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Fabricio Oberto entre la música y el básquet: “Estuve tan nervioso cuando toqué con el bajista de Pearl Jam como cuando marqué a Shaq O’Neal”

Fabricio Oberto en una de sus últimas actuaciones con su banda. El ex basquetbolista se mueve como un rockstar con su grupo New Indians (Gentileza Alejandro Plá)
Fabricio Oberto en una de sus últimas actuaciones con su banda. El ex basquetbolista se mueve como un rockstar con su grupo New Indians (Gentileza Alejandro Plá)

Gorro gris. Lentes verdes. Chaqueta nevada con algo de brillo. Jeans grises. Así sale al escenario. Con las chapas rubias al viento que, cada tanto, se acomoda con sus manos. Empieza el tema y él, micrófono en mano, pegado a la boca, entra en trance. Canta y baila. Sigue el ritmo con la pierna derecha y, en el estribillo, se agacha, tira puñetazos al aire… En el estribillo se junta con el guitarrista y el bajista e imaginariamente rasga la guitarra que esta vez no tiene colgada… Actúa, hace caras y vuelve a cantar. Cuando la canción le da un respiro, hace palmas por encima de su cabeza, levanta las manos y arenga al público. Abajo, entre las personas que pasaban y se pararon para ver a esta banda como parte del Festival Ciudad Emergente en la Usina del Arte, pocos saben que quién está ahí arriba fue campeón olímpico y subcampeón mundial, que resultó pieza esencial de la mítica Generación Dorada y del mejor equipo deportivo de la historia argentina, alguien que jugó seis temporadas en la famosa NBA y otros siete años en equipos tops de Europa. Ocurre que, más allá de su altura (2m07), no hay otro motivo para creer que el frontman del grupo New Indians es un mítico ex basquetbolista. Ocurre que Fabricio Raúl Jesús Oberto se mueve y se comporta como un rockstar, tiene una voz seductora y forma parte de una banda que hace una música cautivante. Hoy el ex pivote es más que una leyenda del deporte a la cual le gritan “grande Fabri” por la calle y le ponen el nombre a sus hijos. Es un flamante músico, un aventurero ecléctico que ama los desafíos.

-Contame qué te da la música, el cantar y tener una banda. Comparativamente con tu experiencia en el básquet.

-La adrenalina es la misma. Subir a un escenario es como entrar a jugar un partido. Yo siento lo mismo. Los mismos nervios y la misma expectativa. Y lo tomo muy en serio. La música no es mi hobbie. Me estoy dedicando, quiero hacer una carrera como músico. Tengo objetivos, como algún los tuve y los cumplí con el básquet.

-¿Hacer música, tocar y cantar te gusta más que jugar al básquet?

-No puedo decirlo. Yo disfruté toda mi vida de jugar al básquet y lo sigo haciendo ahora cuando me meto en picados con amigos o incluso con gente que no conozco. Pero esto lo disfruto a full, como lo hice con mi carrera de jugador. Estoy en otra época, con una mayor madurez.

-En el básquet fuiste un talentoso, sobre todo en tus inicios, y luego, con el correr del tiempo, te convertiste en un obrero de lujo. ¿Qué sos como músico, un talentoso o un obrero de lujo?

-Un obrero de lujo (se ríe), con suerte. La creatividad y el talento uno los va soltando a medida que tenga más experiencia, más escenario. Yo, como basquetbolista, jugué más de 100 partidos por temporada durante más de 20 años. Pero en la música no tengo más de 30 shows. Es un camino que recién comienzo a transitar.

-¿Y qué rol tenés en la banda en comparación al básquet?

-Un rol un tanto distinto al de mis últimos equipos. Soy el cantante y eso te pone en un lugar de referencia. Y, a la vez, cuando no está Raly (Barrionuevo), debo tocar la guitarra. También escribo. Me gustó desde siempre, la poesía sobre todo. Y hoy trato de aportar desde ahí.

 En su época en los Spurs, cuando compartió equipo con Manu bajo la dirección de Popovich. AP
En su época en los Spurs, cuando compartió equipo con Manu bajo la dirección de Popovich. AP

-¿Y cómo te sentís en el escenario… Como pez en el agua?

-Sí, me gusta, me siento bien, lo disfruto, aunque está claro que todavía no tengo la misma seguridad que en la cancha de básquet. Aún estoy tratando de absorber cosas, de aprender, porque la música es práctica, muchas horas que yo aún no tengo porque empecé de grande.

-¿Qué te falta para sentirte cómodo?

-Años (se ríe). En realidad, me faltan fundamentos porque yo no soy músico de carrera como mis compañeros. Yo no estudié con profes. Recién ahora lo hago, estudio canto para domesticar la voz, entrenarla, tener herramientas para cuando estoy cansado, por ejemplo, porque está claro que no tengo la voz de un frontman importante. También he mejorado el oído. Ahí voy, de a poco, trabajando para ser mejor.

