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Las diferencias entre Bolsonaro y Fernández son más que palabras cruzadas: riesgos, dudas y mucho en juego

Alberto Fernández y Jair Bolsonaro

Las diferencias publicas entre el presidente de Brasil Jair Bolsonaro y el electo presidente argentino Alberto Fernández generan una situación inédita: desde el regreso de la democracia a la región, los jefes de los gobiernos de Brasil y Argentina han mantenido en general buenas relaciones personales y hasta han acudido a la llamada “diplomacia presidencial” para subsanar problemas o tomar decisiones en la relación bilateral que la (muchas veces) precaria institucionalidad del Mercosur no facilitaba. Sarney y Alfonsín, Fernando Henrique Cardozo y Menem, Néstor Kirchner y Lula da Silva, Dilma Rousseff y Cristina Fernández son ejemplos de ello.

Ahora todo indica que no se estará ante una situación similar. Ello genera alguna inquietud adicional porque –además, y por primea vez en mucho tiempo– aparecen diferencias en la visión estratégica internacional entre Argentina y Brasil. El gobierno de Bolsonaro (más bien las ideas de su poderoso Ministro de Economía, Paulo Guedes) está ejecutando radicales reformas internas (previsional, laboral, fiscal, regulativa privada, administrativa publica) que se acompañan de un cambio externo: pretende un Brasil más integrado a la economía global: Brasil es uno de los 5 países del mundo con menor coeficiente de apertura en su economía –que, apenas superando un 28%, es menor a la mitad que el ratio internacional en el planeta–, lo que le generó problemas en términos de inversión, modernización, competitividad.

Por eso pretende reducir el arancel que pagan las importaciones para facilitar el acceso a tecnología productiva como paso para mejorar la capacidad de ingreso de empresas brasileñas en cadenas internacionales de producción. En la presente fase de la globalización, los intangibles internacionales –conocimiento, propiedad intelectual, ingeniería, patentes, modelos y procesos, servicios, estándares– generan un valor agregado en la economía mundial que duplica al que generan los viejos tangibles, como máquinas y plantas de producción. Es en este contexto que un tercio del valor agregado exportado en todo el mundo está explicado por importaciones que componen esas exportaciones.

En esta línea es que Brasil también pretende tener más capacidad de generación de acuerdos transfronterizos individuales con grandes economías del planeta a los efectos de internacionalizar la cerrada economía brasileña. Esto supone reducir el arancel que es común en el Mercosur (promedio 13%, el más alto de un bloque económico en el mundo, en el que el promedio de carga arancelaria ha caído ya debajo de 5%). Brasil es la novena mayor economía del mundo por su PBI, pero es apenas el 27vo mayor exportador mundial.

Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil (REUTERS/Adriano Machado)
Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil (REUTERS/Adriano Machado) (ADRIANO MACHADO/)

En este clima está en juego, además, la aprobación del reciente acuerdo de asociación entre Mercosur y la Unión Europea que probablemente Brasil ratifique rápidamente una vez que se hayan concluido pasos procesales pendientes.

Bolsonaro manifestó su sospecha de que Argentina no acompañará sus pasos (sea porque no acompañe la línea estratégica, o sea por que lo haga con menos celeridad). Y ha usado sus palabas al respecto de la manera menos diplomática posible para tensar el vínculo de modo poco prudente.

Los dichos del Presidente de Brasil generan una inédita tensión potencial a la relación bilateral argentino-brasileña, que hasta hoy se beneficia comercialmente de la reducción arancelaria reciproca –y la consecuente reserva de mercado reciproca– y una alianza estratégica bilateral más profunda aun, que da amparo a decisiones de empresas que invierten mirando al bloque entero.

Cristina Kirchner y Dilma Rousseff (NA)
Cristina Kirchner y Dilma Rousseff (NA)

No está claro cómo evolucionará el vínculo, hoy amenazado. Se podría estar ante una situación en la que los contendientes se “marcan la cancha” y fijan las posiciones más duras para proceder luego a una transacción, aunque también podría ser la puerta para una circunstancia mas friccional que la que se tuvo por décadas.

Lo primero que Argentina tiene en riesgo en este presente es el confort relativo en el acceso al mercado brasileño. Se trata del principal destino para las exportaciones argentinas. En 2018 fueron 11.300 millones de dólares, lo que supone 18% del total exportado y más de doble que lo vendido a quienes le siguen en relevancia, China y EEUU (este año 2019 las exportaciones argentinas a su socio están cayendo 7,5%). Aunque debe decirse que el vínculo bilateral está en fase menguante: mirando la historia reciente se advierte que el comercio entre ambos medido en dólares alcanzó niveles mucho más altos que los actuales hace algunos años: el récord de exportaciones argentinas a Brasil se logró en 2011 y 2013, con más de 17.000 millones de dólares –21% del total– y el de importaciones desde Brasil, también en 2011, con casi 22.000 millones de dólares, 30% del total.

