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Roberto Salvarezza: “Estamos derribando el mito del investigador científico encerrado en una torre de cristal”

El ministro Roberto Salvarezza (@RCSalvarezza)
El ministro Roberto Salvarezza (@RCSalvarezza)

Acompañando al presidente Alberto Fernández, Roberto Salvarezza fue uno de los dos ministros encargados de realizar en la Residencia de Olivos el anuncio de que la Argentina ya contaba con un test rápido para detectar SARS-Cov2, el que produce el síndrome respiratorio agudo grave conocido como COVID-19. Desde la Unidad Coronavirus, integrada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, CONICET y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación) se aportó 400 millones de pesos en proyectos de investigación relacionados directamene con el impacto del coronavirus. En tiempo récord, y con el financiamiento de aproximadamente 100 mil dólares de parte del Estado, el equipo de científicos del CONICET que trabaja en el Instituto Milstein con el aporte de la Fundación Pablo Cassará, adaptó la técnica que estaba preparando para el dengue y en pocas semanas ya tuvo resultados. Bioquímico que se incorporó al sistema científico en 1977, renunció a la presidencia del CONICET en el 2015 tras el cambio de Gobierno. En 2017, accedió a una banca de diputado nacional por Unidad Ciudadana y en la campaña del Frente de Todos prometió “poner la ciencia de pie”. De regreso en la función pública, en diálogo con Infobae se muestra satisfecho por ver a los científicos “rompiendo con el mito de la torre de cristal”.

-Hablemos brevemente de usted. En 2015 era presidente del CONICET con Lino Barañao y cuando él decidió seguir adelante ante el ofrecimiento de Mauricio Macri usted no lo siguió y renunció. ¿Por qué? ¿Qué es lo que vio? ¿Qué pensó?

-Estoy en el sistema científico argentino desde 1977, entré al CONICET ese año, son muchos años de vivir etapas deprimentes de la ciencia, con un maltrato de los científicos y, en general, cuando uno asocia los modelos económicos y el rol del Estado y la ciencia encuentra que hay un factor común. Cuando uno achica el Estado, en países como el nuestro, donde el esfuerzo científico mayormente es por cuenta del Estado, normalmente se achica la ciencia. En ese contexto fue que ya entrando en el ciclo de Mauricio Macri, un modelo que nos estaba proponiendo un estado más pequeño y con menos controles, mi decisión fue rápida. Ese modelo iba a castigar al sistema científico y yo no me puedo quedar y seguir siendo funcionario cuando voy a estar criticando lo que va a pasar con la ciencia. Lino Barañao tenía otra percepción. Él pensó que iba a poder sostener el financiamiento del sector científico y eso no ocurrió. Pero se sumaron cosas más graves que fue el maltrato, porque uno puede no financiar pero puede desde la política tener un trato adecuado con los investigadores. Muchos colegas fueron tratados de ñoquis y son cosas que hicieron mucho daño. El 10 de diciembre cambió el Gobierno, y vino con un mensaje específico que ya adelantó durante la campaña: la ciencia va a volver a ser un insumo para el desarrollo, vamos a poner la ciencia de pie. Los primeros dos meses se cumplieron esos diez peldaños que habíamos planificado, subimos uno. Logramos que las becas estuvieran mejor, logramos que aumentaran los subsidios, logramos que se aumentaran los ingresos a la carrera del CONICET, pero estábamos todavía ahí cuando nos golpea la pandemia. Pero ese cambio de percepción también motivó una respuesta solidaria empática con la emergencia sanitaria en nuestro país.

-¿En qué áreas es vanguardia la investigación científica argentina?

-En el desarrollo energético, en biotecnología y en este sector, el farmacéutico argentino, también está consolidado, es una industria importante. El desarrollo de insumos de este tipo de diagnósticos ahora se volvió mucho más visible y la creatividad que hay detrás de esto es importante. No es investigación básica, pero es un desarrollo tecnológico que tiene que cumplir todas las etapas, llevarla con éxito hasta ANMAT para que ANMAT la apruebe. Nosotros siempre lo planteamos. Tenemos muy buena investigación básica, y lo que nos faltó muchas veces es que no tuvimos políticas para que esa investigación básica, o parte de ella, pueda tener un foco y resolver problemas concretos. En este caso tiene que ver con la epidemia, como fue antes de la Argentina contra el hambre, fueron decisiones políticas del Ministerio de orientar la investigación a resolver problemas. Las capacidades de la investigación básica se traducen en esto, en que hoy tengamos buenos desarrollos tecnológicos. ¿Qué es lo que hace falta para pasar de investigación básica a desarrollos tecnológicos? Que haya políticas concretas y que haya financiamiento específico para abordar estos temas y que el Estado valore esos desarrollos. Aquí, ninguno de los científicos que trabaja acá lo hace por dinero: lo hace por vocación y le puedo asegurar que para ellos es mucho más importante resolver un problema para la sociedad argentina que un paper. Creo que esto derriba el mito de la torre de cristal, del investigador aislado. Nosotros queremos un investigador formado, científicamente sólido, que esté comprometido con el país y que pueda cubrir sus necesidades.

