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Nelson Castro: “Alberto Fernández tiene un problema psicológico de dependencia de Cristina Kirchner que es pavoroso”

Nelson Castro en su casa de Villa Urquiza (Infobae)

Vamos al encuentro de Nelson Castro a Villa Urquiza, una zona hermosa de la ciudad de Buenos Aires, pero que se conocía antiguamente como “la Siberia”, por ser barrio-barrio. A las diez en punto de la mañana nos espera en su casa, donde vive hace sesenta años. Sus padres -quienes murieron hace dos años- vivían a metros de allí. Siempre estuvo cerca de ellos y les agradeció la confianza que le tuvieron.

Nacido en una familia de clase media y con un problema de salud grave al nacer, por el cual tuvo que afrontar siete operaciones, Nelson Castro celebra todos los días tener salud y trabajo.

Nos recibió en el comedor de su hogar, y sobre la mesa encontramos un montón de cuadros y diplomas, que originariamente estaban en la casa de sus padres y que aun esperan ser acomodados. Un piano y una foto suya con el papa Francisco llaman la atención. Distendido y con un aspecto más jovial de lo que se ve en televisión, el periodista analizó su presente, la situación del país, de los medios y el reto personal de ser comunicador en medio de la pandemia.

—¿En qué momento de su vida se encuentra?

—Me encuentro en un momento de enorme felicidad para mí. Afortunadamente, y gracias a Dios, con salud. Enfrentando un año tan intenso, tan difícil para el mundo, tan complejo, ante este shock que representó la pandemia con todos sus desafíos. Pero en lo personal estoy muy bien, agradeciendo la salud, sintiéndome con una energía enorme, y trabajando, que es una verdadera bendición.

—Como periodista, y en su rol de médico, cuando se enteró de la existencia del COVID-19, ¿qué fue lo primero que pensó?

—Lo tomé con alerta. El primer contacto real que tuve con el virus fue cuando fuimos este año a Auschwitz y vimos en el avión una enorme cantidad de gente asiática viajando con barbijos. Tuve la idea, por curiosidad, de charlar con algunos de ellos que hablaban inglés y nos contaron de los miedos que tenían. Eso fue el primer dato. Fue a fines de enero, ahí tuvimos esa percepción muy clara de lo que pasaba. Y me acuerdo que en el viaje, desde Cracovia a Frankfurt, algunas personas habían empezado a toser en el avión y alguno de los que estaban con barbijo se alarmó y llamó a las azafatas para ver si podía cambiarlos de asiento. Así que te cuento ese episodio porque marcó para mí una presencia muy real de algo que para nosotros hasta ese momento era solo un relato.

—¿Cómo manejó la noticia del COVID- 19 el Ministerio de Salud?

—La demoró. Se demoró, porque efectivamente el discurso del Gobierno y las actitudes del Gobierno mostraban que acá el COVID no interesaba. ¿Vos te acordás de que el ministro de Salud había dicho “me preocupa, efectivamente hay un motivo de preocupación, pero acá el COVID no va a llegar, y que la tasa…”. Eso me preocupó, realmente, y generó algunas discusiones con algunos funcionarios del Gobierno que negaban esa realidad y la utilidad de medidas que después terminaron tomando.

—¿Y cómo actuó el Gobierno en general?

—Actuó, al principio, con indolencia. Después estuvo bien cuando decretó la cuarentena el 20 de marzo, porque evitó, efectivamente, que la gente que venía de Europa hubiera circulado por allí y contagiado sin control. Pero después se equivocó absolutamente. Digamos, primero no dijo la verdad, porque cuando el Gobierno tomó estas medidas se sabía que la cuarentena no iba a durar dos meses, íbamos a tener seis, siete meses al menos. Entonces, el primer elemento fue que a la gente no le dijeron la verdad. Y el segundo elemento fue que, al no considerar que iba a durar seis, siete meses, no se tomaron medidas de flexibilización –que había que tomar, porque no podés tener seis o siete meses a una sociedad encerrada y sin ningún tipo de actividad–. A eso se le agregó la poca cantidad de testeos que hizo el Gobierno, lo cual ha generado que la Argentina hoy tenga el número que tiene de enfermos y de fallecidos, con un deterioro socioeconómico que se pudo haber paliado, y mucho.

