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Llegó el FMI en su primer viaje con Alberto Fernández como presidente y ya negocia con el Gobierno: qué tipo de nuevo acuerdo podría hacer con Argentina

Un logo del Fondo Monetario y vidrios que reflejan el centro de Washington, donde está emplazado el organismo, a menos de 500 metros de la Casa Blanca REUTERS/Yuri Gripas (REUTERS/)

El inicio de los intercambios de información y las evaluaciones técnicas de la misión del Fondo Monetario que visita esta semana Buenos Aires llegará más temprano que tarde a dos cuestiones clave: la “quita” de la deuda argentina a los acreedores privados y el tratamiento de la deuda con el organismo multilateral.

El Gobierno prioriza, por razones de magnitud y agenda, la restructuración con los acreedores privados (esto es, con los bonistas). Es más del doble que la deuda con el FMI, y los vencimientos son cuantiosos a partir de abril, de ahí el objetivo de cerrarla el 31 de marzo. En cambio, el primer vencimiento con el FMI recae en septiembre de 2021 y las sumas más pesadas en 2022 y 2023.

El Fondo estima que la Argentina necesita hacer una “quita” de capital a los acreedores privados cercana al 20%, trato que por estatuto rechaza para sus propias acreencias.

Invoca un estatus de “acreedor privilegiado”, por actuar como “prestamista de última instancia” en situaciones de crisis, cuando se secan otras fuentes de crédito; por cobrar intereses mucho más bajos que los mercados de capital; y porque su capital se conforma con aportes de los 189 países miembros.

En cambio, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) cree que corresponde una quita.“Yo me pregunto, cuando dicen ‘no, no se puede hacer una quita al capital del FMI porque su estatuto prohíbe hacer quitas. ¿Pero cómo que el estatuto del FMI prohíbe hacer quitas? También prohíbe que se den préstamos para permitir fugar el dinero. ¿Y por qué vamos a hacer valer una prohibición y la otra no?”, señaló en Cuba, en la presentación de su libro Sinceramente.

Como ya explicó a Infobae el ex representante de la Argentina ante el Fondo, Héctor Torres, defaultearle o pedirle una quita al Fondo significa defaultearles o pedirles una quita a los otros 188 países miembros de la institución. Algo así como que el socio de un club pida dinero y no quiera devolverlo todo porque le dieron demasiado. Más allá de los cambios de gobierno, los entes multilaterales se atienen al principio de continuidad jurídica del Estado, en especial si no hay ruptura del orden institucional.

Por otro lado, el alcance del concepto de “fuga de capitales” es muy amplio: incluye el dinero que los argentinos guardan en el colchón o en cajas de seguridad. Además, casi el 80% de los desembolsos del Fondo fueron usados para pagar deudas en dólares y más del 10% para cancelar deudas en pesos.

El presidente Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán dicen que no pedirán quita, sino una ventana de hasta cuatro años sin pagar capital ni intereses.

El Menú del Fondo

Será una discusión apretada. Lo más cercano a eso en el menú de opciones del Fondo es el “Servicio Ampliado del FMI” (EFF, por sus siglas en inglés) de un plazo máximo de 4 años o su variante, el “Servicio de Crédito Ampliado” (en inglés, ECF), de un plazo máximo de 5 años, pero limitado a países de bajos ingresos, categoría en la que no entra la Argentina y cuyo uso sería muy resistido por el directorio.

Así las cosas, la oferta más generosa que podría hacer el Fondo es un nuevo Stand-By, de hasta 3 años de plazo (calzando desembolsos con los vencimientos de 2021 a 2023 y estableciendo repagos de 2024 a 2026) o un EFF que aparee desembolsos con vencimientos y estipule un calendario de repago de 2024 a 2027. En ambos casos, se estaría “pagando a sí mismo” para estirar los plazos del país.

La posibilidad de reprogramación probablemente ya estaba en los cálculos del acuerdo original. Según la última proyección del FMI, las amortizaciones que debe realizar la Argentina son de USD 3.035 millones en 2021, 18.854 millones en 2022 y 22.096 millones en 2023. Esas cifras asumían desembolsos por unos 13.000 millones que el FMI al fin no hizo, porque rehusó la última cuota al gobierno de Macri y luego Alberto Fernández decidió prescindir del resto. Pero aun restando esos 13.000 millones, es un calendario insoportable.

La Argentina es por buen margen el principal deudor del Fondo, seguido por Egipto, Ucrania, Pakistán y Grecia. Entre los cinco explican más del 77% de la cartera de deudores del organismo, pero esa cartera equivale a 15% del capital del Fondo y 10% de su “capacidad prestable total”.

En cualquier caso, el país está lejos de la cifra que dio CFK en Cuba, donde dijo que el gobierno de Macri recibió “el 60% de la capacidad prestable” del FMI.

La deuda argentina con el Fondo equivale al 43% de la actual cartera crediticia del organismo, al 6,5% de su capital y al 4,3% de su “capacidad prestable”, que surge de sumar a su capital líneas bilaterales de países como EEUU, Japón, China y Alemania. Estos son, precisamente, los principales accionistas, lo que se refleja en su poder de voto en el directorio de 24 “sillas” del Fondo, donde tallan fuerte EEUU y algunos países de Europa y Asia.

La deuda argentina con el FMI equivale al 43% de su actual cartera crediticia, al 6,5% de su capital y al 4,3% su capacidad prestable total, de un billón de dólares, que surge de sumar a su capital, de 670.000 millones, líneas bilaterales de las principales potencias de la economía mundial

Argentina tiene el 0,66% de cuota del Fondo, aunque el director argentino, Sergio Chodos, detenta el 1,59% del poder de voto en el directorio, porque al peso propio suma los de Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

Sergio Chodos, el argentino en el directorio del Fondo. Representa también a Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.  Nicolás Stulberg 162
Sergio Chodos, el argentino en el directorio del Fondo. Representa también a Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Nicolás Stulberg 162

Ventana a la historia y la política internacionales

De igual modo, los directores italiano, holandés, español y brasileño tienen un poder de voto superior al peso específico de sus países de origen. Representan, igual que la Argentina, a grupos de países, que son una ventana a la política internacional: el director ruso representa también a Siria; el brasileño, a la africana Cabo Verde y a la índica Timor Oriental, además de una miríada de naciones de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe; el italiano, y no el español, suma a Portugal. Herencias y recelos históricos.

Según James Boughton, ex funcionario e historiador oficial del FMI, la idea de que la Argentina puede imponer condiciones por ser el principal deudor es errónea.

“Ser un gran deudor no da a ningún país mucha palanca con el Fondo”, dijo Boughton a Infobae, en una nota publicada en enero. “Lo más importante es la fortaleza de las relaciones con los grandes acreedores del FMI. Si los EEUU o la Unión Europea fueran indiferentes a los pedidos de ayuda de un país, éste tendría muy pocos elementos con que negociar, no importa cuál fuera su posición financiera ante el Fondo, simplemente porque estar al día con el FMI es esencial para cualquier país endeudado que quiera acceder a los mercados internacionales”.

Tal es el tablero y las piezas de la partida que recién empieza.

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