Último momento

Supo a los 48 años que había sido un bebé apropiado y hoy ayuda a otros a buscar su identidad

-¿Fuma?
-No
-¿Antecedentes cardíacos?
-No
-¿Toma algún medicamento?
-Sí.
-¿Para qué?
-Para la presión.
-¿Alguna vez estuvo embarazada?
-No. Él no es mi hijo, es adoptado- dijo Nidia, justo antes de darse vuelta y preguntarle a Hugo Capparelli, que estaba parado a unos metros- ¿Vos sabías, no?
-Sí, claro- mintió él, llenándose de preguntas.

Hugo salió del Hospital César Milstein al que había acompañado a la persona a la que hasta ese momento le había dicho mamá, Nidia Cardozo, entonces de 85 años, a hacerse un chequeo por un cáncer de mama. Le pidió a ella que lo esperara en la puerta y caminó solo hasta donde había dejado el auto. Se subió al coche, arrancó, dobló en la segunda esquina y cuando quiso darse cuenta avanzaba en contramano por avenida San Juan.

"Sentí todo, un terremoto impresionante", describió Hugo a Infobae la revelación en el consultorio de avenida Independencia, una sensación que lo recorrió en ese momento y los días que siguieron. Después empezó a recuperar escenas aisladas de su niñez que -se dio cuenta recién entonces- había bloqueado todos esos años.

"Yo lo supe en mi infancia", dijo sobre el día en que un compañero de colegio le soltó "vos sos adoptado" y él se quedó duro a mitad del patio. Volvió a su casa con preguntas y se las negaron todas. Entonces entró en una profunda depresión, que lo llevó a dejar de comer y terminar internado. Se vio a él mismo gritándole a Nidia: "Vos no sos mi mamá y no quiero que lo seas". Después lo olvidó.

Hugo Capparelli durante su infancia
Hugo Capparelli durante su infancia

"Tengo 54 años y estoy anotado como que nací en el 9 de enero año 1965 en Luján, en la Clínica Güemes, aunque hay versiones que dicen que soy del año '64. En esa época los chicos no eran adoptados, eran adquiridos", le explicó Hugo a Infobae, que al comenzar a rastrear su historia, chocaría de frente con una maquinaria impensada. Un mecanismo aceitado de venta de bebés, a los que se les arrancaba la identidad para alejarlos de sus verdaderas familias y darlos en "adopción".

"Cuando nos dicen adoptados nosotros decimos que no, decimos apropiados, aunque ese término esté acá muy relacionado a la dictadura. Cuando uno adopta hay papeles y acá no hay absolutamente nada", siguió Hugo, hoy vecino del barrio porteño de Caballito, donde tiene su taller de carpintería y vive con sus dos hijos.

Al empezar a buscar Hugo comenzó a cruzarse con otros "detectives del pasado" como él. Decidió fundar "Hermanos de Búsqueda-Luján despierta", un grupo a punto de convertirse en ONG, que intenta reunir a quienes nacieron en Luján y tienen dudas o certezas acerca su identidad, que necesitan reconstruir sus verdaderas historias, reunirse con sus familias, rastrearse.

Hugo junto a otros integrantes de “Hermanos de búsqueda-Luján despierta”
Hugo junto a otros integrantes de “Hermanos de búsqueda-Luján despierta”

Fue testigo de cómo muchos lo lograron. Por esos reencuentros se enteró cómo a la mayoría de las madres se les había dicho -50, 40 o 30 años atrás, los casos se extienden en el tiempo-, en la Clínica Güemes, propiedad de la familia del represor Alfredo Astiz, y también en el Hospital de Luján que sus hijos habían muerto durante el parto. "Si las madres preguntaban mucho las anestesiaban, algunas dijeron haber estado dormidas hasta por tres días", compartió.