Nelson Castro
(Gastón Taylor) (Gastón Taylor/)

— ¿Cree que el Gobierno utilizó a la cuarentena para algo más?

—Sí, claro que aprovechó la cuarentena políticamente. Primero, porque hubo momentos en que el Presidente tuvo niveles de popularidad altos. Segundo, porque hizo lecturas absolutamente irresponsables. ¿Vos te acordás de un reportaje del Presidente con René Pérez, Residente, en el que dijo: “Hemos controlado la pandemia”? ¡Un disparate absoluto!

—¿Cómo actuó Alberto Fernández?

—Mal, para mí, Alberto Fernández es una enorme decepción. Yo tenía una expectativa un poco…, bueno…, no una expectativa, pero dije “Bueno, llega alguien que vivió lo que fue el kirchnerato, reconoció los errores, los criticó, conoce lo que es el tema de la administración pública. Entiende que el kirchnerato, en su forma, como fue, representa el fracaso”. Ha hecho su aporte para que Cristina ganara, porque si bien la mayor cantidad de votos los aportó Cristina, Alberto Fernández aportó los votos que le faltaban, y eso no es poco. Pero, efectivamente, nada de esto ocurrió, y yo soy muy crítico de la administración de Alberto Fernández, porque creo que ha defraudado fuertemente, y porque ha mentido, claramente. Esta promesa de superar la grieta ha quedado absolutamente desmentida por la realidad, por sus actos y, por supuesto, por gran parte del Gobierno que encabeza.

—¿Recuerda qué pensó cuando Cristina anunció que Alberto iba a ser candidato a presidente?

—Mirá, fue una sorpresa, pero fue un golpe político astuto de alguien que se dio cuenta de que si no aglutinaba al resto del peronismo, no ganaba. Así que desde ese punto de vista fue un golpe claro, porque en la medida en que el peronismo se una es muy difícil que se lo venza. Es muy difícil de ser vencido, y eso es algo que la oposición tiene que tener muy en cuenta en cuanto a la lectura de la realidad y de lo que vaya a hacer de aquí en más.

En la medida que el peronisma se una es muy difícil que se lo venza

—¿Tuvo algún contacto alguna vez con Cristina Kirchner?

—No, no. La última vez que Cristina Kirchner habló conmigo fue en el año 2012. Ella solo venía a mi programa de televisión, El juego limpio, y un día vino y estaba invitada para formar parte de una mesa con otros diputados, y pidió estar sola, me acuerdo. Nosotros le dijimos: “Mire, no podemos cambiar la invitación; si usted nos hubiera dicho esto no la invitábamos y la invitábamos otro día”. Y me acuerdo que dijo: “Bueno, sola o me voy”. “Bueno, váyase”. Esa fue la última vez que tuve contacto con Cristina Fernández de Kirchner. Siempre me acuerdo de la muy risueña anécdota, muy demostrativa de su patológica personalidad.

—¿Le gustaría entrevistarla?

—No me atrae, sería un reportaje dificultoso, vamos a poner un término generoso. Porque, digamos, Cristina tiene cero capacidad para reconocer su realidad. Vos a alguien le decís: “Mire, usted no está diciendo la verdad, está mintiendo, esto, aquello”. No tendría ningún problema.

—¿Con qué pregunta iniciaría la entrevista?

—Con dos preguntas: “¿Cómo vive ella la mentira que forma parte de la esencia del kirchnerismo?”. Y la segunda: “¿Cuán consciente es de que su personalidad patológica lo único que genera es división, enfrentamiento y conflicto?”. Así que por ahí empezaría yo.

—Usted escribió un libro sobre la salud de Cristina. Cuando salió ese libro, ¿nadie de su entorno lo llamó?

—No. El libro lo leyeron varios de sus colaboradores. Me lo decía un colaborador de ella que leyó tardíamente el libro, y me dijo: “Me quedé impactado, porque todo lo que cuenta es verdad”. Así que realmente es muy interesante, porque el libro es un libro, yo diría, único, porque es la primera vez que enfrenta el tema de la salud de un presidente siendo presidente en ejercicio: ella todavía era presidenta cuando yo escribí el libro.

—¿No le dio miedo escribir sobre la salud de un presidente?

—No, en absoluto.

—Hablando de eso, ¿cómo ve la salud de Alberto Fernández?

