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Del control de los planes sociales a la discusión por los militares en las calles: los frentes de conflicto que el coronavirus abrió en la provincia de Buenos Aires

Acel Kicillof acordó con Hugo Moyano trasladar a los infectados de la provincia de Buenos Aires a las 320 camas del Sanatario Antátida ubicado en Caballito. En la reanudación de las obras que aún faltan. Alberto Fernández prodigó elogios al camionero. El hecho generó enojo entre otros sectores sindicales que lo llegaron a llamar "patético".
Acel Kicillof acordó con Hugo Moyano trasladar a los infectados de la provincia de Buenos Aires a las 320 camas del Sanatario Antátida ubicado en Caballito. En la reanudación de las obras que aún faltan. Alberto Fernández prodigó elogios al camionero. El hecho generó enojo entre otros sectores sindicales que lo llegaron a llamar "patético".

El gobernador de Buenos Aires, la provincia más populosa del país, y con la mayor cantidad de pobres, indigentes, desocupados y trabajadores informales de la Argentina, vio modificado con la llegada de la pandemia el ya complejo panorama político, social y político que enfrentaba su gestión. También el precario equilibrio que mantenía con la Casa Rosada y su inquilino, Alberto Fernández, quien no es su mentor, como sí lo es la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La emergencia y las urgencias sanitarias por el Covid-19 catalizaron algunos temas que ya estaban en la agenda nacional y provincial, y desaceleró otros.

Alguno de ellos son la pelea por las altas y bajas de los planes sociales y el descontento de los intendentes por haber perdido el control de ese reparto que quedó en manos de dirigentes del Movimiento Evita que además tienen cargos en el gobierno nacional, como Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro.

A esto se le suma el conflicto generado por la difusión en redes sociales de las planilla de distribución de alimentos de los 1100 comedores que organizan los movimientos sociales. La información fue desmentida, no porque allí no se entregaran viandas, sino para que los vecinos no se agolparan en busca de un bolsón de alimento. Las organizaciones sociales también reclaman por el freno que sufrieron las cooperativas anotadas en el programa Argentina Hace a las que el Covid-19 dejó en un segundo plano.

El manejo del plan de seguridad en manos de Sergio Berni -un hombre de la ex Presidenta-, que ya se enfrentó públicamente con su par a nivel nacional, Sabina Frederic, aún no arrancó.

El alineamiento de Axel Kicillof con Hugo Moyano, uno de los dirigentes sindicales más desprestigiados y con peor imagen en la sociedad, por la atención de enfermos bonaerenses de coronavirus el Sanatorio Antártida, llevó a que Fernández, y no el gobernador prodigara elogios a la figura del camionero. El hecho generó malestar dentro del sindicalismo. Al mandatario lo llegaron a calificar de “patético”.

El destacado rol del Ejército en la logística del Conurbano para distribuir alimentos en barrios vulnerables obligó al gobernador a realizar un fino equilibrio entre el entusiasmo de algunos intendentes por sacarse fotos juntos a generales y ollas con guiso y La Cámpora, que los quiere en los cuarteles y lejos de las calles.

Un combate a 5 fuegos que tiene como telón de fondo una pandemia que ya mató a más de 50.000 personas en el mundo.

El factor militar

La irrupción del Ejército en los municipios más vulnerables del Conurbano bonaerense fue el último de los problemas que se le sumó a Axel Kicillof.

Al ex ministro de Economía la ideología siempre le gana. La presencia de los militares en las calles, aún desarmados, con un cucharón en la mano repartiendo alimentos, le genera profundas contradicciones, y fricciones con encumbrados dirigentes de La Cámpora. Un ejemplo es la titular del PAMI, Luana Volnovich, ahijada dilecta del diputado Máximo Kirchner, y de estrecha confianza del ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro.

Ninguno de los tres apoyó el desembarco logístico de los “verdes” en el polvorín bonaerense.

