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Los tres ejes del discurso sobre la economía: herencia bajo investigación, restructuración de la deuda y creación de un Consejo Económico y Social

El presidente se dirige a la Asamblea Legislativa. A su derecha, Sergio Massa. A su izquierda, Cristina Kirchner. REUTERS/Agustin Marcarian (AGUSTIN MARCARIAN/)

En materia económica, el discurso de Alberto Fernández tuvo tres ejes. El primero, mirando hacia atrás, El segundo, mirando alternativamente hacia atrás y hacia adelante. Y el tercero y último, mirando al futuro.

La mirada hacia atrás insumió la parte inicial, donde el presidente hizo una durísima descripción de la herencia recibida e informó que el Banco Central está abocado a una “pormenorizada” investigación del proceso de endeudamiento de los últimos años, en qué se utilizaron los fondos y cuáles fueron sus beneficiarios. Al respecto, el primer mandatario mencionó en diferentes oportunidades los conceptos de “fuga de capitales” y “especulación financiera” como sinónimos, en un contexto en el que los emparentó, aunque sin usar esas palabras, con los negocios personales y la corrupción.

La derivación de esa parte del discurso insinúa más recorrido político y judicial que económico, pues se insinúa como una suerte de contraofensiva, una suerte de revancha contra las denuncias e investigaciones judiciales que, aunque algunas de ellas de origen previo, se profundizaron a partir de 2015 y derivaron en imputaciones, procesamientos y en algunos casos la cárcel para figuras emblemáticas del kirchnerismo.

El presidente profundizó la dureza de ese núcleo discursivo con el uso de la expresión “Nunca más”, la célebre formulación del fiscal Julio Strassera en los juicios a los comandantes de las Juntas Militares que ya había usado para equiparar presuntos abusos judiciales de los últimos años con los crímenes de la dictadura 1976-1983. Así, enumeró los “Nunca más” a “un endeudamiento insostenible”, “a decisiones que se toman con ínfulas tecnocráticas y de espaldas al pueblo” y “a la puerta giratoria del endeudamiento de dineros que se fugan dejando tierra arrasada”

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner flanqueada por el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y la diputada Claudia Ledesma Abdala de Zamora  (Franco Fafasuli)
La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner flanqueada por el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y la diputada Claudia Ledesma Abdala de Zamora (Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

Claramente, el discurso asoció el endeudamiento y la política económica del macrismo a los aspectos más dramáticos de “la herencia”, desde la inflación record de 2019, el monto y la concentración de vencimientos de la deuda pública, el 9,7% de tasa de desocupación, los 19 meses consecutivos de caída de la industria y el 40% de capacidad instalada a la que funciona actualmente, la paralización de obras públicas, los aumentos cercanos al 2.000 % del gas y del 3.000 % de la electricidad del período 2015-2019 y la cita de un estudio de la FAO según el cual entre 2015 y 2018 la “inseguridad alimentaria” en la Argentina aumentó un 71%, amén de mencionar también el brote de sarampión más importante desde el año 2000 y que el gobierno liberó 12 millones de vacunas que estaban retenidas en la Aduana.

El principal desafío, enfatizó el presidente, es “derrotar el hambre que asola a millones de compatriotas” porque, remató, “comer no puede ser un privilegio”. Por cierto, el discurso hizo allí afirmaciones de dudosa comprobación como un incipiente florecimiento de la Economía Social y “almacenes que ven como crecen sus ventas”.

Cerrando ese capítulo, el discurso listó las primeras medidas del gobierno: aumentos de suma fija, congelamiento de tarifas y combustibles, que se cuidó de calificar como “temporario”, fuerte reducción de las tasas de interés, relanzamiento de los programas Precios Cuidados y Ahora 12, moratoria para Pymes y Monotributistas y nuevas líneas de créditos del Banco Nación. Se trata, explicó, de medidas para “tranquilizar” la economía, lograr una base inicial para encarar una etapa de recuperación.

Respecto de la “batalla contra la inflación", se volcó más a los instrumentos de control y al señalamiento de “formadores de precios” como culpables de que los precios de los alimentos sigan aumentando pese a tarifas y combustibles congelados y para perjuicio de “los pobres bobos condenados a pagar lo que consumimos”.

Mirada bifronte

El segundo eje, de mirada bifronte, se refirió a la decisión de restructurar la deuda, en lo posible de modo ordenado. El presidente repasó allí su reciente recorrido por Israel y Europa, donde -dijo- encontró comprensión respecto de la situación en que está hoy el país, concepto que engarzó con la reciente declaración del FMI que, en coincidencia con el gobierno, sostuvo que la deuda argentina es “insostenible” y agradeció expresamente al Papa Francisco por sus conceptos sobre la deuda y el funcionamiento de la economía mundial.

Aunque dijo que busca una restructuración amigable, Fernández también dijo que no cree en un nuevo ajuste de las cuentas públicas. “No hay peor alternativa que austeridad fiscal en recesión”, señaló, receta que asoció a “más pobreza, más desigualdad, más exclusión”. Pero rescató el trabajo “constructivo” y el “entendimiento mutuo” con el FMI para lograr un acuerdo “sostenible”. Esa, dijo, será la base de la oferta a los acreedores privados que se hará “en las próximas semanas”.

La Asamblea Legislativa en momentos previos al discurso presidencial (Franco Fafasuli)
La Asamblea Legislativa en momentos previos al discurso presidencial (Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

El futuro

Hacia adelante, el presidente hizo énfasis en la necesidad de impulsar las exportaciones, anunció “una batalla nacional por el gas y el petróleo”, el demorado proyecto para reimpulsar la hoy semiparalizada Vaca Muerta, y otros ejes como el apoyo a los sectores pymes y tecnológicos para crear “cadenas de valor” en torno de la energía y la minería y proyectos como “movilidad sustentable”, “parques industriales” y explotación del litio. “Somos un gobierno de científicos, no de CEOs”, dijo al respecto.

El último y tercer eje de la palabra presidencial fue la creación del “Consejo Económico y Social para el Desarrollo Argentino”, que -dijo- estará integrado por figuras notables y de todos los sectores, propuestos por el Ejecutivo pero que deberán contar con aprobación del Congreso. Allí, invocando a Alfonsín, el presidente llamó a anteponer los intereses de la República y señaló que la creación del Consejo significará también una limitación a sus propias facultades presidenciales.

Ese Consejo, señaló, diseñará la “agenda del futuro” y tendrá incluso el asesoramiento técnico de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

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