—Alberto Fernández tiene lo que se llama trombofilia. La trombofilia es algo hereditario. Es una tendencia a formar coágulos, por lo tanto, él tiene que estar tratado, está anticoagulado. Eso lo tiene controlado y demás. Lo veo obeso, lo veo cansado, eso pasa con los presidentes, siempre. Vos ves la cara de los que son presidentes, y el desgaste y el envejecimiento son enormes. Pero no lo veo con ningún problema importante de salud física. Lo veo con un problema, yo diría, psicológico, de dependencia de Cristina Fernández de Kirchner, que es pavoroso, realmente impresionante.

—¿Entrevistó alguna vez al presidente en función?

—No, no.

—¿Por qué?

—No lo sé. Primero, porque no estoy desesperado por hablar con el Presidente, así que no sé qué pasaría si la pidiéramos. Pero tal vez sería una entrevista intensa. No me desespera realmente hoy. Porque tiene que ver con la devaluación de su figura. Un daño autoinfligido que él todos los días se genera. Entonces, es un presidente sin volumen. Por eso yo digo que en realidad hay hoy una ex presidenta en funciones. Claramente, quien manda hoy es Cristina Fernández de Kirchner.

Alberto Fernández es un presidente sin volumen. Hoy hay una ex presidenta en funciones

—¿A quién ve como candidato de la oposición?

—Hay una realidad. Hoy, por ejemplo, Macri y Cristina dividen. Entonces vos tenés que aspirar a ver qué cosa supera eso. Alberto Fernández parecía ser una posibilidad, y no lo es. Habrá que ver si Juntos por el Cambio logra encontrar otra posibilidad, que podría ser, aparentemente, Rodríguez Larreta. Ahora, hay un elemento muy importante, como responsabilidad, para Juntos por el Cambio, que tiene que ver con el mantenimiento de los equilibrios políticos, que son fundamentales para el sostenimiento de la vida republicana.

Nelson Castro: política argentina (Infobae)

Política y poder

—¿Cómo es tener poder, ser presidente?

—Mira, es difícil. Es difícil para una persona, sobre todo cuando vos tenés la vivencia del presidente casi como un monarca. Los regímenes presidenciales generan eso.

—¿El poder enferma?

—Sí, absolutamente. No porque lo diga yo, lo demuestra la historia absolutamente. Y todos los días, la realidad te da muestras de lo que el poder enferma. Y obviamente, en los países en donde los sistemas institucionales son más débiles, esa enfermedad de poder es mucho más peligrosa, porque puede avanzar sobre aspectos que hacen a los valores de vida de una sociedad. Cuando el sistema está fuerte y demás, te puede gobernar Trump. Vos imaginate si Trump hubiera estado acá, como pasó en Estados Unidos, diciéndole a la gente: “No, yo gané las elecciones y voy a recurrir a la Justicia”. Nadie le daba mucha importancia porque sabía que el valor institucional, la Justicia y demás iban a poner las cosas donde las tenían que poner. Traslada esto acá. Decís: “Ay, ay, ay”, qué problema hubiéramos tenido.

—¿Quién tiene el poder real en la Argentina?

—Nunca el poder real lo tiene una sola persona. Ahora, la Argentina es un país, desde el punto de vista del funcionamiento metodológico, del poder peronista. No ideológico, eh, metodológico. ¿Qué significa eso? El hecho de que “cuando yo llego al Estado, me adueño”. No soy el administrador, soy el dueño. Entonces, cuando vos te adueñas de algo, tu objetivo es permanecer en ese lugar, quedarte por siempre. Insfrán, Néstor y demás, lo tienen todos. Cristina lo tiene. Es más difícil lograrlo a nivel nacional. Entonces la Argentina es un país, hoy, dominado por esta metodología peronista del poder como elemento de apropiación. La Argentina tiene una matriz, desde el punto de vista de la metodología del ejercicio del poder, peronista. Y lo no peronista no ha tenido la capacidad, primero, de gobernar exitosamente. Y segundo, no ha tenido la capacidad de entender que el ejercicio del poder, el ejercicio del poder y la realidad, es mucho más complejo de lo que se cree en un escritorio. El macrismo creyó, y vino a gobernar un país que no existía. Creyó que a Macri lo iba a llamar gente de afuera diciendo “que bueno que ganaste, vamos a venir a invertir miles de millones de dólares”. Una fantasía que no ocurrió nunca, porque cuando venían acá veían lo que era el país. Entonces este es un problema muy fuerte que tiene la Argentina. La Argentina desde el 83 para acá ha estado gobernada prácticamente las 2/3 partes por gobiernos peronistas.

