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Marianela, la primera conquista de Manu: cómo nació el amor que se convirtió en el sostén de la carrera de Ginóbili

Arriba a la izquierda esta Marianela Oroño. Abajo, sentado, Manu Ginóbili.

Su historia comenzó el 28 de septiembre de 1997. Ginóbili jugaba en Estudiantes de Bahía Blanca y su equipo visitó San Nicolás para enfrentar a Regatas. La casa del hoy entrenador de la selección argentina de básquet, Sergio Hernández, sirvió como el lugar para que ambos se conocieran.

Aquella noche, después de haber disfrutado una tarde que sirvió para que se Marianela y Manu se conociera, él se puso la capa para ser el héroe en el triunfo del equipo de su ciudad. Clavó 31 puntos y anotó el triple ganador para el 95-94.

Después de ese primer encuentro, en el que se repartieron los teléfonos fijos de sus casas, siguieron hablando. La relación, a pesar de los más de 650 kilómetros de distancia que los separaba, se fortaleció. Ambos se dieron cuenta que eso no era una limitación.

La relación se forjó en San Nicolás y luego se fortaleció a la distancia. Cundo Manu viajó a Italia, Many lo siguió.
La relación se forjó en San Nicolás y luego se fortaleció a la distancia. Cundo Manu viajó a Italia, Many lo siguió.

Volvieron a verse en enero del 98, cuando el menor de los hermanos Ginóbili volvió a pisar San Nicolás para jugar por la liga nacional, en lo que sería su última temporada en el básquet argentino. Un llamado desde Reggio Calabria (club italiano), casi sin imaginarlo, fue la situación que terminó de concretar lo que todo el mundo sabía: Many y Manu no podían vivir separados.

El básquet los unió. Él, considerado como una de las grandes proyecciones de Argentina, y ella, que supo conocer la disciplina desde que tuvo uso de razón gracias a Luis Oroño (su papá, que también visitó los colores de la selección argentina en dos Juegos Panamericanos y en un torneo preolímpico) estaban destinados a ser uno.

El tiempo pasó. Juntos sortearon esos instantes que, por estar lejos de casa, no la habrán pasado bien. Ya en San Antonio, lograron formar una familia hermosa. Primero con Dante y Nicola, y después con Luca, completaron el círculo Ginóbili. Ese que para el único jugador en la historia de este deporte en ganar una medalla de oro olímpica, ser campeón de la Euroliga y quedarse con un anillo de la NBA, ha sido vital en para sostener su figura de super estrella .

La familia Ginóbili en una de sus vacaciones.
La familia Ginóbili en una de sus vacaciones.

El discurso de Manu Ginóbili para con su mujer es la forma más gráfica de demostrarlo. Ese ´Gracias por…´ que se repitió en los más de dos minutos que duró una parte de su discurso, es esclarecedor para el mundo exterior. Como también lo fueron los posteos de Many en su cuenta de twitter, cada vez que estaba por comenzar una nueva temporada de Ginóbili con los San Antonio Spurs. "Interrumpimos este matrimonio comenzar otro años…", decía en broma la mujer de Manu a través de sus redes sociales.

Llevan casi 15 años de casados. La unión matrimonial fue el 10 de julio de 2004, unos días antes que Manu y la Generación Dorada se hayan consagrado como el mejor seleccionado del mundo después de ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas.

Ginóbili junto a su familia en la ceremonia de retiro de la camiseta 20 de los Spurs (AFP)
Ginóbili junto a su familia en la ceremonia de retiro de la camiseta 20 de los Spurs (AFP)

Vestida con un hermoso vestido rojo, Marianela se emocionó hasta las lágrimas. No pudo contenerlas, por ejemplo, cuando a su esposo se le quebró la voz al hablar de sus papás. Tampoco pudo hacerlo cuando papá Manu les dedicó unas palabras a sus tres hijos.

Como buen artista, Ginóbili dejó lo mejor para el final. Y ahí fue cuando se deshizo en elogios y gratitud hacia su mujer, un verdadero sostén para que la número 20 haya pasado a la eternidad.

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