuevísima, es lo más enriquecedor. Si bien hablan de mi trayectoria en la economía feminista, destacan mucho el trabajo de la Dirección, eso es fundamental, porque crear la dirección en el Ministerio de Economía es algo que desafía muchas lógicas, fue un esfuerzo muy grande. El Ministerio es una institución grande, antigua, que además representa una mirada y una forma de pensar la economía. Guzmán trabajó bastante antes de darle su visión, moldear las estructuras, e introducir la perspectiva de género era un desafío porque había que cambiar la estructura, “los ravioles” como se les dice, y ganarse ese espacio, y nos costó bastante. Hay veces que acá adentro no se ven tanto algunos procesos que son importantes al interior del Estado, que pasan desapercibidos. Que eso se refleje y que se pueda ver desde afuera hace que se vea más acá también. Es una buena oportunidad para poner en valor el trabajo que se viene haciendo.

– ¿Qué balance hace del primer año de trabajo en la Dirección de Igualdad y Género?

– Fue un año en que logramos los objetivos que nos habíamos propuesto y los superamos. Además, se demostró la necesidad de un espacio de este tipo. Nosotras ya veníamos diciendo que las mujeres sufren de manera asimétrica el impacto de las crisis. La pandemia eso lo puso muy en evidencia. El estar acá sirvió para poner eso sobre la mesa de discusiones. Al principio teníamos dos objetivos bastante modestos. Primero organizar los indicadores de género económicos para que sirvan a la hora de tomar decisiones. Abrir esa información ya es un trabajo, no siempre aparece esa apertura. Y segundo saber explicar qué es lo que pasa y qué es lo que está bien o mal. Esa lectura es necesaria a la hora de tomar definiciones.

Hay veces que acá no se ven tanto algunos procesos que son importantes al interior del Estado, que pasan desapercibidos. Que eso se refleje y que se pueda ver desde afuera hace que se vea más acá también

– ¿Por ejemplo?

– Cuando se trabajó en el diseño del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) planteamos que la principal ocupación de la mujer en Argentina es ser empleada doméstica. Es el trabajo más precario y peor pago que tiene la economía. Hay un pequeño porcentaje de las mujeres que están formalizadas y que igual iban a perder su trabajo por la pandemia. Sabiendo eso, se permitió que esa sea una excepción a la hora de establecer los alcances del IFE. Eso lo pudimos hacer porque estábamos acá y teníamos la manera de demostrar que eso era un problema. Eso mostró también que era importante tener un espacio que produzca información que sirva para la toma de decisiones de política económica. Ahora estamos trabajando en una estrategia de inclusión financiera y cómo hacer para tener un sistema impositivo con perspectiva de género, que sea un poco más equitativo.

– Para este año se aprobó el primer Presupuesto con perspectiva de género. ¿Qué función tiene esa mirada a la hora de hacer política económica?

– El Presupuesto es una herramienta potente y de transformación social, porque es la herramienta con la que se construye la política económica a lo largo del país. Lo hicimos con mucho trabajo, hablando con todos los ministerios, con diputadas, senadoras, con concejalas. La perspectiva de género te permite ‘mapear’ los esfuerzos que realiza el Estado para cerrar la brecha, te permite medir ese esfuerzo. Nos da las herramientas para ver si eso sucede o no. Permite ver en qué áreas estamos trabajando bien y en dónde hay que concentrar esfuerzos. El Presupuesto 2021 tiene cinco objetivos. Uno de ellos es la inclusión social con perspectiva de género, es la primera vez en la historia que un proyecto de gastos y recursos lo dice y que además dice cómo lo va a hacer y cuánta plata va a invertir. Eso es muy revolucionario. La pandemia, de alguna manera, no puso en pausa esta agenda, sino que se activó mucho. Algunos piensan que es una agenda superficial. Un lujo que te das cuando te sobra el tiempo o cumpliste determinados objetivos, pero en realidad demostró que era una herramienta útil para pensar los problemas. Creo que igual falta muchísimo, aunque están sentadas algunas bases para trabajar de una manera distinta.

Entrevista de Mariano Boettner a Mercedes D´Alessandro
Un muñeco del demócrata Bernie Sanders, una imagen de Eva Perón y un pañuelo de la campaña del aborto legal, en el escritorio de Mercedes D'Alessandro (Gustavo Gavotti/)

– ¿Por qué la pandemia tuvo un impacto especialmente relevante entre las mujeres?