(Infobae)

Profesión y medios

—De todos sus trabajos periodísticos, ¿cuál es el que más le gusto hacer?

—Mirá, siempre tuve la fortuna de hacer cosas que me gustaban. Y todo, además, tiene tiempos. Te diría que de lo más impactante de los últimos tiempos fue la experiencia de El corresponsal, ha sido algo fantástico. Porque eso sí es una idea que yo quería hacer hace mucho tiempo, sobre todo el tema de los viajes. Habrá que ver si eso después en el futuro continúa porque todo este tema de la pandemia ha producido un cambio en la operatividad de estas cosas que va a ser difícil que vuelva a la normalidad. El corresponsal ha sido una de las cosas más lindas que me pasaron en mi carrera. Todo lo que hago me produce placer, pero esa me impactó por la repercusión interna y mundial

Nelson Castro, El corresponsal.
El Corresponsal, cobertura en Ecuador.

— ¿Qué rol juega el ego en la vida de los periodistas?

—Forma parte de lo que es la condición humana. Nos gusta el halago. Pero yo siempre cuento anécdotas, hechos que me pasaron en la vida, porque es con lo que mejor puedo explicar cómo lo enfrenté yo, sin que sea lo mejor o no ¿cierto? Porque el ego es un elemento muy notable. Cuando tu vida es el yo y no el nosotros, es un problema, realmente. Siempre me acuerdo de que tuve la enorme fortuna de hacer la beca del Word Press, beca periodística que me enseñó muchísimas cosas no solamente teóricas si no que me permitió trabajar en los medios. Yo fui pasante en la NBC, fui pasante en la radio pública de los Estados Unidos. Y me acuerdo siempre dos cosas que me pasaron. Cando llegué, el segundo día de trabajo en NBC estábamos en una reunión de producción con dieciocho productores y estaba el conductor al lado, Bryant Gumbel, muy importante, hablando. Entonces un productor lo para y le dice: “No, mira Bryant, estás equivocado, esto es así, así, así”. Y a mí me sorprendió eso, porque era una cosa que yo en mi carrera, que no era muy larga en ese momento, pero tenía algo de experiencia, no lo había visto. Yo me ponía en ese lugar y no me hubiera animado, a lo mejor, a decirle a una figura importante: “No, mirá, estás equivocado”. Y entonces él lo escuchó, escuchó al productor, dijo: “Es importante lo que me dijiste, estaba absolutamente equivocado yo”. Así que fue una cosa que siempre la recuerdo y la marco. De la importancia de siempre saber escuchar. Cuando vos tenés la fortuna de que te transformas en una “personalidad”, si tenés eso y te la crees, te equivocas mucho. Entonces el ego es un elemento fatal y letal cuando tiene ese nivel de patología.

—Usted estaba haciendo Bella tarde y El juego limpio…, y en los pasillos de los medios se rumoreaba que sus programas fueron levantados, ¿qué hay de cierto?

—Sí, yo los escuché. Fueron cosas totalmente acordadas. El juego limpio estaba con su ciclo cumplido, y Bella tarde, también. Hoy hacer programas políticos exige algo que es distinto. Tenés que hacer un programa donde no tenés protagonistas políticos importantes y demás. Yo sentí que El juego limpio estaba agotado y lo mismo Bella tarde. Bella tarde era un programa que tenía muchas cosas de magazine, y la realidad hoy te exige un seguimiento de la noticia que te impide planificar nada. Y entonces mi rol no tenía ahí mucho sentido porque, digamos, el elemento del programa tipo magazine estaba en generar cosas agregadas. Cuando todo era limitado a presentar una noticia, para mí no tenía mucho sentido, y la gente del canal lo entendió así.

—¿Cómo ve a los noticieros?

—Hoy la televisión en la Argentina está muy tomada, lamentablemente, por el minuto a minuto. Ese es un problema muy fuerte, que hasta que no cambie, no va a permitir hacer una televisión mejor, realmente. En la televisión estadounidense, por ejemplo, no sé si en todos los canales pero en los que yo conozco, el minuto a minuto se trabaja de una manera distinta. Es decir, una de las cosas que yo a veces veo es que hoy, además, con el teléfono estás viendo cómo está el minuto a minuto. Y yo digo ese es un elemento pernicioso. Los canales de Estados Unidos, en muchos casos, está vedado al productor que está haciendo el aire ver el minuto a minuto.

