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Cómo el peronismo, durante 28 años de la democracia, castigó a la provincia de Buenos Aires

Foto archivo: Alberto Fernández en la asunción de Axel Kicillof (Presidencia de la Nación)
Foto archivo: Alberto Fernández en la asunción de Axel Kicillof (Presidencia de la Nación)

“Ni que se estuviera firmando el acuerdo con Siria”, dijo Cristina Fernández de Kirchner el 20 de julio de 2012 cuando vio la cantidad de camarógrafos y fotógrafos que entraban al despacho presidencial donde iba a firmar la pax con Daniel Scioli, que había anunciado que pagaría el aguinaldo de los empleados estatales de la provincia de Buenos Aires en cuatro cuotas porque no tenía los fondos suficientes para hacerse cargo de la obligación.

El gobernador que después fue candidato a presidente vivió su segundo mandato bonaerense bajo la espada de Damocles. Salvo en el 2009, los primeros cuatro años todavía había quedaba el empuje de los tiempos de las tasas chinas y había podido transitarlos con pocos ruidos. Pero desde 2011, los ingresos no le alcanzaban ni para pagar sueldos. Y la ayuda que conseguía de la Nación era a través de préstamos que le daba el ANSES a tasas internacionales, sin ninguna contemplación. Así y todo, siempre necesitaba del aval de la Presidenta y del ministro de Economía. En el 2012 era Hernán Lorenzino. Luego, Axel Kicillof.

La provincia de Buenos Aires llegó a su piso histórico durante la gestión Fernández de Kirchner-Kicillof en materia de coparticipación: 18%. El tercer gobierno kirchnerista benefició en forma discrecional a muchas provincias argentinas y, siempre, castigaba a Scioli. Era su manera de mantener sujetado a quien pretendía ser el próximo presidente en la Argentina.

Difícil el vínculo de Daniel Scioli con Cristina Kirchner. NA
Difícil el vínculo de Daniel Scioli con Cristina Kirchner. NA

Entrevistado en enero de este año por Jorge Fontevecchia, el gobernador Kicillof reconoció que la coparticipación había caído pero se excusó: “Había muchísimos programas de diferentes ministerios a los municipios, algunos en bienes, otros en servicios, que pagaba la Nación. Y otros a través de transferencias económicas. Todo eso durante el gobierno de Mauricio Macri se cortó. En términos globales, la Nación dio más plata fuera de coparticipación”.

No todos piensan lo mismo, ya que en rutas, red de aguas, cloacas, metrobús y programas de asfalto, los ingresos a la Provincia continuaron, e incluso aumentaron. Pero no deja de ser curioso que el ministro que más castigó a la provincia de Buenos Aires desde que existe una ley de coparticipación (la ley 20221, de 1973), sea ahora el gobernador al que le toca gestionar un distrito con demandas estructurales muy difíciles de resolver. “Buenos Aires es un Moby Dick al que le tirás unas sardinas para el almuerzo, no le va a alcanzar nunca nada", dijo un ex funcionario de Scioli.

Jorge Remes Lenicov, quizás el economista que más conoce la historia de la coparticipación, redactor de varios artículos de la ley vigente de 1988, la 23548, cuando era ministro de Antonio Cafiero, responsabilidad que continuó ocupando con Eduardo Duhalde, y asesor de los artículos de copartipación para la Constitución de 1994, asegura que “las provincias chicas que saben que, bajo cualquier indicador objetivo, la provincia de Buenos Aires ganaría y varias de ellas perderían, prefieren el statu quo”. “Les resulta más cómodo recibir las remesas federales y no asumir el costo político de recaudar. Tampoco desean la explicitación de todos los fondos provenientes de Nación, iniciar procesos de transformación internos y transparentar los subsidios directos o indirectos recibidos”, agrega.

Rascando en la memoria de la coparticipación argentina, aparece que cuando Raúl Alfonsín redujo la coparticipación que recibía la provincia de Buenos Aires (gobernada por el radical Alejandro Armendáriz) fue con la intención de lograr el respaldo de algunas provincias gobernadas por el peronismo. En 1987, había ganado las elecciones el peronista Antonio Cafiero, entonces la obsesión era lograr más puntos de coparticipación. Ya habría tiempo para hacer una ley pensada bajo algún criterio racional.

Axel Kicillof y Cristina Kirchner en La Plata
En cambio, Axel es el gobernador elegido por Cristina Kirchner. (@nicolasaboaf/)

Cuando Eduardo Duhalde aceptó renunciar a la vicepresidencia para ser candidato a gobernador, lo hizo a cambio del Fondo del Conurbano y así la coparticipación alcanzó el pico del 25%. Pero, enfrentado con el gobierno nacional, Menem le fue otorgando recursos de ese mismo fondo a otras provincias, Domingo Cavallo le otorgó regalías a las provincias petroleras patagónicas, y en 1994 se consolidó en la Constitución una distribución tan poco racional como la que venía.