No está claro cómo evolucionará el vínculo, hoy amenazado. Se podría estar ante una situación en la que los contendientes se ‘marcan la cancha’ y fijan las posiciones más duras para proceder luego a una transacción, aunque también podría ser la puerta para una circunstancia mas friccional que la que se tuvo por décadas

Las exportaciones locales a Brasil se benefician del “arancel cero” pero también del alto arancel que pagan los competidores que ingresan a ese país desde diversos destinos (que verían reducidas las barreras de entrada en caso de achicarse la tarifa fronteriza). Los productos automotores representan casi la mitad de lo exportado a Brasil, que además se compone de trigo, maquinas, químicos y plásticos.

La relación bilateral es para Argentina desde hace mucho deficitaria. Las importaciones desde Brasil en 2018 llegaron a casi 16.000 millones de dólares, pero la brutal caída de las compras externas de este año –desde Brasil, más de 30%– que no será sostenible en el tiempo, modifica el panorama en 2019 excepcionalmente, equilibrando las cuentas. Debe decirse, que para muchas industrias argentinas los insumos brasileños son muy relevantes y, además, que las importaciones de autos desde Brasil son el principal componente del comercio receptivo desde ese mercado.

Para Brasil, Argentina es el tercer mayor mercado en el planeta (compra en Argentina 6,5% de sus importaciones totales y vende 8% de sus exportaciones totales). Pero analizando cualitativamente debe decirse que las exportaciones de pymes argentinas (más de la mitad va a Brasil) y las de empresas industriales (más de 35% va a Brasil) en general tienen en el mayor socio del Mercosur un mercado de mucho más relevancia relativa y que las industriales brasileñas tienen en Argentina su mayor mercado externo en el planeta.

De las exportaciones de las pymes argentinas, más de la mitad va a Brasil. Las de empresas industriales, más del 35% llega a ese país
De las exportaciones de las pymes argentinas, más de la mitad va a Brasil. Las de empresas industriales, más del 35% llega a ese país

Un segundo componente relevante en riesgo es el de las inversiones. En primer lugar porque no pocas inversiones desde Brasil han llegado a Argentina; más de USD 5.000 millones, lo que la convierte en el cuarto mayor inversor externo local, con más de 5% del total acumulado. Pero mucha inversión de otros orígenes que se ha afincado en Argentina (unos 90.000 millones de dólares de stock de inversión externa) lo ha hecho planificando el ingreso a Brasil desde Argentina (puede preverse que un tercio del total de inversión extranjera en Argentina genera negocios en Brasil).

El vecino mayor es un socio que, con una modernización de su espacio productivo, puede facilitar el acceso a una internacionalización virtuosa, en la medida en que es cada año uno de los principales mayores receptores de inversión extranjera directa del mundo y tiene hundidos en su territorio unos 800.000 millones de dólares por empresas extranjeras (casi diez veces lo acumulado en Argentina) que se incrementarían en caso de producirse la apertura anunciada. Pero también Brasil es un relevante emisor de inversión fuera de sus fronteras (acumula casi 400.000 millones por parte de sus empresas en el resto del mundo, lo que supone también unas diez veces lo invertido por las empresas argentinas fuera del territorio nacional). Es así que de las 100 mayores empresas multinacionales latinoamericanas (multilatinas) han nacido en Brasil más que en ningún otro país: 33, contra apenas seis argentinas.

Un tercer riesgo es el desacople. Que Brasil se internacionalice ingresando en la “4ta globalización” (tal la calificación de R. Baldwing) y presione implícitamente a Argentina a una modernización más vertiginosa (e incómoda) o que se despegue de estándares que hoy son compatibles y permite a no pocas empresas argentinas interactuar de modo encadenado con las brasileñas.

De las 100 mayores empresas multinacionales latinoamericanas (multilatinas) han nacido en Brasil más que en ningún otro país: 33, contra apenas seis argentinas

También es riesgoso un desacople en relaciones con terceros en medio de un nuevo proceso mundial en el que se acude a la utilización de herramientas económicas como instrumentos geoestratégicos, lo que puede generar una distancia bilateral mayor a la mera diferencia de visión ideológica entre dos presidentes. Por ejemplo, una eventual búsqueda de Brasil de una alianza con EEUU que Argentina no acompañe con la misma energía, un anticipo brasileño para la puesta en marcha del acuerdo con la Unión Europea sin esperar a Argentina, o acuerdos posibles con otros terceros mercados.

La relación bilateral, por ende, que es histórica y estratégica, se enfrenta a cambios inminentes que están más allá de los perfiles de los gobernantes. Pero está en manos de ellos conducir un proceso que se enfrenta a un tiempo inédito.

El autor es profesor del ITBA, especialista en negocios internacionales

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