—¿Cómo ve a los periodistas hoy que todo el tiempo editorializan? ¿Todo el mundo puede opinar?

—No, mira, eso es un tema, hay gente que opina muy bien y otros que no. Y ese es un elemento importante para tenerlo en cuenta. Porque además no todo el mundo tiene la preparación para opinar. Y esto no lo digo despectivamente, lo digo descriptivamente. Yo a veces escucho a chicos que vos los ves que tienen sustento, pero vos decís “mirá, te está faltando la experiencia, te está faltando la preparación para hacer esto, para lanzarte a decir lo que estás diciendo”. En cuanto a jugar una opinión. Así que ese es un problema.

—¿Quiénes son los periodistas que a su criterio están legitimados para opinar?

—No, mirá, a mí no me gusta poner nombres porque siempre, además, te olvidás de alguien. Yo creo que hay gente que opina muy bien. No significa que siempre esté de acuerdo. Sí creo que a veces hay dos cosas sobre las cuales siempre advierto, sobre todo a los periodistas jóvenes, que son: primero estar preparado. Es decir, nosotros tenemos que opinar basados en hechos y conocimiento. Yo no puedo decir: “Bueno, esto es lindo porque se me ocurrió a mí”. Yo tengo que decir: “Bueno, esto que hizo el Gobierno es bueno o malo por esto, por esto, por esto”.

Yo tengo que dar mi opinión basado en los hechos

—¿El público condiciona al periodista?

—Efectivamente. Ese es un tema, es un verdadero desafío para nosotros los periodistas. Acá y en el mundo. Digamos, uno tiene que trabajar en pos de lo que son los fundamentos de la profesión periodística, no en pos de la militancia para satisfacer audiencias. Es un punto muy importante y, por supuesto, representa una dificultad. Con una tendencia de la gente a decir: “No bueno, esto no es lo que yo pienso, no me interesa escucharlo”. Es un verdadero problema que hoy se está enfrentando en algunas sociedades mucho más divididas y obviamente más intolerantes. Pasa en Argentina, pasa en los Estados Unidos, pasa en muchas partes.

—¿Alguna vez le pasó de dar una noticia de la cual se arrepintió o dijo “no debí darla”?

—Alguna vez me pasó, no te puedo decir un hecho puntual, pero me pasó de decir: “Esto no estuvo bien chequeado, sí, sí”. Siempre es un elemento de alerta permanente. O alguna vez a pesar de todo lo di y después me quedé. Después afortunadamente terminó siendo cierto, pero vos te quedaste con la duda…

—¿Es una gran responsabilidad ser comunicador? ¿Cómo actúa ante un error?

—Por supuesto que es una gran responsabilidad. Las veces que me pasó tengo como actitud la réplica, y la corrección es inmediata. Porque como siempre digo, nos podemos equivocar. Reconocer el error también es un gesto, es tu integridad y es tu grandeza y esa es tu credibilidad. Si vos decís: “Mirá, acá me equivoqué”. Engrandece y muestra la identidad que asevera y afirma nuestra credibilidad. Yo eso lo hice. Cuando me pasó, lo hice. Uno se puede equivocar. Alguna fuente en la cual confiaste no era tan así. He pedido disculpas.

—¿Le falta chequear más al periodismo?

—Sí, falta chequeo. Falta la cultura del chequeo y de lo que esto significa. Es una cosa realmente muy importante. Así que por supuesto no siempre tenés las tres fuentes, porque hay cosas de las cuales hay un solo testigo, cuando lo tenés, lo tenés. Pero lo tenés que manejar con mucha prudencia realmente. Con mucha prudencia y tomando los recaudos. Decir bueno, no tengo con quién chequear esto porque hay un solo testigo, tengo que estar alerta de que eso que no tengo forma de comprobar con otros y me deja en una situación de debilidad, de alguna manera tengo que cubrirlo y contemplarlo, decir: “Bueno, hay una sola fuente, esto, aquello y demás”.

Nelson personal

—¿Cómo es un día suyo típico?