Es más, la administradora de la obra social de los jubilados y pensionados ni siquiera apareció dando consejos a los adultos mayores para que se queden en sus casas.

Tampoco lo hizo el titular de la Gerencia de Comunicación y Relaciones Institucionales del PAMI, Guido Emanuel Volnovich, su hermano.

Tampoco fue una iniciativa del ministro de Defensa, Agustín Rossi, que el Ejército cocine y distribuya, en Quilmes y La Matanza los alimentos adquiridos por los intendentes con dinero que les llega de forma directa del ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Daniel Arroyo.

Tampoco la colaboración que la Armada Argentina presta en Exaltación de la Cruz, Luján y Zárate.

Cristina Kirchner, primero desde Cuba por teléfono, y después de manera directa una vez que volvió al país con su hija Florencia, le dijo: “Alberto, ¿a vos te parece sacar a los milicos a la calle?”.

“Cristina, vos sabés que aprecio todos tus consejos y mirada, pero en este caso, Néstor habría hecho lo mismo”, dicen que le contesto el Presidente en tono conciliador.

Mayra Mendoza, otra destacada militante camporista, e intendenta de Quilmes, tenía reparos con la llegada de los hombres y mujeres camuflados a su distrito. Pero la reacción positiva que tuvo la distribución diaria de un plato de comida entre los habitantes de asentamientos como La Matera la terminó de convencer y hasta entusiasmar.

Así y todo, Mendoza se trasformó en la primera intendenta en hablar con el ministro Rossi para que el Ejército colabore con la distrubución de alimentos que son adquiridos con dinero del municipio y con el refuerzo de partidas presupuestarias que le llega a través del ministerio comandado por Arroyo. La dirigente recibió una administración diezmada y con una pobreza e indigencia que supera a lo de comunas aledañas.

De hecho acordó prorrogar la presencia de militares que terminaba el 31 de marzo a fines de abril.

La jefa comunal reconoce en privado que fue Sergio Berni, el ministro de Seguridad bonaerense – cristinista hasta los huesos- quien se puso al hombro la llegada de los militares al Conurbano.

Es el único del espacio K alineado con la idea. Coronel médico y abogado defendió la posición asegurando que “esta es la primera conducción de las Fuerzas Armadas instruida completamente en democracia”.

La Cámpora y el kirchnerismo más duro perdieron esa pulseada a manos de Alberto Fernández y de Berni, este último un aliado impensado.

La seguridad en la mira

El campeón de karate, buzo táctico, y paracaidista, está más cerca de algunas políticas que en materia de seguridad implementó Patricia Bullrich, que las de la antropóloga Sabina Frederic.

A Berni el coronavirus le produjo un impasse en su lucha contra la delincuencia que venía perdiendo. Más allá de las declaraciones públicas de Kicillof criticando a la gestión de María Eugenia Vidal, la violencia narco instalada en barrios y asentamientos continuaba como cuatro meses atrás. Pero la cuarentena obligó a los delincuentes a replegarse. Poca gente en las calles, muchos policías recorriendo, y demasiados controles en los accesos para que los piratas del asfalto roben camiones con mercadería o para que los traficantes trasladen por las rutas sus embarques de cocaína y marihuana.

A tres meses de haber asumido, los motochorros continuaban haciendo de las suyas, y los ladrones se atrevieron a matar a un cajero bancario en Isidro Casanova.

Berni y Kicillof apenas lograron ordenar –y a medias- la conducción de la mayor fuerza de seguridad del país integrada por unos 90 mil hombres. El 10% de ellos tienen sumarios abiertos en la Dirección General de Asuntos Internos por actos de corrupción y amparar el delito, entre otras aberraciones.