Eso sí, en 1996 había que discutir una nueva ley de coparticipación, ahora sí la definitiva. Obviamente, eso nunca sucedió. “Es más difícil sacar una ley de coparticipación en la Argentina que hacer una reforma de la Constitución”, suele decir otro experto en el tema, aludiendo a que se trata de una ley que necesita la mayoría absoluta de los miembros de la Cámara y luego debe ser refrendada por las legislaturas de todas las provincias. Lo que hay, entonces, son parches.

“Hay un criterio devolutivo y otro que es solidario”, dice Gustavo Marangoni, ex presidente del Banco Provincia, actual director de MyR Asociados. “Si la provincia de Buenos Aires recibiera lo que genera, la diferencia con las demás provincias sería notable. Entonces se utiliza el criterio solidario, que a mi juicio se exageró, algo que puede notarse en la cantidad de empleados públicos que hay por habitante”. En efecto, Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires están en el orden del 10%, cuando en las provincias del norte y el sur supera en muchos casos largamente el 50%.

anuncio Alberto Fernandez coparticipacion mensaje a policias Olivos
Alberto Fernández durante el mensaje que dio sobre coparticipación, en Olivos.

Hay quienes piensan que no hay forma de ser un buen gobernador en la provincia de Buenos Aires. “La provincia necesita interventores con votos, gobernadores con buena imagen que no sean de la provincia, y que respondan al poder central”, es la visión de un analista que habló con Infobae.

Remes Lenicov calcula que si se siguiera el criterio distributivo en materia de coparticipación de países federales como Brasil, la provincia recibiría el 31% de los fondos, el 37% según el cálculo de Italia y el 43% según el utilizado en los Estados Unidos. Como se dijo, Macri llevó el 18% del gobierno anterior a 22%. Ahora, Alberto le otorgó un 1% que le sacó a la Ciudad de Buenos Aires. Está en 23%, pero en 1972, con la dictadura de Alejandro A. Lanusse, recibía el 34%.

La situación es clara. La apuesta estratégica en materia política de Cristina y Máximo Kirchner, la provincia de Buenos Aires, necesita fondos para realizar una gestión que recupere el castigo al que el distrito más importante del país viene siendo sometido en forma sostenida, sobre todo por los gobiernos peronistas.

Porque -digamos todo- el peronismo fue consistente en hacer de Buenos Aires una provincia inviable, al punto que puede decirse que ese castigo se transformó en política de Estado, porque la impulsó Menem, pero también Néstor y Cristina. Solo Macri bajo la gestión de María Eugenia Vidal cortó con una tendencia nefasta de la política argentina.

Entre varias razones, lo que más pesó era la necesidad de sostener acuerdos políticos que permitieran la gobernabilidad a través de los votos de los representantes de las provincias en el Senado. Pero una novedad existe hoy en la política argentina: la accionista principal de la coalición de gobierno conduce la Cámara alta y tiene el talento para tener a cada uno de los senadores en un puño.

Con uno de sus herederos al mando de la provincia más poderosa y ella misma a cargo del látigo en el Senado, quizás ya no necesite los acuerdos políticos que les hicieron falta a otras administraciones en el pasado para darle gobernabilidad a la gestión.

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¿Cómo le salió el tiro a Alberto Fernández contra Rodríguez Larreta? Prensa GCBA

Quizás, lo que empezó con el desprolijo manoteo a la Ciudad de Buenos que Alberto Fernández le propinó a Horacio Rodríguez Larreta el miércoles último, siga con otros, no sabemos si más o menos sutiles. Por lo menos, es el sentimiento que corre por los despachos de algunos gobernadores, cada vez más alineados con el “presidente porteño más federal”, para evitar correr similar suerte.

“Esperamos lo peor”, escribió por WhatsApp un alto funcionario de una provincia mediana, que firmó el documento avalando la decisión del Presidente. Otro, de una provincia del NEA, expresó: “Confiamos en Cristina, ella no nos va a traer problemas”. Sin embargo, reconoció que es un tema que se sumó a la conversación de los gobernadores. Una tercera fuente, aguerrido funcionario de una provincia de vínculo errante con los Kirchner, fue al hueso: “Ya estamos en el horno y nos preparamos para la resistencia”. Finalmente, tal como dice un profesional del CFI (Consejo Federal de Inversiones) muy crítico del manejo de los distritos que no reciben inversión privada y dependientes de los fondos nacionales, “siempre es preferible recibir plata regalada que ponerse a trabajar”.

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