"En Luján había un mecanismo muy aceitado: salías con otro nombre, con una filiación totalmente nueva. Nuestra verdadera identidad era suprimida para siempre", sostuvo y amplió sobre otras figuras que necesariamente tuvieron que contribuir: "En el Civil estaba un juez de apellido Cámpora, que junto a las parteras y obstetras se encargaban de todo. Una de las que más participó fue la partera Hortencia (se omite el apellido por un tema legal), que es la que estuvo en mi nacimiento, junto con un médico de apellido Ortiz, que también intervino en mi entrega".

Está casi seguro de que fue su papá de crianza, Francisco Capparelli, el que viajó a Luján, según sus palabras, "a conseguirle un bebé a Nidia Cardozo" porque ella no podía tener hijos, producto de una matriz infantil provocada por la mala alimentación de niña. Francisco era un bohemio, pintor, escritor, artesano y Nidia trabajaba limpiando casas. Hugo nunca terminó de explicarse cómo pudieron pagar su apropiación, pero durante un viaje a Luján lograría sospecharlo.

Hugo en la escuela primaria
Hugo en la escuela primaria

Estaba en Luján intentando exprimir al máximo los datos de su partida de nacimiento, lo único que tenía, con el nombre su partera en la Clínica Güemes. Ella había muerto, pero preguntando logró llegar hasta la que había sido su casa y donde hoy vivía la hija de la mujer. Era un garaje con un cartel de chapa en la puerta, que anunciaba: "abortos".

"La hija me niega todo", le contó Hugo a Infobae, que sin embargo describió un detalle que lo dejaría pensando y que repasaría varias veces desde ese día: "Había una ventanita de forma horizontal y delgada, y en un momento en que se corre la cortina que tenía, puedo ver hacia adentro. En ese momento veo muchos jarrones que eran de mi viejo. Él era ceramista y eran los que hacía de estilo español, los reconocí. Mi viejo tenía un estudio único, era pintor de cuadros, su trazo era uno solo y estaba ahí".

De esa charla intentó sacar más información diciéndole a la hija de Hortencia que daría el nombre de su mamá a los medios y a la justicia. "Hacelo, pero ella nunca le hizo mal a nadie", le respondió la mujer, dejando en el aire el que es el principal argumento de quienes realizaron estas maniobras. Que hacían un bien, beneficencia, que ayudaban gente, que las verdaderas familias los habían abandonado, que ellos los salvaron.

Hugo Capparelli a sus 54 años
Hugo Capparelli a sus 54 años

Hugo es un tipo largo, de pelo entrecano y ojos claros. Su papá de crianza, Francisco, era bajo, de mandíbula angulosa, la nariz ancha. Nidia tenía poca estatura, tez trigueña. Lo físico, lo ineludible, seguramente devolvió muchas veces la pregunta acerca de su verdadero origen, aunque él la negara, aunque la terminara olvidando. Años más tarde, también sabría que por sus características habían sido uno de los bebés que mejor se "cobraban" en Luján en los '60. Blanco, rubio, ojos celestes.

"En Luján empezamos a investigar, después presentamos una ordenanza y nos dimos cuenta de que la ciudad había sido un centro neurálgico de tráfico de bebés, en el que estaba metido la iglesia, un juez hoy jubilado que vive en Mercedes, los organismos estatales… un montón de lugares todos relacionados entre sí", detalló.

El diario local El Civismo comenzó a publicar varias de las historias que aparecían y producto de uno de esos artículos una mujer logró encontrar a su mamá, a la que le habían robado a su bebé en el hospital.

El trabajo de "Hermanos de Búsqueda-Luján Despierta" intentó con los pocos datos a disposición, desde el inexplicable patrimonio de las enfermeras que figuran en las partidas hasta las inconclusas anotaciones en los libros, organizar un mapa de lo ocurrido. También a través del análisis del contexto, de una época en que quedar embarazada joven o soltera era sinónimo de vergüenza, de culpa, de exposición. Distintas circunstancias que alimentaron el circuito de supresión de identidades.