Sergio Berni, a diferencia de Sabina Frederic, está a favor de la utilización de las pistolas Taser por parte de la fuerzas de seguridad. La iniciativa habia sido impulsada por patricia Bullrich.
Sergio Berni, a diferencia de Sabina Frederic, está a favor de la utilización de las pistolas Taser por parte de la fuerzas de seguridad. La iniciativa habia sido impulsada por patricia Bullrich.

Como jefe de la fuerza nombró al segundo de la gestión de Cristian Ritondo, el comisario general Daniel García.

Lo hizo después de revisar de arriba abajo su legajo y comprobar que era un hombre de confianza, intachable y que su patrimonio personal y estilo de vida se correspondía con su sueldo y el de su pareja, también oficial de la fuerza.

Jorge Oscar Figini lo acompaña en la gestión como subcoordinador general operativo.

Así como a García lo precede su legajo y carrera, a Figini lo hace ser un hombre del riñón del ex polémico jefe de policía durante la gestión del gobernador Daniel Scioli, el comisario general Hugo Matzkin.

De esa manera, gobernador y ministro intentan mantener alineada la interna policial que tanto dolor de cabeza suele generarles a los mandatarios de turno.

Sergio Berni habla con el diputado Cristian Ritondo, su antecesor en el cargo. A la izquierda, el jefe de policía, Daniel García. (Franco Fafasuli)
Sergio Berni habla con el diputado Cristian Ritondo, su antecesor en el cargo. A la izquierda, el jefe de policía, Daniel García. (Franco Fafasuli)

Recién después que pase la pandemia, con suerte a mediados de año, se sabrá si las políticas de seguridad -que aún no fue puesta a prueba- dará resultado.

Por ahora, el vecino bonaerense está más preocupado por el enemigo invisible que mata a miles de personas a diario en Europa, y por la asfixiante situación económica por la que pasa, que por la inseguridad.

La economía infectada por el coronavirus

El 31 de marzo pasado, Fernández mantuvo una videoconferencia desde la Quinta Presidencial de Olivos con más de 30 intendentes de la provincia de Buenos Aires.

Durante más de dos horas analizaron la situación de cada distrito en relación al coronavirus. Para eso habían sido convocados. Sin embargo, barones del Conurbano como Mario Ishii, de José C. Paz, sacaron a relucir otros temas que los ahogan, que hacen al complejo panorama económico y social. Hay persianas bajas y los trabajos informales, como albañilería, están prohibidos.

El resto de los alcaldes no tardaron en aportar sus propios padecimientos. Algunos de los asistentes virtuales al encuentro fueron Jorge Ferraresi, Fernando Espinoza, Néstor Grindetti, Martín Insaurralde, Lucas Ghi, Gustavo Posse, Diego Valenzuela, Jorge Macri, Mariano Cascallares, Juan José Mussi, Fernando Gray y Alejandro Granados, entre otros.

El Presidente no estaba solo. Lo flanqueaban el gobernador Kicillof y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, la tercera pata de la coalición de gobierno.

CFK también estaba representada por su hijo Máximo.

Durante la última videoconferencia con intendentes del Conurbano Bonaerense, Alberto Fernández recibió la preocupación de los ediles por las consecuencias económicas que produce la cuarentena. Baja de más del 50% en la recaudación. (Presidencia)
Durante la última videoconferencia con intendentes del Conurbano Bonaerense, Alberto Fernández recibió la preocupación de los ediles por las consecuencias económicas que produce la cuarentena. Baja de más del 50% en la recaudación. (Presidencia)

Fue Fernando Gray, el intendente de Esteban Echeverría, quien aportó un dato lapidario. No era nuevo, ya lo había manifestado públicamente: en su distrito, por efecto del “aislamiento social obligatorio”, hay unos 20.000 comercios cerrados; los dueños de bares y restaurantes le aseguraron que, pasadas las dos semanas, deberán cerrar las persianas de manera definitiva; que la recaudación municipal cayó un 55%; y que la ayuda social, solventada con dinero del municipio, se triplicó. A eso había que sumarle los aportes que Arroyo hace desde el Ministerio de Desarrollo Social. El resto lo apoyó.