Luciano Moroni, guitarrista de New Indians, interrumpe la nota para hacer su aporte y dar la visión que tienen del ex basquetbolista en el grupo. “Nosotros le llamamos el tío Fab (se ríe mientras lo mira). Es nuestro líder porque tiene una gran visión de grupo. Y porque es muy humilde. No se considera músico, pero para nosotros es uno más, un colega, un músico con todas las letras… Es muy creativo y nos suma mucho, con ideas, miradas. Tiene mucha cabeza”, opina. Fabri, sin decir nada, baja la cabeza, como en un agradecimiento silencioso.

Fabricio está con New Indians desde su nacimiento, a fines del 2015. Con Moroni en guitarra, Federico Galán en bajo y, ahora, con Lucas Videla en batería. El prestigioso Raly Barrionuevo, cuando puede, se suma para darle un salto de calidad al grupo. “Nuestro estilo va hacia el rock alternativo, hacia el grunge. O al pop grunge. Tocamos temas nuestros y a veces versionamos algunos, pero no hacemos covers”, cuenta Oberto. Las referencias son claras: Pearl Jam, Nirvana y Alice in Chains, aunque hoy hay varias bandas nuevas que les mueven el piso. “Tratamos de copiar cosas pero siempre buscando un estilo propio. Estamos en permanente evolución”, explica el ex pivote de Atenas de Córdoba, Olympiacos, Tau Cerámica, Valencia, los Spurs, los Wizards y los Blazers. “Como grupo tenemos objetivos: meter un gran álbum, tocar en lugares copados. Algunos ya los fuimos alcanzando, como hacer una gira por Estados Unidos y tocar en lugares míticos como nos pasó en Seattle, la cuna del grunge”, reconoce Fab, como le dicen en la Generación Dorada.

La gira fue armada a partir que supieron que el 28 de marzo pasado sería la ceremonia del retiro de la camiseta de Manu Ginóbili en San Antonio, a la cual Oberto debía concurrir como amigo y ex compañero de MG20 en los Spurs y la Selección. Entonces, aprovechando los contactos que hizo en sus años en la NBA, Oberto armó una grilla. Y así salieron 15 días en los que pasaron por San Antonio y Los Angeles hasta terminar en Seattle. “Fue una experiencia única, de esas que cimenta un grupo, una gran relación grupal. Estuvimos 15 días viviendo en un motorhome, con todo lo que eso genera”, comenta Fabri. Lo de San Antonio, asegura, estuvo “re copado”. Tocaron en dos lugares, antes y después del retiro de la 20 y los argentinos que habían ido a la ceremonia se aparecieron en ambos. “Hasta Matt Bonner (ex compañero del pivote en los años dorados de los Spurs) nos fue a ver, luego lo cruzamos en el estadio y nos vino a saludar”, recuerda Moroni.

Oberto y su banda en San Antonio, en un pub donde tocaron para parte de los invitados a la fiesta de despedida de Manu Ginóbili. Luego, salieron de gira por dos semanas en un motorhome.
Oberto y su banda en San Antonio, en un pub donde tocaron para parte de los invitados a la fiesta de despedida de Manu Ginóbili. Luego, salieron de gira por dos semanas en un motorhome.

Pero, claro, la frutilla del postre (o del viaje) llegó en Seattle porque terminaron tocando en dos lugares míticos como Fun House e Easy Street Records, donde Pearl Jam grabó un DVD. Todo gracias a la gestión de Jeff Ament, el mismísimo bajista de Pearl Jam, amigo de Fabri. “Sí, tengo la mejor con él y con Eddie (Vedder, el frontman). Los conocí por Brent Barry, que a su vez tiene una banda y se hizo íntimo del grupo cuando jugaba en los Sonics. Nos fuimos conociendo y hoy tenemos gran amistad”, cuenta Oberto. Fue tan loco todo que Pearl Jam, desde sus redes sociales oficiales, publicitó el show de New Indians en Seattle y hasta usó un Instagram Live para transmitir el recital. “Jeff subió a tocar con nosotros y yo estaba más nervioso que cuando lo iba a defender a Shaq”, compara un sonriente Fabri. Lo que más sorprendió fue la gente, como enloqueció. “Tarareaban los temas, los cantaban como podían, incluso en castellano. Nos pidieron discos. Fue muy loco. Aún hoy nos escriben desde allá para ver cuándo volvemos”, comenta.

-¿Te sirvió algo del básquet para la música: el hacer grupo, lo colectivo, tema egos, organización, disciplina?

