Último momento

El no plan

Alberto Fernández en La Rioja, en la reapertura de una fábrica (fede.mellado/)

Dicen que es en momentos de crisis cuando surgen las grandes ideas que cambian el mundo. A lo largo de la historia hemos visto como en diferentes épocas la sociedad se ha enfrentado a la necesidad de decidir sobre grandes cambios. En la mayoría de los casos, para quienes viven ese período no es fácil y cuesta mucho ser optimista. Por otro lado, esa generación tendrá que llevar la pesada carga de hacer la parte difícil.

Solo la historia será testigo de si ese esfuerzo valió la pena o no, y muchas veces los protagonistas no disfrutan del resultado de sus esfuerzos y tienen que conformarse con pensar que su aporte será apreciado, tal vez, por las generaciones futuras.

Pero, ¿cuál es la clave para sobrevivir? Contar con un plan. Bueno o malo, pero tener un plan.

Por alguna extraña razón el Gobierno, este y los otros, le escapan a la palabra “plan” y solo se limitan, en el mejor de los casos, a anunciar medidas aisladas para contener diferentes focos de incendio, cual bombero desesperado al ver que las llamas lo sobrepasan. No tengo claro si es por ineptitud, incapacidad o tal vez, sin anunciarlo, es parte de un “plan”: el “no plan”.

Hemos escuchado al gobierno decir que prefiere no acordar a firmar un mal acuerdo: deberían buscar un punto intermedio y destrabar uno de los problemas más graves que nos acosan en este momento

A lo largo de la historia nos hemos enfrentado a muchos planes que cambiaron el rumbo de las naciones y de la humanidad. Solo a modo de ejemplo hablaremos de uno de los más importantes del siglo XX. El Plan Marshall (denominado oficialmente European Recovery Program, o ERP) fue la principal medida de EEUU para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial; y que a la vez estaba destinado a contener un posible avance del comunismo.

Tras seis años de guerra, buena parte de Europa estaba devastada y millones de personas habían muerto o habían quedado lisiadas. También estaba destruida buena parte de la infraestructura, como vías férreas, puentes y carreteras.

La crisis actual no se compara con la antes descripta. Pero el éxito que tuvo ese plan debería ser una gran motivación para intentar algo que también permita la reconstrucción de nuestro país.

Durante años escuché a mi abuelo Flaco discutir con sus amigos y decir que lo único que podría salvar a la Argentina sería una guerra que sirviera para refundar todo desde cero. Finalmente y por fortuna, no fue una guerra, fue una pandemia. Salvando las distancias, podríamos trazar un paralelismo entre este evento y una guerra.

Infectologos Presidente
Reunión del Presidente con infectólogos

– En las guerras hay una crisis de la oferta (la oferta de bienes de consumo se destina a armamento). En nuestro caso la producción está parada debido al confinamiento.

– En la guerra la economía se ve afectada por las grandes necesidades de armamento, movilización de soldados que antes eran mano de obra, y a causa de ello, las naciones suelen contraer grandes deudas y aparece la inflación de posguerra. En el caso actual, el Gobierno, ante la paralización de la economía, se ve obligado a emitir y esto posiblemente generará inflación.

Sin embargo −a diferencia de una guerra− durante esta crisis la estructura productiva se mantuvo intacta, lo cual es una gran ventaja comparativa. Que la crisis que el país venía experimentando se acrecentará no es novedad, y es una de las pocas cosas en las que todos llegan a un consenso. No obstante, este consenso no se traduce en un rumbo definido ni en un plan de recuperación.

Argentina parece ir directo −como barco sin timón−, a chocar de lleno contra los acantilados de la crisis.

Todo plan comienza por analizar el contexto y construir escenarios posibles. En este caso está claro: la crisis no terminó. Pero esto no imposibilita analizar escenarios alternativos.

Es fundamental ser muy creativos para pensar soluciones nuevas a problemas nuevos. Y también a los existentes

Luego es clave trabajar en diferentes aspectos:

a) Planes segmentados: Esto significa dividir el país en regiones y rubros, desarrollando un análisis detallado del estado actual y los escenarios posibles para cada uno. Es obvio decir que no es lo mismo Mendoza que Buenos Aires; o la industria alimenticia que la textil.

b) Creatividad: Es fundamental ser muy creativos para pensar soluciones nuevas a problemas nuevos. Y también a los existentes, sobre todo si nos damos cuenta de que las soluciones que venimos aplicando en los últimos cincuenta años no parecer ser acertadas.

c) Contundencia: Es clave lograr ser muy contundente y estar por encima de las expectativas. Esto implica sorprender al mercado con medidas que sirvan como motivación para redoblar el esfuerzo. Por ejemplo: incentivos fiscales, créditos a tasa cero, suspensión de cargas patronales, etc.

Es vital llevar tranquilidad a la sociedad y mantener un tono discursivo que no sea combativo

d) Aplicación: Tan importante como el plan estratégico es el plan operativo. Medidas que hayan sido analizadas al detalle para su implementación y haber armado equipos aptos para desempeñar dichas tareas. Aquí el gobierno sumó puntos con el plan de confinamiento, ya que logró resultados impensados para una sociedad como la argentina, pero también mostró grandes limitaciones y descoordinación en las medidas económicas.

e) Comunicación: Es vital llevar tranquilidad a la sociedad y mantener un tono discursivo que no sea combativo. El gobierno es un mediador entre diferentes intereses y este rol es clave para la búsqueda de consenso.

f) Certidumbre en la incertidumbre: Hay cosas difíciles de estimar en medio de la tormenta, pero es esencial tratar de llevar la mayor certidumbre posible. Permite tomar decisiones. La negociación de la deuda es clave para poder llevar certidumbre al mercado y a todos los argentinos. Hemos escuchado al gobierno decir que prefiere no acordar a firmar un mal acuerdo: deberían buscar un punto intermedio y destrabar uno de los problemas más graves que nos acosan en este momento.

g) Eliminar grietas: Es una gran oportunidad para lograr consenso, alineados detrás de un gran plan nacional que defina las bases de una nueva Argentina. Sería bueno que el gobierno replique lo que ya hizo con la salud. Sentar a la oposición, a profesionales de diferentes sectores, y entre todos buscar las bases de un acuerdo nacional y si fuera posible con opinión y aprobación del congreso.

En los peores momentos de la historia algunos líderes lograron unir a su pueblo por una causa común. De Gandhi a Churchill y cientos de otros grandes referentes de la historia, fueron capaces de alinear a las personas con los objetivos. Los pueblos ya demostraron que solo se requiere de un plan para ponerse a trabajar.

La Argentina aún está a tiempo de emprender el camino de la recuperación. La estructura productiva está intacta y los empresarios y trabajadores ya demostraron que siempre pueden dar un poco más de sí para sobrevivir. El gran compromiso, una vez más, es de los políticos. Les pedimos por favor que no nos vuelvan a decepcionar y hagan lo que hay que hacer.

El autor es conferencista internacional y CEO GrupoSet Latam