Es más, el gobernador aseguró que a las arcas provinciales también ingresó casi un 50% menos de recaudación, y que algunos de sus pares peronistas lo consultaron si estaba evaluando reeditar los “patacones” para pagar sueldos y deudas con los proveedores que amenazan con cortar servicios.

La Matanza y Quilmes son dos de los distritos bonaerenses con mayores números de pobreza e indfigencia.
La Matanza y Quilmes son dos de los distritos bonaerenses con mayores números de pobreza e indfigencia.

No lo reconocerá públicamente, pero el mandatario bonaerense ya le expresó a Fernández su disconformidad por la parálisis económica, de la cual la provincia solo podrá salir si es auxiliada con una mayor emisión monetaria por parte del Banco Central.

“¿Por qué salud o economía? Debería ser salud y economía”, cuentan que se le escuchó decir al ex jefe del Palacio de Hacienda. En voz baja, hasta algunos ministros del gabinete nacional afirman que es correcta esa visión.

Las mismas voces sostienen que el éxito o fracaso de la gestión del líder del Frente de Todos está en manos del manejo que de la pandemia realice su ministro de Salud, Ginés González García, y de la inteligencia que hasta ahora demostró Daniel Arroyo para socorrer con fondos para la compra de alimentos y de asistir a las familias más necesitadas con 10.000 pesos para compensar la imposibilidad de salir a hacer changas.

Ese refuerzo económico favorece también al gobernador Kicillof, quien ya había recibido reportes sobre malestar en municipios del Conurbano profundo. Algunos intendentes peronistas lo alertaron sobre desbordes sociales y posibles saqueos.

Antes de la pandemia, Kicillof le llegó a decir al ex jefe de Gabinete que había llegado a Balcarce 50 “gracias a los votos de la provincia” de Buenos Aires. O sea, a él.

La relación nunca fue la misma. Aunque ante las cámaras lo disimulen.

En la Casa Rosada aseguran que buena parte del exito o fracaso de la administración de Alberto Fernández esta en manos su ministro de Salud, Ginés González García y el manejo de la pandemia.  
Foto: Lihueel Althabe
En la Casa Rosada aseguran que buena parte del exito o fracaso de la administración de Alberto Fernández esta en manos su ministro de Salud, Ginés González García y el manejo de la pandemia.
Foto: Lihueel Althabe

Los planes sociales en la mira

En esa misma teleconferencia, y ante las quejas que le realizaban los intendentes porque los planes sociales quedaron exclusivamente en manos del Ministerio de Desarrollo Social a través de Emilio Pérsico, secretario de Economía Social, Fernández les dijo: “Hay que controlar los planes sociales”.

Fue Pérsico -no los jefes comunales- quien se sintió aludido, aunque por los apuros del coronavirus, el tema quedó en cuarentena.

El piquetero cumple una doble función: es funcionario y secretario general del Movimiento Evita. A él se le otorgó la llave de las “altas y las bajas” de los planes sociales. No lo hizo Fernández, sino Cristina Kirchner.

“Todo pasa por Emilio. Cuando Arroyo llegó al ministerio él ya estaba adentro”, exagera -o no tanto- otro encumbrado dirigente piquetero que describe como pocos el ánimo entre algunos militantes barriales que se sienten excluidos del reparto de planes.

Emilio Pérsico es funcionario del ministerio de Desarrollo Social. Sobre él recaen "las altas y las bajas" de los planes sociales. (Gustavo Gavotti)
Emilio Pérsico es funcionario del ministerio de Desarrollo Social. Sobre él recaen "las altas y las bajas" de los planes sociales. (Gustavo Gavotti)

El fin de semana pasado, a través de las redes sociales circuló un listado de 1100 comedores y merenderos administrados por los movimientos sociales. Se aseguraba que en esas direcciones se repartían alimentos.

