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Alberto Fernández y Xi Jinping intercambiaron cartas personales por la crisis global del coronavirus

Todavía no hablaron por celular, ni cruzaron un chat, pero ya es fluida la relación diplomática entre Alberto Fernández y Xi Jinping. Hace tres meses, el presidente se enteró de la tragedia del coronavirus en Wuhan y escribió una carta personal a su colega chino. En esa misiva expresaba la solidaridad de la Argentina ante la compleja situación humanitaria, y se ponía a disposición de Pekín ante una tragedia social que hasta ese momento sólo pertenecía a una lejana y desconocida ciudad asiática.

El 17 de marzo, tres días antes de anunciar la cuarentena obligatoria ante la arremetida del coronavirus, Alberto Fernández recibió a Zou Xiaoli, embajador chino en la Argentina. Zou puso en manos del presidente argentino una cálida respuesta de Xi a la primera carta que recibió desde Buenos Aires expresando su respaldo a China por las consecuencias de la pandemia en Wuhan.

Y a continuación sucedió un hecho que estaba fuera de protocolo: Alberto Fernández le pasó su celular personal al embajador de China, que no podía apagar su sonrisa diplomática. “Si tiene algún problema, usted me llama”, le dijo el presidente.

Ese cónclave bilateral fue extenso y el embajador chino se comprometió a donar insumos para la batalla que Argentina preparaba contra la pandemia. La colaboración llegó al Ministerio de Salud y ya se está utilizando para contener el avance del coronavirus.

Esta tarde, el Embajador Zou Xiaoli fue recibido por el Presidente de la Nación Alberto Fernández en Olivos. Uno de los temas del encuentro consistía en la respuesta conjunta a la pandemia COVID-19. pic.twitter.com/uOPPixL7Ew

— Embajada de China en Argentina (@ChinaEmbArg) March 17, 2020

Cuando las donaciones de Pekín arribaron a Buenos Aires, Alberto Fernández escribió de nuevo a Xi jinping. Tenía presente que su colega chino había reconocido que Argentina fue uno de los primeros países en expresar su solidaridad por la tragedia en Wuhan, y ahora quería ratificar el sentido de las relaciones bilaterales y agradecer los insumos básicos que habían volado durante muchas horas para llegar a los hospitales públicos del conurbano y la Capital Federal.

En plena crisis del coronavirus, que volvió a enfrentar a Washington con Pekín, Alberto Fernández exhibe una posición diplomática que bascula entre los intereses regionales de la Casa Blanca y su pretensión de mantener una agenda multilateral “desideologizada".

El presidente no olvida la colaboración de Donald Trump en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero trata de colocar a la Argentina en una posición de equilibrio entre las dos estados más poderosas del planeta. No es un gesto inocente, es pura realpolitik: China será motor del mundo después de la pandemia, como ocurrió con la crisis de las hipotecas en 2008. Y Jair Bolsonaro exhibe una posición de constante crítica a Xi Jinping, que Alberto Fernández intenta utilizar en favor del país.

Esta táctica diplomática empieza a causar beneficios. Ayer llegó a Olivos la última carta del líder comunista dirigida al jefe de Estado argentino. Xi Jinping vuelve a ponerse a disposición del país y reitera su solidaridad frente a las consecuencias humanitarias y económicas causadas por el coronavirus.

“Xi señaló que la parte china está deseosa de seguir compartiendo con Argentina su experiencia en prevención y control del COVID-19, así como terapias, y brindándole asistencia en la medida de las posibilidades a fin de intensificar los intercambios y la cooperación contra la enfermedad y contribuir a preservar la seguridad de la salud pública mundial y regional”, informó la agencia oficial china Xinhua respecto al contenido de la misiva enviada desde Zhongnanhai a la quinta de Olivos.

Alberto Fernández en su despacho de la quinta de Olivos
Alberto Fernández en su despacho de la quinta de Olivos

Las cartas de Xi Jinping tampoco son inocentes. El líder comunista defiende los intereses de Pekín aplicando puro softpower: no hay que desplegar ejércitos para lograr un nuevo balance de poder, alcanza con donar insumos, dar créditos blandos o construir centrales nucleares a costos subsidiados.

La pandemia creará un nuevo sistema de fuerzas en el ámbito global, y China y Argentina se preparan -cada uno con sus propias capacidades- para ubicarse de la mejor manera posible. Alberto Fernández y Xi Jinping tienen coincidencias pragmáticas que pondrán en juego cuando sea el momento de definir los nuevos alineamientos geopolíticos regionales.