Último momento

Un Gobierno poco solidario incluso durante las fiestas

(Matías Baglietto)

Final de año, con una despedida que no deja lugar al optimismo. Hasta los aumentos fueron un último gesto de agresión del Gobierno al ciudadano. La sociedad sufre un único crecimiento, el de la miseria. Cuesta entender cuál es el sentido del rumbo asumido, dónde nos quieren llevar, o al menos dónde imaginan que intentan conducirnos aun cuando es notorio que no saben cómo hacerlo.

Salimos de un gobierno sectario que parecía cuestionar la misma libertad de pensamiento y de expresión, terminamos cayendo en otro que cuestiona la sobrevivencia de la dignidad del ciudadano. El ajuste no era un golpe duro y atroz para equilibrar el presupuesto, era mucho más grave, la convicción de los ricos de hacer tronar el escarmiento. No es que asumen el fracaso de sus políticas, pareciera que disfrutan la dimensión de su venganza.

Los anteriores regalaron jubilaciones a los que no tenían aportes sin siquiera exigir un certificado de necesidad para no generar beneficios a los que estaban lejos de necesitarlos y mucho más de merecerlos. Aquellos devaluaron la retribución de los que aportaron sin siquiera pensar en la responsabilidad que asumían. Estos aumentan el peaje y se aseguran un resarcimiento por la baja de usuarios. Como buenos ricos se aseguran de otorgarles legalidad a sus delitos.

La política generó espacios rentables que sustituyeron a las viejas empresas productivas. Gobernadores, intendentes, legisladores y hasta universidades sin prestigio aportan el éxito que en el verdadero capitalismo tiene el sistema productivo. En el nuestro, en este capitalismo provinciano, el éxito es fruto de la viveza, de ocupar un espacio que genere renta para separarse del resto de los mortales.

La concentración y la extranjerización de la economía son los dos males tenidos por éxito para Mauricio Macri y sus funcionarios. El interés del dinero superior a todo esfuerzo. Con el cuento de que el Estado es mal administrado, "me lo llevo para casa". "La gente no trabaja, le pago lo que se me ocurre", un manual de justificación de la miseria que termina siempre en "la culpa la tuvo Perón". Cuesta entender que ellos ven en Perón todo lo que odian, que es la dignidad del pueblo. Les cuesta asumir que siempre fueron lo mismo y en cada gobierno de su tipo -llegando a través de las urnas o no- impusieron la misma política, todo para las empresas y poco y nada para el trabajador. Nunca pudieron gobernar sin que les estalle la sociedad, desde el 55 o los otros golpes, la misma idea de los parásitos rentistas. Los países los genera la burguesía industrial, nunca la renta de los herederos. El petróleo hizo jeques ricos, no integró ni modernizó sociedades. Dicen que lo extranjero es mejor porque no están ni estuvieron nunca dispuestos a producir, solo a intermediar.

Para Jorge Asís este es el tercer gobierno radical. Es discutible, pienso que es el tercer gobierno vendepatria. El primero fue el de Videla con Martínez de Hoz, el segundo, el de Menem con Cavallo y Dromi, y este es el tercero.

No quiero cerrar el año solo con pesimismo. Si las encuestas convencen a Macri de la popularidad de su fracaso y Cristina asume que solo puede ayudar al enemigo pero no ganar la elección, si ambos milagros cercanos y esperables se concretan, llegaremos a un gobierno que deje de explotar los odios y asuma un proyecto de sociedad forjable por una digna clase dirigente. No hay grandes candidatos, sí varios capaces de trabajar en grupo sin preconceptos ni resentimientos. Con eso alcanza, un grupo maduro puede ocupar el lugar que los pretenciosos líderes dejaron ausente.

Seremos felices si optamos por el camino de la cordura, si las ideas y la grandeza superan al fanatismo. Es mucho lo que falta, pero no imposible. En esa esperanza podemos desearnos un feliz año nuevo.