Primero la Corriente Clasista y Combativa (CCC), conducida por el diputado de extracción maoísta Juan Carlos Alderete y después el ministerio de Arroyo salieron a desmentir a través de varios comunicados la veracidad de esa información.

Infobae acreditó que esos merenderos y comedores existen y que están ubicados en barrios carenciados. Y si bien allí no se entregaban alimentos, sí se asiste a niños y familias a través de viandas.

La “desmentida”, pudo saber este medio, fue para que no se agolparan cientos de personas en busca de supuestos bolsones con harina, fideos, yerba y conservas. La supuesta “operación” para que convocar a los más necesitados de los barrios en esos centros cumunitarios habría estado “armada” por algunas organizaciones que reclaman más alimentos para sus movimientos en esta época de vacas muy flacas.

Una situación parecida le tocó transitar al intendente de José C. Paz, Mario Ishii. Se anunció a través de las redes y de boca en boca que en un punto determinado de su municipio se repartirían alimentos y no era así. El propio intendente fue hasta allí, encaró a sus vecinos y les dijo que los habían engañado.

“Alguien los hizo venir acá, juntarse. Yo les voy a decir algo. En José C. Paz se prevé que pueden morir 4.000 mil personas, 5.000 mil personas por este quilombo del coronavirus. ¿A ustedes les parece que pueden juntar a la gente así para pegarse?”, les dijo fiel a su estilo, y prometió: “Si ustedes dejan los nombres durante la semana van a ir las asistentes sociales, domicilio por domicilio”.

Ya sea por cuitas políticas locales, o para reclamar que el Estado distribuya más comida y planes entre el 10% de los movimientos sociales que quedaron fuera de la estructura estatal, en los barrios del Conurbano hay muchas familias que pasan hambre. Por eso se apiñan ante la posibilidad de recibir un refuerzo alimentario.

Las organizaciones sociales que quedaron fuera de la estructura del Estado presionan para conseguir planes sociales y alimentos para sus comedores.
Las organizaciones sociales que quedaron fuera de la estructura del Estado presionan para conseguir planes sociales y alimentos para sus comedores. (Franco Fafasuli/)

Daniel Menéndez, subsecretario de Promoción de la Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social y coordinador nacional del poderoso Barrios de Pie, ya lo advirtió ante este medio: “Estamos por un desfiladero. Estamos bordeando el precipicio”. También reconoció: “Hay sectores (en la dirigencia social) más minoritarios que están expresados por lo general en la izquierda que tienen un cuestionamiento general hacia las políticas de los gobiernos, y que es atendible en base a las desigualdades que hay, pero buscan una salida que no compartimos”.

Sindicatos, el conflicto impensado

Desde el Instituto Patria sostienen que la idea de que Hugo Moyano le ofrezca el Sanatorio Antártida a Kicillof para internar a los pacientes con coronavirus del Conurbano en las instalaciones ubicadas en Acoyte y Rivadavia, en pleno corazón porteño, provino de la vicepresidenta de la Nación.

Otros afirman que la iniciativa fue del propio líder camionero. Ese centro de salud, propiedad del gremio, fue inaugurado en tres oportunidades, pero nunca abrió sus puertas. Hace unos meses sufrió un principio de incendio. Una falla en los tableros de electricidad.

La del miércoles pasado fue la tercera reinaguración. Las anteriores fueron en 2009 y en 2018. Estaban presentes el jefe de Estado y el mandatario bonaerense. Frente a un Moyano -y su hijo Pablo- exultante Fernández pareció cometer un error político no forzado: se puso en la vereda opuesta del sentir de la mayoría de la sociedad y del propio gremialismo, alineado hasta ahora con la Casa Rosada casi sin fisuras. A los Moyano se los identifica con actos de violencia, presuntos casos de corrupción, lavado de dinero, y patoterismo. También con las viejas políticas sindicales, aunque no son los únicos desprestigiados por estos supuestos dentro del gremialismo.

