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El Poder Judicial está en crisis y cada vez más débil

El primer gran escenario fue la crisis de la justicia federal de Comodoro Py, que fue objeto de feroces críticas, medidas de auditoria, propuestas de cambios durante todo el año 2018. El 2019 comenzó con un discurso del presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, quien dijo que el Poder Judicial no tenía legitimidad, como si él no formara parte del mismo, y no fuera la cabeza de ese poder. Continuó con la paralización del Consejo de la Magistratura, los cortes de servicios, paros continuados del gremio, declaración de emergencia, quejas de los Colegios de abogados y un silencio absoluto por parte del presidente de la Corte que, dicen los jueces, no se hizo cargo de solucionar esa falta de legitimidad que diagnosticó.

En lo que va del 2020, la crisis se agudizó con el debate sobre las jubilaciones, a la que seguirá, seguramente, la reforma de la justicia federal y el pase de la justicia nacional a la ciudad de Buenos Aires, como lo anunció el presidente Alberto Fernández en la Asamblea Legislativa.

Para la opinión pública, el Poder Judicial es una casta de privilegiados, debilitado, vaciándose de jueces, con un Consejo de la Magistratura que no logra funcionar bien y con una Corte Suprema prácticamente inexistente. Pero ahora empezó a advertirse otro problema, esta vez externo, que se escucha cada vez más en distintos sectores: ¿no es demasiado riesgosa esta situación?

Casi todos los temas importantes de este país terminan en el Poder Judicial, y sobre todo en la Corte Suprema, y eso genera temores en casi todos los sectores por distintas razones.

El oficialismo, la oposición, los gobernadores, los empresarios, los periodistas, los gobernadores y muchos otros sectores expresan sus preocupaciones cada vez más serias y urgentes. Veamos algunos ejemplos:

Los organismos de derechos humanos se quejan de que desapareció la Comisión Interpoderes que se había creado hace varios años, de que muchas decisiones importantes están paralizadas en el despacho del presidente Rosenkrantz, y nadie olvida el 2×1 que éste impulsó.

Los jubilados están preocupados por su situación y no tienen seguridad de cuál será la posición de la Corte Suprema, sobre todo por el voto oscilante de los ministros incorporados por Mauricio Macri en esta materia, Rosenkrantz y Rosatti.

Carlos Rosenkrantz, presidente de la Corte Suprema de Justicia (Adrián Escandar)
Carlos Rosenkrantz, presidente de la Corte Suprema de Justicia (Adrián Escandar)

Los temas de corrupción están en una debacle que preocupa tanto a quienes los impulsan como a los acusados, porque los principales actores en la materia son los Tribunales Orales, que están todos en crisis y trabajando tan lentamente que la situación puede llevar años.

Los presuntos avances sobre los jueces federales y, posiblemente sobre las justicias provinciales, chocan contra el silencio de la Corte, que tuvo una extensa tradición en la defensa de la independencia del Poder Judicial.

La situación interna de la Corte es también motivo de grandes preocupaciones.

Una reciente foto en la Asamblea Legislativa muestra la enorme soledad del presidente Rosenkrantz, y su debilidad es un comentario generalizado en todos los sectores. Sólo lo sostiene la oscilación de su colega Rosatti que ha manifestado públicamente, y lo ha hablado con varios senadores, que desea ser presidente dentro de dos años porque ahora no tiene los votos para serlo, por lo tanto, conviene mantener a Rosenkrantz por ahora. Es difícil saber si esto es así, pero la actitud especulativa es desesperante y genera una enorme inestabilidad.

El máximo Tribunal ha tenido cierta estabilidad en sus fallos a partir de la consolidación de una mayoría que trata de mantener la tradición de grandes sentencias que alguna vez le dio prestigio, pero, como es evidente y todos lo comentan, ha prescindido totalmente de su rol de cabeza de un poder del Estado. Tal vez, quien más duramente lo expresó fue el dirigente gremial Piumato, quien lanzó una dura queja contra el presidente de la Corte.

Ya nadie oculta que los jueces y las juezas dan a conocer sus quejas en un off cada vez más sonoro.

En este contexto, vuelven a aparecer los rumores de ampliación del Tribunal, que tanto desprestigio le trajo en los años noventa. Pareciera descartada la idea de ampliación en salas por ser inconstitucional, pero se sigue postulando la cifra de siete miembros. Aunque se descarte públicamente, la idea ronda la cabeza de varios funcionarios del actual gobierno.

Lo que queda claro para todos los ciudadanos es que la debilidad del Poder Judicial no es motivo de festejo en una República.

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