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Cómo piensa Miguel Pesce, el nuevo titular del Banco Central

NA 162

El elegido de Alberto Fernández para comandar al Banco Central (BCRA) es todo menos un desconocido para el mercado financiero local. Miguel Pesce fue vicepresidente de la entidad durante los mandatos de los cuatro banqueros centrales de Cristina Fernández de Kirchner. Como segundo de los cuatro banqueros centrales de la ex presidenta acompañó las decisiones más importantes de esa era, como el uso de reservas para pago de deuda que eyectó a Martín Redrado del cargo o los controles cambiarios de 2011 en adelante. Además, en su paso por la autoridad monetaria publicó tres papers basados en su experiencia en los que defiende las intervenciones para contener al dólar, las trabas al flujo de capitales de corto plazo y afirma que la tasa no es suficiente para conducir la política monetaria.

Pesce es un economista de 57 años egresado de la Universidad de Buenos Aires y formado políticamente en el radicalismo, antes de sumarse a las filas de los “radicales K”. En su paso por la vicepresidencia de la autoridad monetaria entre septiembre de 2004 y diciembre de 2015 trabajó junto a cuatro banqueros centrales: Martín Redrado, Mercedes Marcó del Pont, Juan Carlos Fábrega y Alejandro Vanoli, hoy director de la Anses. En su desempeño como funcionario impulsó el desarrollo del mercado de futuros de dólar, como una herramienta extra para reducir la volatilidad cambiaria, y fue partidario de un mercado regulado tanto a nivel cambiario como crediticio.

Durante sus once años como funcionario del BCRA publicó tres trabajos académicos en el Bank of International Settlements (BIS) en los que repasó el sentido de algunas de las medidas de las gestiones en las que participó.

Dólar administrado

El de más relevancia para la coyuntura inmediata que enfrentará Pesce lleva por título “Intervención cambiaria en las economías de mercado emergentes: lecciones, cuestiones e implicancias para los bancos centrales”, publicado en el año 2013.

Entre otras definiciones, se muestra a favor de la intervención en el mercado de cambios, resalta su relevancia para el control de la inflación, defiende la acumulación esterilizada de reservas y defiende las trabas a los capitales de corto plazo.

“En economías como la argentina, el control de la volatilidad del tipo de cambio nominal es importante porque las variaciones del tipo de cambio a corto plazo tienden a afectar las decisiones de consumo e inversión y, por esta razón, las intervenciones del banco central están orientadas tanto a prevenir como a reducir la volatilidad nominal que va más allá de los fundamentos económicos. Además, en los países dolarizados, al igual que en muchas economías de mercado emergentes (EME), también es importante controlar la volatilidad del tipo de cambio, dadas las repetidas experiencias de crisis del sector financiero provocadas por el colapso de la balanza de pagos (ciclos habituales de parada y arranque)”, escribió Pesce en lo que respecta a la intervención cambiaria.

Además, afirmó en el mismo trabajo, el control del dólar es la variable clave para contener a la inflación. “En países como Argentina, con fuertes vínculos entre los movimientos del tipo de cambio nominal y la inflación interna, los altos niveles de volatilidad del tipo de cambio tienden también a ser un amplificador de la inflación interna. Esta característica tiene mayor importancia en los países en desarrollo que en los industrializados”, sostuvo el nuevo banquero central.

Trabas a capitales de corto plazo

En otro orden, en el momento de la publicación del trabajo Pesce valoró la imposición de límites al movimiento de capitales de corto plazo, algo que inició el entonces ministro de Economía Roberto Lavagna en 2005 y que establecían un encaje del 30% por un año a ciertos flujos de capitales, entre otras trabas, y que el Ministerio de Hacienda removió totalmente en 2017. La decisión, apoyada por el BCRA de ese entonces, fue señalada por el entonces titular de la entidad Federico Sturzenegger como uno de los problemas que apreció al peso e impidió una lectura correcta de su política monetaria.

Esas trabas removidas por el Gobierno de Cambiemos eran calificadas como exitosas por Pesce en 2013: “Otra forma de regular los mercados de divisas en las economías emergentes ha sido la introducción de medidas para desalentar las entradas de capital a corto plazo y mitigar las salidas repentinas. Con el fin de disminuir los efectos negativos de los flujos de capital a corto plazo, la Argentina ha adoptado con éxito una serie de medidas para hacer frente directa o indirectamente a este problema. Desde mediados de 2005, las autoridades económicas han aplicado medidas orientadas a regular y desalentar los flujos de capital a corto plazo”.

Emisión monetaria

Un punto que en el corto plazo puede tener incidencia en el día a día de la gestión de Pesce, en caso de que el BCRA siga aprovechando los controles de cambio para acumular reservas, es el destino de los pesos que se emiten cada vez que la entidad suma reservas en el mercado cambiario. En su publicación, el banquero central de Fernández se muestra partidario de esterilizar -esto es, sacar de circulación pesos con instrumentos como las Lebac o la Leliq- el dinero emitido con este fin, de manera tal que “el sostenido crecimiento anotado por los activos externos no socavar el equilibrio del mercado monetario”.

Sin embargo, quienes lo conocen sostienen que en su gestión no necesariamente esterilizará cada peso que se emita para comprar reservas o por otra vía, dado que considera que los agregados monetarios son bajos en relación al producto. La posibilidad de expansión monetaria, dicen, dependerá de la demanda de dinero en el sentido que la expansión no se vuelque a precios o, en una economía dolarizada, a compra de divisas.

En otra contribución al BIS publicada antes, en el 2006, Pesce se centró en las regulaciones bancarias. Allí, se mostró partidario de reducir la exposición de los bancos al sector público y en favor de las regulaciones macroprudenciales que evitan hoy que las entidades le presten dólares a empresas o personas que tienen ingresos en pesos, una de las lecciones aprendidas de la crisis de 2001 que no fue modificada por ninguna de las administraciones del BCRA posteriores a ese colapso. También, señala la importancia del impulso a los préstamos minoristas como dinamizadores del consumo.

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