El Presidente lo calificó de “dirigente ejemplar”. Lo dijo así: “Hugo es un dirigente gremial ejemplar. Los empresarios no lo quieren porque cuida a los suyos; nunca cedan, sean como él". La frase no fue inocente: la verbalizó en medio de su confrontación con empresarios, como Paolo Rocca, el CEO de Techint, que dejaron a miles de trabajadores en la calle, o aumentaron los precios de insumos básicos en medio de la cuarentena.

Alberto Fernández calificó de "dirigente ejemplar" a Hugo Moyano. (Presidencia)
Alberto Fernández calificó de "dirigente ejemplar" a Hugo Moyano. (Presidencia)

Pero eso no fue todo. “Siempre que me encuentro en circunstancias como esta, rescato a un hombre que fue central para esto, que fue Hugo Moyano. Era parte de un trío que manejaba la CGT. Siempre le estaré agradecido a Hugo por esos años, porque nunca hubiéramos podido salir si él no se hubiera comprometido. Hoy está mostrando el mismo compromiso”, lo endulzó.

Kicillof, parado al lado del presidente del Club Atlético Independiente, sonreía.

Hasta ahora Moyano se mantenía en una posición equidistante. Apoyaba las medidas del Gobierno, pero reclamaba cargos para sus allegados. Apoyaba la unidad gremial, pero no daba muestras de acercamiento con la conducción de la CGT que abandonó.

Quizás el Presidente calculó que con sus palabras y la acción de recorrer las instalaciones de la obra social OSCHOCA terminaría por arrimar a Moyano, o alguno de los dirigentes de Camioneros, a la conducción cegetista para así tener a la mayor cantidad de referentes gremiales alineados en una única CGT para los ajustes económicos que se vienen post pandemia.

"Los elogios de Alberto Fernández a Moyano no tienen sentido y me parece que se para en una punta de la sociedad", opinó uno de los popes sindicales sobre los dichos del jefe de Estado. (Maximiliano Luna)
"Los elogios de Alberto Fernández a Moyano no tienen sentido y me parece que se para en una punta de la sociedad", opinó uno de los popes sindicales sobre los dichos del jefe de Estado. (Maximiliano Luna) (Maximiliano Luna/)

Las primeras reacciones no parecen favorables. Dos popes gremiales de inocultable animosidad contra Moyano, pero alineados sin fisuras al gobierno del Frente de Todos expresaron su disgusto por las palabras del jefe de Estado hacia el camionero.

“No entiendo mucho esto de hacer un acto de campaña de la solidaridad. Es como si uno de los gremios le hubiera dado la llave del hotel donde tiene aislado a casi cien pasajeros que le mandaron. Moyano no le suma a Alberto, quizás sí a Axel, pero no al presidente. El Negro debe de haber pedido que lo blanqueen”, expresó uno.

El segundo fue más lejos: “Lo de Alberto fue patético. Los elogios a Moyano no tienen sentido y me parece que se para en una punta de la sociedad. Alberto tuvo como primicia romper la grieta. Ya con lo de ‘empresarios miserables’ se fue un poquito y con la barbaridad de elogios hacia la figura de Moyano se terminó de ir. Todos conocemos la historia de Moyano. Con esto no solo que se fue, sino que socialmente se paró del otro lado. Alberto no la está viendo venir. Me cuesta entender su momento político”, opinó.

Cinco días antes, Axel Kicillof había firmado en la ciudad de La Plata un convenio con Moyano para atender a pacientes bonaerenses con coronavirus en el Sanatorio Antártida. Durante el acto, ponderó las 330 camas cedidas por el gremio de los Camioneros. Sin embargo, de su boca no salió una sola palabra elogiosa hacia la figura del sindicalista.

Es parte del equilibrio, quizás impensado, que debe mantener en tiempos de coronavirus.

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