– Porque las mujeres están en condiciones más precarias de empleo en general. En esta pandemia los más impactados fueron las mujeres y las personas jóvenes, que son los que tienen mayor nivel de precarización laboral. Para los empleados formales hubo regulaciones para suspender despidos o la doble indemnización que permitieron que los trabajos formales se sostuvieran, o el programa ATP para pagar salarios. Ahora, ante el empleado informal, el Estado no tiene tantas herramientas para sostener un puesto que depende de la actividad diaria y cotidiana de una persona.

Además, gran parte de los empleos que son muy feminizados se vieron muy afectados. Por el cierre de escuelas y de espacios de cuidados, por ejemplo, los chicos se quedaron en la casa. Para una familia que tiene 2 o 3 hijos en un hogar implicó una sobrecarga de tareas domésticas que también recae asimétricamente sobre las mujeres, que les dedican tres veces más tiempo que los varones. Mantener el trabajo y además cuidar fue algo que las llevó a bajar su productividad en el trabajo o que renuncien. Hay estudios que muestran que incluso muchas mujeres de cargos jerárquicos se retiraron del mercado laboral. Una mujer que esta sola a cargo de un hogar con hijos difícilmente pueda salir a buscar trabajo si no tiene un cuidador.

Después hay sectores que tuvieron que trabajar sin descanso por la pandemia y que están muy femenizados. En el sistema de salud 8 de cada 10 personas son mujeres, o 7 de cada 10 en el sistema educativo. ¿Quiénes preparan las comidas en comedores populares? Mujeres. Hubo 11 millones de personas alcanzadas por la asistencia alimentaria. Eso es comida preparada y distribuida por mujeres. Todo eso que forma parte de lo que nosotros llamamos la economía de los cuidados, suele pasar desapercibido de la economía mainstream. Cuando dicen “se frenó la economía mundial” piensan en la industria, la construcción o la energía. No piensan en esto que es el sostén para que el resto funcione.

La pandemia implicó una sobrecarga de tareas domésticas que también recae asimétricamente sobre las mujeres, que les dedican tres veces más tiempo que los varones

– Las medidas que tuvo que tomar el Gobierno en medio de la emergencia, ¿tuvieron algún tipo de perspectiva de género?

– Tuvieron cierta perspectiva. Participamos, llevamos información, incidimos mucho en lo que pudimos. Pero fueron medidas de emergencia en un contexto inédito para nuestro país y para el mundo. En general hubo que actuar con muchísima velocidad. En un momento en que lo único que sabíamos de la pandemia era el “futuro” por lo que pasaba en Italia, España, China o Estados Unidos, no sabíamos con qué contábamos. El IFE llegó a casi 9 millones de personas de las cuales la mitad no tenían una cuenta bancaria o no sabían si tenían una cuenta bancaria, porque después supimos que más de la mitad sí tenía. Se hizo lo que se pudo, se trabajó con muchas iniciativas. Estuvimos a disposición y trabajamos mucho con el equipo del Ministerio de Economía para ver en qué se podía avanzar. La pandemia no terminó en ninguna parte del mundo, pero hacia adelante aprendimos bastantes cosas y nosotras, que tenemos un año en la Dirección, empezamos a ver cómo trabajar para incidir y hacer notar estas pequeñas diferencias, que en la practica se convierten en cuestiones bastante relevantes.

– Por la pandemia la participación de las mujeres en el mercado laboral retrocedió a niveles que no tenía hace décadas, ¿Cómo se puede recuperar ese terreno perdido?

– En el primer trimestre de 2020 el promedio de participación económica era 5 mujeres de cada 10. En el segundo, con la cuarentena más cerrada, hubo una caída de 5 a 4 mujeres trabajando, un nivel que no teníamos desde 1986. Fue un retroceso gigantesco. Lo que pasó en el tercer trimestre fue que se recuperó algo, pero todavía estamos en niveles de 2002, eso también es grave. Hay algo que vale la pena prestarle atención. El 60% de los trabajadores y trabajadoras de la Argentina tiene en su hogar un niño o adolescente menor a 18 años. Y el 25% tiene niños menores de 6. En esos hogares, con niños menores de 6. Que papá o mamá pueda ir a trabajar 8 horas diarias o hacer la logística de la escuela una semana sí y una no, o si tenés dos hijos que les tocaron en burbujas diferentes y uno va a la mañana y otro a la tarde, muestra que el tema de los cuidados va a seguir perjudicando a las mujeres. Si una familia elige perder un ingreso van a perder el más bajo, no el más alto, es lógica pura, no es machismo. Las mujeres solas a cargo de un hogar no pueden compartir con nadie esto. Ahí hay un problema que interpretamos muy grave, no solo de Argentina sino en todo el mundo. Hay una recarga muy grande y que muchas mujeres se están bancando estoicamente a costa de su tiempo, sus capacidades productivas y su salud mental.

