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Las historias más difíciles de Adriano: la dura infancia en la favela, el tiroteo que casi mató a su padre y el “vacío irreparable” en su vida

Adriano supo brillar con la camiseta del Inter (Shutterstock)
Adriano supo brillar con la camiseta del Inter (Shutterstock) (Back Page Images/Shutterstock/)

“Pantalones cortos y los pies descalzos. Esa es la vida de un niño que crece en la favela”

Adriano Leite Ribeira, mundialmente conocido como Adriano, nació el 17 de febrero de 1982 en Vila Cruzeiro, una de las favelas más peligrosas de la ciudad de Río de Janeiro. En una sección en la página web del Inter en la que viejas glorias de la institución le escriben una carta a los hinchas del cuadro neroazzurro, el brasileño contó detalles de cómo hizo para esquivar a las tentaciones, el día que una balacera cerca de su casa casi mata a su padre y el “vacío irreparable” que siente.

“Tenía diez años, y en una tarde aparentemente normal, de repente oí unos balazos en la calle. Una de ellas terminó en la cabeza de mi padre, Almir. Fue objetivo por casualidad, por accidente”, describió el ex futbolista de Parma, Fiorentina y Roma.

El delantero, campeón de la Copa América 2004 con la selección de Brasil, recuerda que tras ese accidente fue el momento en que debía convertirse en un “verdadero hombre”. “Recuerdo que hubo muchos días muy largos y difíciles, con mi madre Rosilda en el hospital y yo en casa con mi abuela Wanda. Intentaba ser útil: de vez en cuando me paraba en la esquina de la calle y lustraba zapatos por dinero. Mis días consistían en colegio, entrenamiento y tardes esperando. El día en que mi padre Almir volvió del hospital fue uno de los más felices de toda mi vida”, afirmó.

La pelota fue su vía de escape. “Si vives en una favela, no ves mucho futuro, pero siempre traté de apuntar un poco más alto gracias al fútbol. Cuando naces y creces en una favela, es difícil imaginar un futuro diferente, un futuro brillante”, afirmó el ganador de 2 Copa Italia, 3 Supercopas de Italia y 3 Serie A con el Inter.

Para intentar cumplir su sueño, su madre le mintió al resto de la familia e hizo un gran sacrificio. “Mi madre decidió llevarme al Flamengo, para inscribirme en una escuela de fútbol. Aunque teníamos que pagarla, y mi padre sabía que no teníamos dinero y no podíamos permitírnoslo. Sin embargo, mi mamá Rosilda no me negó ese sueño. Le dijo a mi padre que nuestra tía podría ayudarnos a pagarla. Eso era una mentira para el bien de todos, y ella empezó un trabajo extra vendiendo dulces en la calle”, relató el brasileño, cuyo último paso por el fútbol fue en el Miami United de Estados Unidos en 2016.

Adriano, en una favela de Brasil (@adrianoimperador)
Adriano, en una favela de Brasil (@adrianoimperador)

“Es difícil soñar. Sin embargo, mi madre, mi padre y mis abuelos siempre me mostraron el lado positivo de las cosas. Ellos marcaron la diferencia en mi vida: me permitieron concentrarme en el fútbol”, recalcó Adriano, que con gracia recordó que en sus inicios era lateral izquierdo. Y luego, agregó: “Me encantaba jugar fútbol, pero tenía un objetivo claro: comprar una casa para mi familia”.

Ya en Italia, y luego de un pequeño periodo de adaptación, la carrera de Adriano subió a pasos agigantados, hasta hacerse un nombre entre los mejores delanteros de la época. Sin embargo, algo marcó su vida para siempre: la muerte de su padre. “Agosto de 2004, Bari. Estaba en el autobús con mis compañeros de equipo, y mi teléfono celular sonó: ‘Papá Almir está muerto’. Pensé que era una pesadilla. Esperaba que fuera así. No puedo describir mi desesperación en ese momento. Nunca he sentido un dolor tan horrible e insoportable en mi vida”, relató.

Adriano regresó lo más rápido posible a Milano para buscar un vuelo de regreso a casa: “Solo yo sé cuánto sufrí. La muerte de mi padre dejó un vacío irreparable en mi vida”.

Julio Cruz, en diálogo con Infobae hace algunos meses, rememoró el duro momento que vivió el brasileño y cómo el plantel intentó ayudarlo: “Era un pibe fantástico. Él se crió en la favela, con problemas personales. La muerte del padre le hizo un click en la cabeza, pero para peor. Obviamente todos tratábamos de ayudarlo. Los argentinos, los portugueses, como Figo, que hablaba su misma lengua. Todos le hablábamos, pero la mente humana es especial. Vos no podés saber lo que pensaba. Nosotros le podíamos hablar, pero a la media hora hacía lo que quería. Entró en una depresión y no tenía la compañía justa a su alrededor y no lo ayudaron como debían. Fue una lástima, porque era un fenómeno”.

Adriano aprovechó la ocasión para agradecerle a la institución y el afecto por parte de sus compañeros, en su vuelta a los campos de juego, que fue con gol incluido ante el Basel de Suiza. “Puse toda la energía que tenía en dedicar ese gol a mi papá Almir.Todavía recuerdo los abrazos de mis compañeros de equipo. El Inter estuvo muy cerca de mí en uno de los períodos más difíciles de mi vida. Moratti fue como un padre para mí. No solo él, sino también Zanetti y otros cercanos a mí. Estoy extremadamente agradecido con todos, porque llevaré esos recuerdos conmigo para siempre”, concluyó.

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