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Elecciones y economía: tiempo de completar la transición de instituciones extractivas a inclusivas

Las elecciones de 2019 plantean el desafío de cumplir con avances en institucionalidad. (IStock)

El proceso de independencia, iniciado en mayo de 1810, tuvo como propósito quebrar con la estructura colonial, apoyada en instituciones políticas y económicas extractivas que impedían el desarrollo de la región, fundamentalmente por las trabas al comercio exterior. Recordemos la positiva acción de Belgrano, como Secretario del Consulado de Comercio.

Las extractivas son aquellas que promueven el beneficio de unos pocos, provocando inestabilidad y, finalmente, pobreza. En la vereda de enfrente se encuentran las inclusivas. Ellas favorecen el desarrollo de la sociedad toda, de manera sostenible; para eso, protegen la propiedad privada, con un sistema jurídico imparcial, con servicios públicos que proporcionan igualdad de condiciones y que permiten la entrada de nuevas empresas en los mercados.

Recién en la década de 1850, el nuevo país logró romper con la tradición absolutista, sustentada en instituciones extractivas, heredadas de España; y a partir de allí comenzó a desarrollar instituciones inclusivas, hasta alcanzar a comienzos del siglo pasado un envidiable grado de desarrollo, para sorpresa del mundo entero.

Un esquema económico con instituciones extractivas promueve el beneficio de pocos, y genera inestabilidad y pobreza

Sin el aporte de patricios como Alberdi, en el plano institucional, y como Sarmiento y Avellaneda, en el educativo, no habría sido posible tal avance. La educación popular y la inmigración fueron factores decisivos para ello.

Sin embargo, el paso de instituciones extractivas hacia inclusivas no llegó a completarse, por lo que para la década de 1940, seguían actuando fuertes grupo de poder que pretendían mantenerse, sobre instituciones extractivas.

Fundamentalmente, sobre las ideas de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y su ideario de sustitución de importaciones, en tal década se instrumentaron políticas que presumiblemente iban a acelerar el paso. Pero la realidad es que, en lugar de ello, se acentuó el peso de las instituciones extractivas, apalancado por la acción de gobiernos populistas, sustentados en grupos de poder dispuestos a mantener su statu quo a toda costa.

El nuevo milenio comenzó con una fuerte crisis que mostró la falta de madurez y la tremenda demagogia de la dirigencia y la fuerza de los grupos oligárquicos. Recordemos a los congresales aplaudiendo el default y el avasallamiento de instituciones formales, como el derecho de propiedad, que facilitó el traspaso de riqueza de un sector a otro.

Las instituciones inclusivas favorecen el desarrollo de la sociedad toda, de manera sostenible

El último quinquenio fue la muestra más clara de populismo con acentuada tendencia al absolutismo (como secuela de la crisis mencionada), sólo contenida por las demandas de la clase media.

La llegada al poder del nuevo gobierno resultó del hastío por la acción gubernamental que intentó por todos los medios lograr la suma del poder y la permanencia de los grupos dominantes.

Con éste, se inició una etapa plena de errores pero, también, de avances en el plano institucional que muestran la decisión, tímida pero real, del pueblo para pasar de instituciones extractivas a inclusivas. ¿Una muestra? El progreso de instituciones inclusivas, como el reverdecer de los medios de comunicación libres.

Hoy, ¿cuáles son las fuerzas que se presentan a las elecciones? Ya no se encuentra ninguna como la que mostraba un ataúd ardiendo, ni otra con una dirigente de palabras cargadas de violencia y confrontación. Además, el oficialismo tiene la presencia de varias visiones, aún las del peronismo. Y la oposición es más madura, pues no es tan cruenta como en el pasado.

Hoy el oficialismo tiene la presencia de varias visiones e incorporó la del peronismo. Y la oposición es más madura

Se puede decir que las principales fuerzas a competir expresan un mayor respeto por las instituciones y por las deudas contraídas, que en las anteriores elecciones.

Es cierto que existe una acentuada polarización. Pero también, que las dos fuerzas con mayor chance son más moderadas en su enfrentamiento. Tal polarización no es propiamente el resultado de una grieta. La verdad es que la grieta parece más una ficción que una realidad. Si la actual es una grieta, ¿cómo deberíamos llamar a la vivida en la década de 1950? Así también, y solo por citar dos casos, ¿qué nombre habría de darse a la grieta de Alemania de la década de 1930 o la de la Guerra Civil Española?

Una visión optimista, pero realista, revela que el país ha madurado. Cada día que pasa la confrontación amengua y la racionalidad crece. Ello se nota en las demandas de la sociedad y, en consecuencia, en el comportamiento de los dirigentes.

Finalmente, resalto el pensamiento de Daron Acemoglu y James A. Robinson, que en su libro Por qué fracasan los países expresan: "Una vez instauradas, las instituciones políticas y económicas inclusivas tienden a crear un círculo virtuoso, un proceso de retroalimentación positiva, que aumenta la probabilidad de que estas instituciones persistan y se expandan".

(*) Manuel Alvarado Ledesma es economista y profesor de la UCEMA