Cuando Salvarezza asumió como Ministro. (Gustavo Gavotti)
Cuando Salvarezza asumió como Ministro. (Gustavo Gavotti) (Gustavo Gavotti/)

-El equipo ya venía trabajando durante el Gobierno anterior en el dengue, aquí mismo incluso.

-Sí, vienen en realidad de antes, de la etapa 2003-2015, cuando se potenció todo el sistema de ciencia. Es verdad que durante los cuatro años anteriores el sistema fue golpeado pero las actividades continuaron. Fueron maltratados y mucha gente se fue porque las condiciones no eran buenas, las becas terminaron en niveles de pobreza, pero es verdad que parte de la ciencia siempre sigue, como siguió en los 90. Y nos encontramos con que la gente formada tiene la capacidad de dar una respuesta rápidamente.

-Por lo que leí usted recibió el premio Bernardo Houssay, un gran científico argentino que fue galardonado con el Premio Nobel y que fue perseguido por Juan Domingo Perón. El premio empezó a otorgarse en 2003, con lo que veo una reparación ahí, en saldar un destrato realmente severo sobre su figura.

-Bueno, nosotros tenemos historias múltiples en la comunidad científica. La verdad que don Bernardo tuvo una visión científica excelente. No solo fue un Premio Nobel, sino que creó el CONICET. Es importante destacarlo. En una década, la del 50, donde empiezan a crearse las instituciones científicas en el país. En la década del 50/60 se consolida la Comisión de Energía Atómica, el Instituto Antártico, la Universidad Tecnológica que se llamaba Universidad Obrera, también el CONICIT que después cambia a CONICET, también se crea el INTA, el INTI, son diez años, parte del gobierno de Perón y parte de las dictaduras y gobiernos que siguieron, cuando el mundo entendía que la ciencia iba a ser importante y los países comenzaron a desarrollar su sistema de ciencia, sobre todo en el caso de los latinoamericanos. Aquí hubo esa visión. En cuanto a Houssay, todos los personajes tienen sus lados más discutibles y sus lados menos discutibles. Yo creo que a don Bernardo hay que recordarlo por sus grandes logros científicos y una de las personas que más apostó a que la Argentina tuviera un sistema competitivo en materia científica. Creo que ese es su gran legado, más allá de lo político. También hay que aprender que lo que muchas veces es negativo para unos es positivo para otros, y viceversa.

El ministro de Salud, Ginés González García, presentado en conferencia de prensa el NEOKIT-COVID-19 (Ministerio de Salud)
El ministro de Salud, Ginés González García, presentado en conferencia de prensa el NEOKIT-COVID-19 (Ministerio de Salud)

-Argentina ya tuvo pedidos de otros países del mundo para este neokit. ¿Se puede saber qué países? ¿Qué preguntan?

-No, no puedo revelar los países por un tema confidencial. Sí voy a decir que lo que han pedido está en el orden de 500 determinaciones porque lo quieren hacer es validar la técnica. Es lo mismo que si Argentina comprara un kit en el exterior. Lo primero que quiere hacer es traer una muestra, validarla, ver que esté acorde a lo que se dice que es, que funcione las condiciones que va a trabajar en otro ambiente. Y si esto es satisfactorio, seguramente vamos a tener muchos pedidos. Es importante porque nos permite tener un testeo o validación externa de la perfomance que uno tiene de una herramienta que fue aprobada por ANMAT pero que también requiere nuevas validaciones.

-¿Y la OMS lo pidió también?

-No, la OMS no pide, sino que lo que hace es recomendar es prácticas o protocolos pero no es quien pide o solicita. En general son los países los que a través de sus ministerios de salud demandan kits o instrumental médico para ser empleado. Obviamente, nosotros suponemos que en la medida en que los test con esta tecnología LAMP, que es una amplificación isotérmica de polimerasa se instalen, nos irán pidiendo más. Hay cuatro test de este tipo desarrollados en otros países para el coronavirus, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y nosotros, son muy poquitos los países que lo tienen.

-¿Y la patente de quién será? ¿Del Estado argentino, de una UTE, del Laboratorio Cassará, que financió la investigación?

-Entiendo que la tecnología ya estaba patentada, la técnica LAMP ya lleva muchos años, entiendo que debería ser patentable. Lo que debería ser patentable es que algunos de los procedimientos sea distinto y eso sí sea patentable, pero eso es algo que hay que preguntarle a los científicos que trabajaron.

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