—A las seis y pico de la mañana ya estoy levantado. Me pongo a leer. Este año ha sido un año de mucha presencia de lo médico. Lo médico en los medios para mí era una cosa accesoria. Digamos, alguna vez algún elemento que tuvo que ver con la salud de algún presidente o algo, o algún hecho médico que impactó, pero este año lo médico está presente en cada uno de nuestros días. Así que mi día comienza habitualmente más temprano de lo que comenzaba, porque dedico dos horas a actualizarme con la literatura médica que se publica fundamentalmente en las revistas de medicina internacionales. Y después, ya salir en los noticieros con la actualización de lo que hay. Y el día, después, se extiende hasta la medianoche, y eso hace que el día sea más largo e intenso.

—¿Qué hace cuándo no trabaja?

—Uff, estudio música. En general estudio música clásica. Pero me gusta toda la buena música, me gusta mucho la música popular. Y dedico tiempo a estudiar idiomas, que me encanta. Y a la lectura. Y a hacer actividad deportiva, yo hago todos los días gimnasia, que es lo que me mantiene muy bien.

—¿Qué hace?

—Tengo una bicicleta, tengo una cinta. Cuando puedo voy al parque a hacerlo, pero los tiempos son escasos para hacerlo.

—¿Se cuida en las comidas?

—Sí, sí, sí. Yo como poco. Y cuando puedo me cocino yo, que me encanta.

—¿Y cuál es su comida preferida?

—Son muy pocas. La comida no forma parte de algo… Si tuviera tiempo me encantaría cocinar pastas. Ravioles, canelones, lasaña, todo eso lo sé hacer. Si tuviera tiempo las haría, y si estuviera, digamos…, para cocinar para mí solo no vale la pena ¿no es cierto?

—¿Cómo está compuesta su familia?

—Tengo a mi hermano, tengo a mis sobrinos, que son vecinos. Así que tenemos una linda vida familiar. Somos pocos, pero tenemos una linda vida familiar.

—¿Vive solo?

—Vivo solo, sí, sí.

—¿Cómo fue su infancia?

—Muy buena. Mi vida estuvo muy tomada, durante la infancia, por estas cicatrices que ven acá, producto de una infección mal tratada, yo estuve a punto de morir, así que tuve muchas operaciones.

—¿Cuántas operaciones?

—Siete. Desde chico, siempre son una cosa que vos recordás, te marcan. Y siempre tuve, afortunadamente, tanto de mi mamá como de mi papá, como del colegio al cual fui, Nuestra Señora de Luján, un ámbito fantástico, donde todo lo que recibí fue estímulo, apoyo, valoración, cero discriminación. Así que fue una infancia muy linda. Muy linda.

—Es interesante que destaque que en esa época no sintió discriminación. ¿En otra época sí lo sintió?

—El único episodio que tuve con mis cicatrices fue cuando tuve la primera oferta para trabajar en televisión. Yo tenía 30 y… Fue en el año 92. Y me habían llamado para hacer unos micros médicos. Y bueno, habíamos debutado extraordinario; cuando iba a firmar el contrato, algún gerente de un canal me dijo: “Usted, con esas cicatrices, no va a trabajar nunca en televisión”. Entonces me generó una risa, le dije: “Quédese tranquilo”.

—¿Le generó risa?

—Sí, sí, sí. Yo afortunadamente no me enojo. Eso se lo agradezco a la vida. Porque eso te carga de energía negativa. La historia es muy simple. Al año y medio, la misma persona que me dijo que no, era la que estaba firmando, en ese momento, el contrato conmigo. Fue el único episodio. Y a veces lo cuento, cuando me lo preguntan, para estimular a otros. Solamente lo hago a ese título.

—¿A qué personas les agradecería hoy su presente?

—A mis padres, que realmente me enseñaron mucho. Mi papá era carpintero, mi mamá era ama de casa. Pero me enseñaron todo lo que es la cultura del esfuerzo, y confiaron en mí. Especialmente cuando les dije que quería ser médico y periodista. Porque cuando alguien te dice que quiere hacer dos carreras, vos decís: “Bueno, ¿podrá, no podrá?”.

—¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

—Como una persona honesta. Y siempre lo digo: soy el que quise ser. Y se lo agradezco a la vida eso.

Nelson Castro, El corresponsal.
El Corresponsal. Coberura en Ecuador

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