-Todo eso me sirvió. En esta banda soy el más grande y hemos tenido grandes charlas, pasamos momentos duro. Y a mí me encanta todo lo que es el grupo, su manejo. A quien “ajustar”, a quién decirle tal cosa, con cuál irle más fuerte, a cual menos. Me siento líder. Soy intenso (se ríe) y muy autosuficiente. En la gira quise manejar yo, todo el camino.

Está claro que New Indians es, por ahora, la banda de Oberto. Pero él le pone límites a eso. “Dejo claro que soy parte de un grupo. A veces me invitan a un programa para una nota y me piden que toque. Y les respondo que no, que somos una banda y si quieren que lo haga, deben venir todos mis compañeros”, cuenta. Eso sí, por más leyenda que sea él, el grupo está lejos de tener ínfulas. “No me gusta chapear, trato de no hacerlo. Hemos tocados en lugares chiquitos como talleres de motos. No tenemos problemas de cartel. Todo es aprendizaje”, asegura. Está claro que, igual, su fama sirve. “Me conocen más como jugador que como músico, no hay dudas. Y también es verdad que eso me abrió puertas. Hay varios músicos que les encanta el básquet, que lo juegan… Se acercan y me dicen ‘yo tengo un arito en casa o en la sala de ensayo’. Ahí te das cuenta cómo trascendió aquel equipo, la Selección, lo de los Spurs… Ellos me hablan de básquet y yo de música. Ellos me quieren sacar cosas de la intimidad y yo estoy en modo esponja, buscando que me cuenten cosas que me sirva de la música. Les pregunto de todo”, dice entre risas. Y cuenta una anécdota que sorprende. “El que más me llamó la atención fue Andrés Calamaro. Se la pasa muchas horas por día viendo NBA. Sabe de todo, hablamos de igual a igual”, admite.

Oberto es un tipo sencillo, cálido y con otras cualidades que le permitieron cosechar muchas amistades durante su carrera. Y algunas de ellas le terminan devolviéndole hoy todo lo que él sembró. Le pasa con Tim Duncan, por caso, uno de los mejores amigos que le dejó el básquet. Con él, para muchos uno de los 10 mejores jugadores de la historia NBA, han viajado en moto por distintos lugares del mundo, persiguiendo aventuras. Así conoció a Scottie, el hermano de Tim, quien en su crack en producción de videos e incluso realiza especiales para los Juegos Olímpicos. Scottie llevaba tiempo queriendo hacer un videoclip de New Indians y aprovecharon cuando los tres viajaron en moto a Marruecos para grabar uno (con el tema Home,) en el desierto de Sahara, con la participación del mismísimo Tim. “En el video nadie sabe que es él, hace de un beduino que está tapado con una túnica azul. Uy, develé el misterio”, informa Fab mientras se divierte con su propia infidencia.

El video filmado en el desierto por el hermano de Tim Duncan y Oberto. El de azul, con el rostro cubierto, es el propio Tim que fue "extra" en la producción. (Infobae)

No es la única anécdota increíble que dejó aquel periplo por el Sahara, el cual cruzaron por algunas de las rutas que usó el Rally Dakar. “A los dos se nos rompió a la moto y nos quedamos en el medio de la nada. A él, claro, es Tim (se ríe), lo vinieron a buscar enseguida y a mí recién a las 9.30 de la noche. Cuando me pasó estaba solo y pensé que había zafado por un aparatito que me había comprado y que te rastrean al toque, pero enseguida me di cuenta que no lo tenía, que lo había perdido en la arena… Fueron como nueve horas solo, rodeado de arena, de un silencio que asusta, sin poder bajarte de la moto o tirarte a la arena por la cantidad de bichos que puede venir cuando sienten el calor de tu cuerpo y de la moto: alacranes, víboras… Hasta llegué a filmar un video con el celular para despedirme de la gente (se ríe). En un momento, en el medio de la noche, veo que empezó a aparecer gente de todos lados. Pensé que venían a robar, qué les doy, qué tengo… En realidad me venían a socorrer”, cierra la historia con final feliz. Con Tim también anduvieron por Argentina y Chile, recorriendo la ruta 40. Y tienen pensado otros destinos, como Nueva Zelanda y el desierto de Gobi. Pero, claro, por ahora es imposible, al menos hasta 2020. “Cuando me enteré que Tim había firmado como asistente de Pop en los Spurs, el primer mensaje que le mandé fue de eso, que no estaba pensando en el grupo y los viajes que nos quedaban”, admite, sonriente.