Entrevista de Mariano Boettner a Mercedes D´Alessandro
Mercedes D'Alessandro fundó en 2015 la ONG Economía Feminista y publicó un libro del mismo nombre en 2016 (Gustavo Gavotti/)

– La Dirección de Igualdad y Género calculó que las tareas domésticas no remuneradas tienen una contribución “invisible” al PBI de casi 16 puntos. ¿Qué puede hacer el Estado para que ese aporte sea real?

– Hay cosas que puede hacer el Estado, otras las familias y otras el sector privado. Por ejemplo, las licencias por paternidad o maternidad. Los padres tienen dos días y las mujeres tres meses, que está por debajo de lo que sugiere la Organización Mundial de la Salud. Se necesitarán más guarderías o espacios de cuidado. Una mayor provisión es fundamental, se está avanzando en infraestructura de cuidado. Los Ministerios de Obras Públicas y Desarrollo Social van a crear 300 centros de desarrollo infantil. Las personas de grandes y medianos ingresos, ¿cómo lo resuelven? Contratan a alguien, generalmente mal pago. Pero trabajamos para mejorar la infraestructura de los cuidados incluso de comedores comunitarios que hoy son lugares en que circula mucha gente desde acceso a la luz, gas, agua potable hasta conectividad. Y también se puede hacer algo desde las familias: empezar a entender que estas tareas llevan tiempo y que tienen un impacto para quien las lleva adelante. No es necesario una ley o regulación, pero sí desnaturalizar los roles de género, que dejemos de pensar que cambiar pañales, limpiar, lavar los platos, barrer, poner y sacar la mesa o la basura, no solo para las mujeres.

Hay una recarga de tareas muy grande y que muchas mujeres se están bancando estoicamente a costa de su tiempo, sus capacidades productivas y su salud mental

– Según un informe de la Dirección, un efecto “no esperado” del IFE fue que alcanzó a amas de casa, una forma de reconocer esas tareas domésticas no remuneradas. ¿Están pensando en extender alguna asistencia salarial de ese tipo?

– Hay que pensar fuera de la caja. Hay mucha resistencia a las transferencias, en que el Estado le dé plata a una persona, se ha convertido casi en una mala palabra. Hay momentos en los cuales lo tenés que hacer, como fue el IFE. No quedaba otra. Es una carta que tiene que estar en el mazo, pero no se está planteando esa salida. Se trata de apuntalar al empleo, la generación de puestos de trabajo y la revalorización de este tipo de trabajos. Y en el caso particular hay muchos espacios de cuidado que se montan sobre este “amor” que ponen las mujeres. Hay muchas que revuelven ollas y brindan estos servicios que lo hacen por amor entre comillas y queremos que sea reconocido como trabajo. En Desarrollo Social está el plan Potenciar Trabajo y una de las líneas es el de cuidadoras comunitarias. Son las mujeres que sostienen comedores y que van por las casas, por ejemplo, a ver que la abuelita de la casilla del fondo tenga acceso a medicamentos. Hay una batería de cosas hoy orientadas al empleo y la producción. Además, tenemos también restricciones serias para ejecutar. No somos Estados Unidos que imprime y hace lo que quiere. Pero siempre hay un plan B y se contemplan medidas que son de emergencia y que fortalezcan a sectores que queden más vulnerables.

– Según datos oficiales casi el 90% de las mujeres en edad de jubilarse no llega a tener los aportes y va a necesitar una moratoria. ¿Hay alguna perspectiva de que en el futuro eso pueda mejorar?

– Hoy estamos frente a una caída de la participación de las mujeres en el mercado laboral, más precarización, por lo que ese número solo va a empeorar. El dato dice que el 11% de las mujeres en edad de jubilarse reúne más de 20 años de aportes, pero ni siquiera sabemos si llega a los 30. Hoy eso está empeorando porque cayó la tasa de participación, aumentó la precarización y el desempleo de las mujeres. Estamos lejos de resolver eso. La moratoria previsional ha funcionado como una jubilación de la ama de casa, se le decía. Pero también fue para muchas mujeres con trabajos precarios. Ese problema se está agigantando. En los varones también, el número que reúne los aportes no es mucho más alto. Ahí nos debemos una discusión, aunque no sé si es el momento porque estamos en el marco de una emergencia, para resolver el sistema previsional porque no está funcionando.

Fotos: Gustavo Gavotti

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