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La soja asoma como una carta ganadora para Argentina, en medio de la guerra comercial

El agro argentino está recuperando los niveles récord de producción de granos.

No hay dudas de que EEUU es un actor central en la formación de precios de la soja. Este cultivo sufrió distintos percances a lo largo del ciclo, por problemas climáticos. Su implantación y desarrollo, por ello, quedaron afectados. Y eso no es todo. El avance de siembra, para fines de mayo, alcanzaba a solo 29%, siendo el promedio histórico de 66 por ciento.

Así las cosas, la producción será la más reducida de los últimos años, con una estimación que gira en torno a 96 millones de toneladas, cuando al arranque de la campaña se predecía un volumen próximo a 114 millones.

En consecuencia, las existencias finales de la nueva campaña se estimaron en apenas 12,52 millones de toneladas, por debajo del volumen de 17,43 millones del reporte mensual anterior y del nivel de 26,4 millones previsto al inicio de la campaña.

La previsión de una menor cosecha de soja en los EEUU dio impulso al avance de precios

Pero estos inconvenientes no terminaron acá. Ahora le toca el turno a la cosecha. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) publicó el estado de avance de la cosecha de soja, al día 27 de octubre, en apenas 62 por ciento.

Este ratio está por debajo del promedio histórico del país. Para la misma fecha, el promedio de los anteriores cuatro años es de 78 por ciento. Y si la situación no es peor es porque, en los últimos días, el ritmo se aceleró.

Por ello, los precios internacionales tomaron cierto impulso. Veremos si se recupera el terreno perdido.

Respecto a la demanda, la gran incógnita viene de China. Pero tal incógnita se refiere a las exportaciones de EEUU. No así a la de los demás exportadores, como nuestro país y Brasil.

Acá incide decisivamente el conflicto comercial entre las dos naciones nombradas. Se entiende que el gobierno chino habría actualmente concedido exenciones a las industrias domésticas para importar soja, sin aranceles, procedente de EEUU por un volumen de 10 millones de toneladas. Pero, aparentemente, todavía no hay nada concreto.

Detengamos nuestra atención en este problema. Este no es estrictamente un conflicto comercial. Más bien se presenta como una disputa de poder entre las dos mayores economías. Es una suerte de puja por el liderazgo tecnológico y geopolítico.

China continuará promoviendo el consumo interno y ahí se amplía la ventaja para las exportaciones del agro argentino

La realidad es que el conflicto de fondo, aunque haya ciertos avances en su camino de solución, permanecerá, porque, en definitiva, se trata de una lucha por el liderazgo.

A diferencia de la sociedad occidental, la china conoce la virtud de la paciencia y la constancia. Aunque China continúe con cientos de millones de pobres, problemas de desigualdad y equidad, la inversión en capital humano, en tecnología y en defensa será una constante.

Sin prisa, pero sin pausa, tal como enseña la fábula de Esopo sobre la orgullosa liebre que por ir más rápido para vencer en carrera a la tortuga creía en un éxito seguro. Sin embargo, cruzó la meta detrás de ésta. Olvidó que lo importante no es correr sino avanzar con constancia.

El dragón asiático amenaza con arrebatar el liderazgo mundial y Donald Trump está dispuesto a impedirlo. El proteccionismo es su respuesta a esta realidad. Su estrategia, en lugar de ofensiva, es más bien defensiva.

Los datos son claros. China ha dejado de sustentar su crecimiento sobre las exportaciones, ahora ha comenzado a basarlo en el consumo doméstico, una tendencia que se acentúa por el gasto de la nueva clase media, que este año alcanzaría a USD 8,2 billones (veinte veces nuestro PBI), con un aumento cercano al 8% anual. Para el año 2030, la nueva clase media llegaría al impresionante número de 1.000 millones de personas.

En este cuadro hay una buena noticia. China podrá ser un problema para EEUU. Pero no para los demás proveedores de soja, como nuestro país.

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