Retirado hace seis años, lo suyo hoy pasa por otros desafíos. La música es el primero, pero no el único. “Soy inquieto, ecléctico, me gustan las nuevas experiencias y los desafíos”, dice quien relanzó su programa De Todos Menos Básquet que tuvo a Manu como primer invitado y ahora seguirá con el músico Emmanuel Horvilleur. También comenzó con un programa de eSports y seguirá como comentarista de la NBA por ESPN. Está claro que no puede mantenerse lejos de su pasión, el básquet. Incluso sorprende al contar que juega picados en canchitas públicas, con jugadores amateurs que se dan cita en esos playgrounds. “Sí, voy los domingos, en Córdoba. Me presento y digo si puedo jugar (ríe). Algunos no me conocen, otros sí. A veces se dan cuenta cuando empiezo a jugar. ‘Este es Oberto, me parece’, dicen. Me respetan el primer partido, luego empiezan a fajarse –se ríe-. A veces me quedo jugando una hora y media, y hasta grabo los picados con una cámara que llevo. Lo hago para mantenerme activo”, detalla quien hace poco volvió a juntarse con sus compañeros de Generación Dorada. Un encuentro especial.

-¿Fue como viaje de egresados pero más maduro?

-Sí, un poco sí (se ríe). En un punto fue como regresar 15 años atrás, a volver a estar concentrados esperando un torneo importante. El mismo sentimiento… Faltaba preguntarnos a qué hora entrenamos mañana (se divierte). Nos quedábamos charlando por horas, las sobremesas eran interminables y los empleados del lugar nos tenían que decir que iban a cerrar, que tenían que limpiar… Extrañaba esas charlas, volver a reencontrarme con las mismas personalidades de siempre.

-¿De qué hablaron?

-De todo, de lo que está haciendo cada uno, pesca, drones, juegos… Por insistencia de Puma y Chapu quedamos en ir a pescar todos juntos, en unos meses, quizás a Corrientes. Yo me anoté, pero sólo voy a cebar mates (se ríe). Y también hablamos de básquet, por supuesto, sobre todo de cómo ha cambiado el juego, de si alguno sigue jugando…

-¿Les dijiste que vos seguís jugando en plazas?

-Sí, y les pregunté por qué no jugamos el Mundial de veteranos…

Oberto le pide información para mejorar su performance musical a los integrantes de la banda, sus compañeros le piden anécdotas de la NBA. (Gentileza Alejandro Plá)
Oberto le pide información para mejorar su performance musical a los integrantes de la banda, sus compañeros le piden anécdotas de la NBA. (Gentileza Alejandro Plá)

-¿En serio? Al menos para volver a disfrutar juntos.

-Sí. Para disfrutar y ganar. Olvidate que si volviésemos a competir, aunque sea en veteranos, buscaríamos volver a ganar (se ríe).

-¿Qué sentís hoy que fue la Generación Dorada?

-Algo muy especial, con un legado enorme que a veces caes cuando te encontrás con la gente. Un día pedí un delivery y el chico que me trajo la comida se quedó helado cuando abrí la puerta. No lo podía creer. Me dijo que su hijo se llamaba Fabricio Emanuel, te imaginarás por quiénes. Ahí te das cuenta. No te alcanza nada para agradecer que te honren así.

-Y ahora llegó otra camada que también generó un boom y logró un subcampeonato mundial, como ustedes. ¿Qué te impactó de ellos?

-El juego no me sorprendió. Más el carácter que tuvieron. Les puse “los insoportables” por lo que presionaron, corrieron, defendieron… Generaron una conexión muy especial con la gente.

-¿Qué similitudes encontrás entre la nueva camada y ustedes, la Generación Dorada?

-Con el seleccionado del 2002 veo varias. El nivel altísimo de juego, la intensidad, el carácter, esa primera línea defensiva que forman Campazzo, Vildoza y Garino, por ejemplo. Te salen a correr, te vuelven loco, como pasaba antes con Pepe, Puma, Manu y Chapu. También veo esa inconsciencia y caradurez para jugarles de igual a igual a las potencias. Y, por sobre todo, la unión del grupo. Cuando leí que se habían juntado en un casa para pasar Navidad me acordé de nosotros, que íbamos los 12 de acá para allá. Eso genera una afinidad que va más allá del básquet. Son cosas que sellan una amistad, generan una conexión especial y multiplican las ganas de ganar juntos. Y eso, en los torneos, termina disimulando otras falencias que podés tener.

-Y hablando del 2002, ustedes perdieron la final, como les pasó ahora a estos chicos. ¿Coincidís que les servirá como les pasó a ustedes para luego terminar ganando el oro olímpico en el 2004?

-Seguramente les servirá como aprendizaje y, a la vez, de combustible para ir por más. Nosotros, en el 2004, no jugamos tan bien como en el 2002 si vamos estrictamente al juego, pero ganamos. Logramos mayor tranquilidad, experiencia y oficio. Y este nuevo seleccionado tiene esa oportunidad, de seguir ganando millas en Europa, acostumbrarse a jugar en máximo nivel y seguir construyendo desde ahí. Una estirpe distinta porque evidentemente también son un grupo muy especial.

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