Último momento

La cuarentena camina hacia los 80 días, con un juego político complicado y contradicciones económicas

Alberto Fernández, flanqueado por Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Se viene otro capítulo de la cuarebtena.
Alberto Fernández, flanqueado por Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Se viene otro capítulo de la cuarebtena.

Los datos económicos apilan casi a diario malas noticias, con escasos o lejanos antecedentes. Las últimas sobre actividad económica en general y de la industria en particular hablan de marzo, mes afectado sólo por diez días de aislamiento frente al coronavirus. Son caídas interanuales muy por encima de los diez puntos porcentuales. Todos adelantan que los números de abril serán peores. Hay indicios y ayer mismo se conoció que la venta de combustibles de ese mes se desplomó casi un 50 por ciento. Más allá del discurso público, son datos manejados con mucha preocupación en algunas áreas del Gobierno, con la expectativa y hasta la creencia de una moderada recuperación ya en mayo, con proyección a junio. La nueva extensión de la cuarentena abre interrogantes y recrea sombras.

Los datos políticos también vienen cargados. Alberto Fernández prolongará la medida de aislamiento por dos semanas. Fuentes nacionales, bonaerenses y porteñas coinciden en que más allá de la evolución de la flexibilidad en algunos distritos del interior, en el AMBA será más duro. Más rigidez en los controles, especialmente en el transporte con el objetivo de limitar la circulación. Como tantas cosas en estos días, se volverá atrás con cierta flexibilización de hecho. La dureza se basaría en las mismas normas que formalmente regían para el transporte público y para el tránsito entre la Capital y la Provincia. Se trata de decisiones sanitarias fruto también del juego en la primera línea de la política.

Desde el arranque de la actual etapa de cuarentena –ya en un clima que mostraba fisura en el discurso uniforme y cordial, con cruces entre Gobierno y Juntos por el Cambio- fue visible la escalada sobre Horacio Rodríguez Larreta y, según una lectura posible pero lejos de ser única, sobre el propio Presidente. Comenzaron intendentes bonaerenses kirchneristas o aliados, siguieron integrantes del gabinete provincial –en especial Daniel Gollán y Sergio Berni-, y se sumó con reparos formales Axel Kicillof. Fuentes peronistas dejaron trascender que el discurso apuntado al distrito porteño terminó de imponerse con participación directa de Máximo Kirchner.

Imagen de que se repetiría. Se esperan controles más rígidos en Panamericana y otras vías de tránsito entre la Capital y la Provincia.
Imagen de que se repetiría. Se esperan controles más rígidos en Panamericana y otras vías de tránsito entre la Capital y la Provincia. (Franco Fafasuli/)

En las cercanías de Rodríguez Larreta creen que el Presidente hace equilibrios pero atribuyen la tensión al kirchnerismo duro. El jefe de Gobierno de la Ciudad mantiene contacto directo con el Presidente y con al menos dos integrantes de su equipo, Santiago Cafiero y Eduardo Wado de Pedro, además de las conversaciones entre ministros y otros funcionarios de Salud. Consideran además que entrar en zona de confrontación sería riesgoso, política y operativamente frente a la pandemia, y evalúan que en términos de impacto o imagen, los costos se anotan en la otra vereda.

Por supuesto, no falta quienes creen que puede tratarse de un juego combinado, con lógica de Cristina Fernández de Kirchner y cálculo presidencial, pero la línea es marcada por Rodríguez Larreta en ese terreno. Otros dirigentes –no sólo la llamada ala dura- y legisladores juegan con más soltura y atienden además otros temas: por ejemplo, y últimamente, el DNU de los poderes presupuestarios y la ofensiva del kirchnerismo en la Justicia, con el episodio bochornoso de la inactividad de un tribunal que tiene en sus manos una causa de CFK por falta de equipamiento para desarrollar audiencias virtuales.

