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Alberto Fernández busca cerrar las internas y se concentra en Economía, sin esperanza en Lavagna

Alberto Fernández almorzó ayer con Hugo Moyano ((Twitter: @pablomoyano_ok)/)

Los movimientos más visibles de Alberto Fernández confirman algo que ya parecía claro: necesita ajustar el frente interno como pieza central de gobernabilidad. Y los movimientos menos evidentes darían cuenta de la tarea que más lo preocupa: la conducción económica. Dicen en medios del nuevo oficialismo y afirman otras fuentes políticas de primera línea que Roberto Lavagna cerró definitivamente las puertas a los ofrecimientos, repetidos, para ser de hecho el ministro más importante del gabinete que viene. Si nada cambia en las próximas 48 horas, el presidente electo pondrá en marcha un plan con jerarquías repartidas y quizá mayor exigencia personal.

Faltan apenas seis días para el estreno del nuevo gobierno y las especulaciones sobre el equipo presidencial no se reducen, sino que por el contrario se reproducen incluso con una originalidad: hay quienes sostienen que el organigrama está prácticamente cerrado y que sólo resta esperar que se disipe el “humo”. Según esa mirada, las tensiones domésticas no alterarían el cuadro de manera significativa, aunque en algunos casos serían motor de versiones cruzadas.

Como sea, en Economía asomaría un problema sensible. La insistencia en las gestiones para sumar a Roberto Lavagna ha sido real, no pura especulación. Alberto Fernández mantuvo un par de conversaciones directas. Y recién entre el domingo a la noche y ayer, circuló con firmeza la información de una negativa definitiva del ex candidato y ex ministro. La caída del proyecto para contarlo como figura destacada –capaz de generar por sí mismo imagen de solvencia y confianza, según se imaginaba- podría opacar lo que viene, como una especie de alternativa o segundo plan.

Por supuesto, siempre se dejó en claro desde el círculo de Alberto Fernández que el mayor referente en economía –y de “excelente” relación personal- es Matías Kulfas. Nunca quedó fuera del dibujo para el gabinete que viene: en todo caso, se cruzaban versiones sobre qué cargo ocuparía. El panorama que se abriría ahora es el de un ministerio muy fuerte, cuyo nombre podría ser Producción, que sólo cedería tareas de Hacienda.

Visto así, los nombres que siguen girando se concentran en Hacienda. Y en ese listado, figura Martín Guzmán, que abandonó la categoría de “tapado” y que tendría peso central en la enorme tarea de reestructuración de la deuda. Hasta hace apenas unas semanas, ese terreno parecía asignado a Guillermo Nielsen, cuestionado, dicen, por Cristina Fernández de Kirchner y mirado con recelo en oficinas del equipo de Alberto Fernández. Se verá si la declinación es irreversible.

Los casilleros de Economía son fundamentales en la preocupación del presidente electo. Es fruto de una mirada realista sobre el panorama que deberá afrontar apenas asuma: la situación económica y social, y la deuda. En la misma línea, aunque parezca de menor valor, estarían encaminadas las acciones para amortiguar el frente interno, potenciado además públicamente por el dominio de espacios que viene exponiendo la ex presidente.

La convergencia de las dos inquietudes –económicas e internas- fue expuesta especialmente por la rápida gestión de los últimos días para abrochar en la agenda un encuentro con Hugo Moyano y una decena de sindicalistas que le responden en la dura y apenas silenciada disputa doméstica de la CGT.

El asado de ayer en San Telmo, en la sede de los camioneros, fue un gesto político para nada menor. No se trata ya de mostrar “unidad” sindical, inexistente, sino de asegurar que el moyanismo acompañe el plan de acuerdo social que Alberto Fernández intentará poner en marcha entre sus primeras medidas.

Moyano y sus aliados no han podido desbancar al actual armado que mantiene la conducción cegestita –con Héctor Daer como principal figura y sustento de gordos, independientes y otras piezas de peso-, pero están lejos de haber abandonado sus aspiraciones. Menos aún, aceptarían quedar colocados como acompañantes silenciosos de esa conducción, que aparece como principal apoyo sindical de la nueva gestión.

El mensaje más alarmante había sido dado por Moyano con su carga contra la posición de los secretarios de la CGT sobre los pedidos de bonos de fin de año. La notoria mesura de Daer, asegurando que esa era una cuestión de cada actividad, fue cuestionada por Hugo Moyano –después de una primera andanada de su hijo Pablo-, que hizo extensivo el pedido de un pago extra de fin de año a los jubilados y a beneficiarios de planes sociales. No se trataría sólo de una pulseada con los sectores empresariales, sino de la caja estatal.

En el plano interno, es sabido que Moyano observa especialmente las versiones sobre designaciones en el área de Transporte. También es conocido su interés por la delicada y nada nueva situación de OCA. En cambio, no objetaría la designación de Claudio Moroni en Trabajo, ya como ministerio. Sí hay especial atención sobre algunas formas de flexibilización laboral que vienen siendo analizadas por encargo del presidente electo. Son temas de final abierto, pero el guiño concreto tendría que ver con la necesidad de no complicar las chances de un acuerdo gremial y empresarial.

Alberto Fernández tuvo un fuerte gesto con Sergio Massa
Alberto Fernández tuvo un fuerte gesto con Sergio Massa

El otro movimiento de Alberto Fernández pensado en la interna fue la cita con el nuevo armado de Diputados. Buscó mostrar distensión con Sergio Massa, en el mismo ámbito que tendrá como jefe de un bloque oficialista único a Máximo Kirchner. Se podría presentar lo que viene como fruto de la unidad y, a la vez, como avance del kirchnerismo puro o limitación del espacio de massista. Lo cierto es que Massa presidirá la Cámara y Máximo Kirchner exhibirá un poder que antes era menos visible. El manejo de las estructuras orgánicas y administrativas también lo refleja.

La formalización de ese esquema se producirá hoy, siete días después de que la ex presidente consagrara su dominio en el Senado y luego de casi una semana de internas cruzadas, que incluyeron reacomodamientos en el tablero territorial, es decir, el juego de gobernadores y el esquema de poder que viene. El capítulo final queda para el gabinete.

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