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Los inversores quieren saber si Alberto Fernández dará un giro “pro mercado” ni bien asuma

El presidente electo Alberto Fernández (REUTERS/Mariana Greif) (MARIANA GREIF/)

Hace tres semanas que ganó las elecciones, pero hasta fueron escasas las señales que dio Alberto Fernández sobre su futuro gobierno. Ni siquiera apuró la transición y sus equipos técnicos no mantuvieron reuniones con el actual equipo económico, quizás para evitar que se filtren posibles medidas o evitar definiciones sobre cargos claves. Las dudas le ganan por goleada a las certezas y el comportamiento de las principales variables financieras así lo reflejan.

Aunque todavía sin confirmación, ya está bastante claro que las principales áreas de la economía serán manejadas por Matías Kulfas, Cecilia Todesca, Guillermo Nielsen y Miguel Pesce. Podría haber lugar para un “tapado” como Martín Redrado, de buen diálogo con Alberto Fernández pero con pésima historia tras su paso por el Central con la otra Fernández: Cristina. Estos nombres sugieren algo que el propio presidente electo dijo durante el primer debate presidencial: “Por momentos habrá que tomar medidas ortodoxas y en otras heterodoxas”.

Kulfas y Todesca serían los encargados de diseñar las medidas más “imaginativas”, que promuevan la mejora del consumo y la defensa del mercado interno. Del otro lado Nielsen será el que deberá cargar de racionalidad las negociaciones con los acreedores y de qué manera encarar la negociación con el FMI, a partir de un viejo precepto: que se tense pero que no se rompa.

Los primeros pasos del presidente electo no fueron precisamente tranquilizadores para los mercados, como lo refleja el riesgo país a más de 2.500 puntos básicos. Su primera visita oficial fue a México, lo que profundizó el alejamiento de su principal socio comercial, Brasil. Ocupó mucho tiempo criticando a la Justicia en América latina, acusándola de querer meter preso a los gobernantes progresistas. La caída de Evo Morales lo dejó descolocado, tras su encendida defensa de la elección en Bolivia, que luego la OEA declaró fraudulenta. También eligió jugar abiertamente en Uruguay por el candidato del Frente Amplio, pero en el balotaje de hoy podría volver a quedar en offside. Todos estos elementos dejarían a la Argentina más aislada de la región, tanto ideológica como comercialmente.

Mastías Kulfas (Télam)
Mastías Kulfas (Télam)

Kulfas, Todesca, Nielsen y Pesce serían ideales para llevar adelante lo que Alberto Fernández adelantó en campaña: una política económica que mezclará “ortodoxia y heterodoxia”

Sorpresivamente, Alberto Fernández también arremetió contra el gobierno de Estados Unidos, a quien acusó de llevar adelante prácticas “que recuerda a los peores momentos de la década de 1970”, cuando había respaldo norteamericano para las dictaduras latinoamericanas. Enseguida aclaro, sin embargo, que procura tener una “buena relación” con Trump. Quizás un buen ejemplo del manejo ortodoxo y heterodoxo que pretende llevar adelante en su gobierno. Claro que la política internacional no siempre se lleva bien con estas posturas “intermedias”.'

Pero la realidad sobre lo que será el gobierno de Alberto Fernández comenzará a vislumbrarse el 10 de diciembre o apenas algunos días antes. Recién en ese momento se empezarán a dilucidar las incógnitas que hoy existen. Tiene temas muy urgentes y densos por resolver en materia económica. Podrían ser resumidos en estos tres: deuda, déficit fiscal e inflación.

En materia de deuda, Nielsen ya explicó durante una conferencia en Miami que el próximo gobierno quiere buscar una salida “lo antes posible”. Pero que se quiera avanzar rápido no brinda demasiadas pistas sobre lo que se quiere hacer. Por lo pronto, la idea de un canje “a la uruguaya” ya parece haber quedado archivada. Ahora la mayoría de los bancos de inversión especula con una quita bastante agresiva.

Los mercados quieren saber si el próximo Gobierno buscará cerrar el agujero fiscal o prefiere usar la “maquinita” para imprimir. Lo más probable es que en 2020 se dé una mezcla de ambas opciones

Guillermo Nielsen (Enrique Tubio)
Guillermo Nielsen (Enrique Tubio)

“Primero iba a ser el canje a la uruguaya. Después uno a la ucraniana. Y ahora parece que vamos al canje a lo Lavagna”, graficó a sus clientes el economista jefe de una entidad extranjera. De esta forma aludía a la quita récor que llevó adelante Néstor Kirchner en 2005, cuando Roberto Lavagna era su ministro de Economía y Nielsen su secretario de Finanzas. Aunque se empezó trabajando con la idea de evitar quitas de capital e intereses, hoy esta opción quedó descartada. Sobre todo luego de algunas expresiones que dejó Fernández en su gira de la semana anterior: “La Argentina no puede pagar la deuda, primero tiene que crecer”.

En materia fiscal también se podría abrir una “Caja de Pandora”. Las últimas estimaciones, como la que divulgó el IARAF hace pocas horas, indican que el 2019 finalizaría con un déficit primario de casi un punto del PBI, lejos de la meta de “déficit cero” definida en el acuerdo con el FMI. No está claro si la próxima administración arrancará con el compromiso de ir a un programa fiscal equilibrado. Si no lo hace, deberá acudir a la emisión monetaria para tapar el bache de recaudación.

El riesgo país a 2.500 puntos, acciones por el piso y un férreo control cambiario reflejan cuál es el temor de los mercados: que Alberto Fernández privilegie la relación con Cristina Kirchner antes que por avanzar con medidas que alienten la inversión

Entre las opciones que se manejan aparece como altamente probable un aumento de las retenciones, especialmente para el sector agropecuario. A $4 por dólar exportado, el impuesto ha quedado diluido por el aumento del dólar. Otro candidato para reforzar las arcas públicas es Bienes Personales. Un aumento de la alícuota, actualmente en 0,75%, no generaría mucha recaudación pero sí un fuerte impacto político. En un país con 35% de pobreza sería políticamente correcto salir a gravar a los “ricos”. Por supuesto el impacto sobre el ánimo de los inversores sería pésimo, pero ésa es otra historia.

Por último, el combate a la inflación arrancará con el pacto económico y social al que convocará el futuro gobierno ni bien asuma. Es probable que se busque acordar una pauta salarial drásticamente menor a la inflación de este año, que se estima en 55%. Sería una suerte de “borrón y cuenta nueva” que buscaría atacar la inercia inflacionaria y arrancar de cero. Claro que fijar una pauta de aumento de 30 o 35% exigiría también un gran esfuerzo del Estado en la misma dirección.

Recién cuando haya definiciones claras sobre estos temas se sabrá si el futuro presidente apunta a dar señales “pro mercado”. O, por el contrario, prefiere mantenerse cerca de la línea de pensamiento que propone el eje Cristina Kirchner-Axel Kicillof, con una fuerte carga ideológica, de espalda a los deseos de los mercados financieros y un regreso a un fuerte proteccionismo para “proteger” a la Argentina de la invasión de productos importados.

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