El Presidente deja correr movidas de cierto esmerilamiento a Rodríguez Larreta, pero tendría claro que este en este tema juega buena parte de su capital político. Por eso mismo, una hipótesis que se realimenta frente a las tensiones sostiene que CFK apunta cada vez más a pegar sobre esa construcción presidencial. Pandemia y deuda: esos son los dos rubros decisivos para Alberto Fernández. En sus cercanías, lo repiten incluso como blindaje frente a las movidas judiciales de la ex presidente y otros procesados, colocadas en un segundo plano de consideración.

Visto así, sería un juego de conveniencia donde nada es en blanco y negro. Pero el problema de la cuarentena supera lo que se piensa y ejecuta en ese paño. Hay suficientes síntomas graves que algunos advierten: los efectos socio-económicos profundos de la crisis agudizada por la cuarentena y la fatiga colectiva. No se trata de una discusión sobre el concepto integral de salud ni de la lógica que pretende confrontar estrategia sanitaria y caída económica. Vida o muerte, en la simplificación extrema.

En rigor, el Presidente se fastidia con este tema que, en el fondo, considera un elemento inflado para erosionar su figura. Es llamativo, porque colaboró y mucho a alimentar inicialmente aquella contraposición. El resto, lo hicieron los pensamientos extremos, en todas las veredas. Y en ese juego, el kirchnerismo duro se anota además con pretensiones ideológicas. El foco en la Ciudad también se explica de esa forma: mantener la idea de que sólo en los barrios populares de la Capital crecen los contagios y no en la Provincia obedecería a una confrontación de modelos.

El supuesto debate esconde un problema cada vez más evidente: las demoras en instrumentar un plan de detección amplio y más activo que el original. Dicen que está cambiando el modelo con el programa Detectar: ir a realizar testeos en los centros potenciales de mayor circulación y contagio, en lugar de esperar alertas colectivos o individuales. La Ciudad empezó hace apenas quince días. La Provincia está empezando a ponerlo en marcha. Fuentes nacionales y de los dos distritos coinciden en un punto: lo más grave estaría por llegar. Hay análisis en términos sanitarios y además cálculo político, cuya expresión más patética es buscar o anticipar culpas ajenas.

Postal de cuarentena: barbijo y comercio cerrado.
Postal de cuarentena: barbijo y comercio cerrado. (Franco Fafasuli/)

La cuestión económica también estira la cuerda y provoca contradicciones. Desde el ministerio de Economía ya se había dejado trascender inquietud sobre un horizonte muy complicado si no empieza a revertirse el cuadro. Revertir significa reanimar la producción y el consumo. Y eso demandaría flexibilidad inteligente no sólo en algunos rubros y en ciertos distritos, por lo menos a gran escala. La caída fuerte de la recaudación es una señal en sí misma del cuadro general y un problema serió frente a las necesidades crecientes de asistencia social directa, los planes en marcha para empresas y los pedidos de provincias y municipios. La pregunta insinuada por Economía es hasta dónde se puede estirar la emisión como recurso principal.

También Desarrollo Productivo sigue de cerca el tema. Desde el ministerio a cargo de Matías Kulfas dejaban trascender expectativas y algunas cifras sobre cierta reanimación en mayo, sobre todo hacia fines de mes y con proyección a junio. Los números, en algunas producciones y en el mejor de los casos, indicarían una mejora respecto del abismo de abril pero muy por debajo de la primera quincena de marzo, antes de la cuarentena y con indicadores módicos.

El interrogante es cómo afectaría la continuidad del aislamiento en la Capital, el Gran Buenos Aires y buena parte de la provincia. La idea de que lo peor ya está pasando, en términos de actividad económica -como especulaban en alguna área de gobierno- asoma de mínima como un presupuesto a revisar.

Son, en definitiva, contradicciones reales, que se plantean en algunas oficinas de esta gestión y no únicamente fuera del Gobierno. Demasiado riesgo para el juego político que tiñó el camino a esta nueva extensión de la cuarentena, que nos llevará al registro de 80 días en continuado.

Seguí leyendo:

Mario Secco, contra Horacio Rodríguez Larreta: “El tono se va a bajar cuando tomen actitudes coherentes”

Armando Caro Figueroa: “Hoy, sin estabilidad, la flexibilización laboral sería dañina para los trabajadores”