Parte de la lucha de Hugo es para que se tomen medidas desde el Estado
Parte de la lucha de Hugo es para que se tomen medidas desde el Estado

"Estaban alterada toda la documentación, ahora gracias a la ordenanza que presentamos, a pesar de que esto fue muy resistido, si en un libro de parto figura por ejemplo una chica que ingresó a la maternidad, estuvo tres días internada y no dice por qué, eso ahora causa de sospecha. Igual que los fallecimientos, que pueden ser falsos. Además cuando se informaba de la muerte se le cambiaba el género al bebé, para confundir a los verdaderos padres si el día de mañana querían buscar, y a esa criatura se la anotaba en una fecha diferente", precisó Hugo los detalles del proceso.

El 20 de mayo pasado Nidia Cardozo murió a los 95 años, sin decirle a su hijo nada de su verdadera historia. "Se fue enojadísima conmigo por la búsqueda", confió él, sobre una relación que dio un giro aquel día en el Hospital César Milstein, en el que ella admitió que no era su mamá y en que él empezó a hacer preguntas. Su papá Francisco murió antes de que pudiera confrontarlo. El resto de los familiares y conocidos se escudan en un pacto de silencio que lleva más de 50 años.

"Cuando vos buscás la verdad lo primero que empezás a sentir es que todas las personas que estuvieron a tu lado te hicieron la peor de las traiciones. El
adoptado apropiado, se siente sustituido en su identidad y que todos los que lo rodearon participaron de un delito y de un ilícito. Cuanto más hermético es, más inconfesable. Era por dinero, era un negocio, es trata aunque no lo quieran llamar así", indagó sobre las sensaciones de hombres y mujeres con historias a medias, que en el país se estima -ante la ausencia de datos oficiales- podrían ser cerca de 3 millones.

En noviembre del año pasado, cuando ya hacía rato que esperaba embotellado en una sucursal del Correo Argentino cerca de Retiro un kit de ADN, Hugo decidió ir hasta el Museo del Inmigrante para dejar pasar el tiempo mientras llegaba su turno. Vio las vitrinas, los modelos a escala de las embarcaciones, las listas, las fotos, los mapas.

Cuando volvió a su casa, sintió la necesidad de sentarse frente a la computadora y escribir: "Pensé primero en mi país que me robó mi identidad de origen, y al ver tantos testimonios e historias imaginaba que en algún barco vinieron aquellas dos familias que desconozco, la de mi madre y la de mi padre. En algunos de esos ficheros estarán mis apellidos".

La necesidad de saber aparece de distintas formas. Mientras desanda de a pequeños pasos su historia, Hugo avanza en la lucha para que se articulen políticas que ayuden a los buscadores como él a encontrar.

Tras dos años de insistir lograron, por ejemplo, que se cree el "Retib", la Red de Trabajo por la Identidad de Origen. Pero hay más peleas que dar: una de las principales que el Banco Nacional de Datos Genéticos no se restrinja sólo a casos de identidad relacionados a crímenes de lesa humanidad.

En paralelo la periodista y directora del Observatorio de Derechos Humanos en el Senado de la Nación, Norma Morandini, presentó por sexta vez a fines del año pasado el proyecto de ley por el "derecho a la identidad de origen", luego de que las veces anteriores perdiera estado parlamentario.

Hugo sabe que no es hijo de quienes dijeron ser sus padres. Además de la confesión tardía de Nidia, un ADN con su tía paterna terminó de comprobar que tampoco era hijo de Francisco. Se realizó análisis con posibles familiares, con una mujer a la que le dijeron que su hijo había muerto en la Clínica Güemes el mismo día que él nació, pero no hubo coincidencias genéticas. Tampoco sabe si la fecha que figura en su partida es real.

Mientras busca, ayuda a otros a buscar y es testigo en silencio de historias de reencuentro, que algún día espera sean también la suya.

SEGUÍ LEYENDO

Buscar respuestas en los cuerpos: Luis Fondebrider, 35 años poniéndoles nombre a los muertos