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Pablo Marmorato: ”A Graciela Fernández Meijide aún le duele mucho hablar de su hijo”

Pablo Marmorato (Damián Rodríguez/Infobae)

“Un libro sobre mí no te va a servir si no vas a contar mis luces y mis sombras. como todos las tenemos”, le dijo Graciela Fernández Meijide al periodista Pablo Marmorato cuando éste le habló de su intención de retratarla en un libro. “Se lo merecía”, dice el autor ahora, en esta entrevista con Infobae y con el libro ya publicado, Nenuca. La historia de Graciela Fernández Meijide (Sudamericana, septiembre 2019). Aquí se explaya sobre este retrato de una mujer a la que el destino llevó por caminos impensados, a la que el dolor transfiguró y que asume el costo político de apegarse a la verdad por encima de todo.

– ¿Por qué la idea de una historia de Graciela Fernández Meijide?

– Se lo merece. Se lo merecía. Eso fue lo que pensé cuando en diciembre del 2015 se lo propuse. Con un marco, en el que quería planteárselo a Graciela y que no hizo falta porque antes, y eso habla también de su grandeza, me lo aclaró. Me dice: “Mira, encantada pero un libro sobre mí no te va a servir si no vas a contar mis luces y mis sombras como todos las tenemos, tanto que sea que hables con mi familia, con mis compañeros de ruta en los organismos o en mi carrera política. Te recomiendo que preguntes sobre mis luces y mis sombras.”

– Es muy difícil pensar en las sombras de una mujer que empezó siendo una mujer de clase media tradicional, que luego llega a la Asamblea y se transforma en integrante de la CONADEP y después con todo su desarrollo político. ¿Cuál siente ella que son sus sombras?

– Yo creo que ella siempre puntualiza que es una persona vehemente para defender sus ideas. Con buenos argumentos o trata de hacerlo, pero no la movés muy fácil si no argumentas en forma interesante para ella. Entonces ese es uno. Las amigas de ella te podrían contar que le gusta jugar y no le gusta perder ni a las bolitas. Una de ellas, Tita, que juegan al “Apalabrados” (un juego similar al Scrabble que se juega a través de internet), y Tita me contó: “Sabés que el juego se termina cuando ella recién logra empatarme o logra ganarme. Ahí, dice bueno, hasta acá dejamos".

– Cuando declara en el Juicio a las Juntas, que está en contra de la pena muerte incluso para aquellos que hicieron desaparecer a Pablo. ¿Cómo percibís que en ella funcionó esta suerte de resiliencia o de reconversión de sentimientos?

– Eso fue lo que le costó, como ella siempre dice, salirse de la aldea, ¿no? Estar en la aldea, que fueron sus compañeros de los organismos de derechos humanos siempre es más beneficioso, siempre es más cómodo. Decir la verdad para ella era una necesidad, siempre lo fue, pero también tuvo sus costos. Así fue que expresar, entre otras cosas por ejemplo, la cifra de desaparecidos en la Argentina, cuando ella siempre plantea que respeta los 30.000, desde ya que conoce cómo surgieron, cómo surgió esa cifra, pero ese número como número simbólico ella lo respeta, pero por honor y por memoria de cada una de esas personas, de los casi 9.000 desaparecidos que hubo en la Argentina y que está documentado en la Secretaria de Derechos Humanos y en el Parque de la Memoria, que aún son menos, pero por respeto a cada uno de ellos es que plantea su verdad, la verdad histórica.

– ¿Cómo funciona en lo íntimo el recuerdo de Pablo para ella?

– Le duele mucho. Le duele mucho. Yo he hecho aproximadamente, nos habremos encontrado ocho veces, fueron ocho entrevistas, y Graciela puede hablar de Pablo si lo incluye en el relato cómo fue su búsqueda, lo logra anclar en la búsqueda de verdad y justicia posterior, cuando ya sabía que no iba a volver. Pero cuando vos le preguntas a Graciela por ejemplo cómo era él, qué cosas hacía, qué le gustaba, cómo eran unas vacaciones de ellos en familia, le duele al punto que en una ocasión por ejemplo me pidió si podíamos frenar la entrevista, le había subido la presión. Es algo, como ella siempre dice, va a ser un telón gris que siempre va a tener en su vida eso.

– Es de las pocas funcionarias de importancia en la Alianza, ella fue ministra de Desarrollo, que logró reconvertirse en el respeto de la gente. ¿Cuál crees que es el secreto, por qué pasó esto?

– Entrevisté a Carlos Corach. Fue la primera entrevista que él dio, al menos eso me dijo, en 18 o 20 años, desde que se fue de la función pública, y me dijo: “Graciela tiene y tuvo una gran virtud, para cualquiera de nosotros es mucho más difícil saber cuándo irse que cuándo ingresar a la política. Graciela supo en el 2001 que su momento, por lo menos en la política partidaria, había pasado. Ese punto de vista creo que está basado en algo que le reconocemos y es su honestidad intelectual.

– Definime vos después de haberla entrevistado, de haber escrito el libro, quién y qué representa Graciela Fernández Meijide.

– Es una persona de la que aprendo día a día. Desde la admiración que tenía cuando yo era chico y recorrí su carrera política. Está todo el tiempo queriendo aprender. Tiene una capacidad de trabajo increíble, se levanta a las siete y media de la mañana, hace un corte por lo general a la 13.30 hs, cuando se lo permiten las diferentes agendas que tiene, ella además preside el Club Político Argentino. Y después es muy común que termine en tu programa, por ejemplo, un domingo a las once de la noche. Esa es Graciela Fernández Meijide y esa es la admiración que me despierta.

La entrevista completa:

Pablo Marmorato (Damián Rodríguez/Infobae – Santiago Saferstein)