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“Antipatriarcales”: cómo es la cumbre de varones que cuestionan su machismo

"Habilitemos arriba", se escucha un pedido en el auditorio. Es un ruego para que se habilite el segundo piso de la sede porteña de ATE nacional. La sala está llena, la multitud trata de sentarse donde puede y decenas de varones se anotan en la lista de oradores. El clima es colorido y militante. Es sábado 17 y todos (o todes, como se escuchará decir más de una vez) se preparan para el arranque del VII Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA).

Heterosexuales, maricas, varones trans y "disidencias" sexuales fueron convocados a la cita para un fin de semana XL destinado a debatir y cuestionar sus "masculinidades". Son las 12 del mediodía en Belgrano 2527 y voces de todo el país y del exterior -con acento de Chile, Colombia o Brasil- empiezan a resonar en la sede anfitriona. La tónica intercultural y diversa está garantizada. En una asamblea multitudinaria, cuando cada orador le llega el turno, se pasan el micrófono para intervenir. Hay saludos al ELVA y sus organizadores. Pero también hablan sobre sus preocupaciones, impresiones y expectativas.

"Soy testigo de cómo la revolución del pañuelo verde llegó a La Matanza", destacó un docente bonaerense. Bruno, un activista por los derechos reproductivos y sexuales, resaltó el rol que tuvo el debate por la legalización del aborto. Un hombre que viene de Luján e hizo gala de su edad avanzada -en contraste con la mayoría juvenil de los presentes- propuso una "apostasía colectiva porque el clero sostiene el discurso patriarcal". Otro, en cambio, habló de cuestionar los privilegios del varón, de "hacerse cargo" y recuerda que "lo personal es político".

Detrás de la pluralidad de opiniones hay un acuerdo y un sentimiento común. El feminismo los convoca y los incomoda.

"Es una oportunidad única y fundamental para discutir la violencia machista. Éste es el lugar. No hay otro espacio donde sea más productivo en términos políticos para dar estas discusiones entre nosotres", señaló a este medio Lautaro Radovich, del Colectivo de Varones Antipatriarcales.

El ELVA ya tiene sus años de trabajo. Las anteriores ediciones fueron en ciudades como Haedo (2012) Mendoza (2013), La Plata (2014), Rosario (2015) y Córdoba (2016). El último fue en Santiago de Chile, con 500 participantes. Este año hubo un salto en la participación, con más de 1.500 inscriptos.

Después de las arengas en la apertura, los participantes se movilizaron a la XXVII Marcha del Orgullo LGBTIQ. Hay una comunión entre los varones heterosexuales asistentes y las denominadas diversidades sexuales. Estos colectivos y sus talleristas ocupan un rol protagónico en el ELVA para desandar el camino del "macho" y sus privilegios.

"El encuentro consiste en tres días en el que convocamos a discutir las masculinidades de todo tipo", señala Matías Barbosa, del Colectivo de Varones Antipatriarcales. "Las actividades apuntan a interpelar esta sociedad que tiene una estructura patriarcal y a la que debemos cuestionar su rol desde el feminismo", añadió.

El corazón del encuentro se realizó el domingo 18 y el lunes 19 en la Sede Piñeyro de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), con unos 28 talleres en lo que se debatieron temas muy diversos. Los tópicos van desde el acoso y la violencia sexual, el VIH, el maltrato en la infancia, la Educación Sexual Integral (ESI), la represión institucional y el patriarcado, el aborto, el machismo en las organizaciones, la vasectomía las paternidades y la desigualdad en el cuidado de menores o la violencia en las cárceles. Otros tienen nombres llamativos para el público no especializado, como el "taller de pakis", que es una de las formas de nombrar a los heterosexuales.

Casi todas las actividades tienen un componente lúdico e interviene la teatralidad y las emociones. El objetivo es que salgan a flor de piel las actitudes machistas para identificarlas y así, cambiarlas.

"Nuestros talleres están planteados desde la práctica de educación popular e intentamos que tengan muchísimo cuerpo", afirmó Lautaro, uno de los organizadores del taller "(De)Construcción de masculinidades desde la tensión Pakis-Marikas".

Un joven de nacionalidad italiana describió cómo vivió una de estas experiencias. "Fue un ejercicio de contacto con desconocidos en el que había que mantener la mirada y sentir el olor, sentir el sabor y hasta lamer el propio cuerpo. Es para darse cuenta de las estructura que tenemos y que estas verdades son mentales, y que una vez que se rompen no las sentís más. Fue un ejercicio para sentirnos incómodos y los límites que nos han impuesto", relató.

"Lo que tiene el cuerpo es que tiene la capacidad de mostrar físicamente el rastro de las emociones. Cuando anulan el cuerpo, lo que nos anulan es la capacidad de sentir y tener registro sobre lo que nos pasa", señalaron del Colectivo de Varones Antipatriarcales de CABA.

Hubo también actividades con el formato tradicional de charlas-debates. Conversaron frente a una multitud de varones las integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y la campaña contra la violencia a las mujeres.

En el panel principal del ELVA, las disertantes fueron la activista travesti Marlene Wayar, la historiadora feminista Dora Barrancos, y Say Sacayán, hermano de Diana, impulsora de la sanción de la ley de cupo laboral trans en la provincia de Buenos Aires y víctima en 2015 de un travesticidio.

Acoso y educación

Matías Berzel milita en el Movimiento Popular La Dignidad y estuvo a cargo de uno de los talleres en torno al acoso sexual y la intimidación que suelen ejercer los varones sobre las mujeres. Para trabajar el tema, Berzel puso en práctica una dinámica grupal en la que se pone de manifiesto la tensión que produce avanzar sobre otra persona, de manera no consentida, o realizar algunos gestos cotidianos.

"Hay un gesto que es muy tradicional en la izquierda que es agarrarse la barba, que habla de la parte racional del varón. Otro gesto es agarrarse los genitales; también el acoso callejero con sus chiflidos o mal llamados piropos. Abrir las piernas en el transporte público o pararse de una determinada manera para mostrarse fuerte también lo son", señaló Berzel.

Según el tallerista, las violencias machistas son un problema para las organizaciones políticas y sociales que buscan corregir estas prácticas entre los activistas. "Tenemos que hacer un trabajo conjunto con las compañeras para que esto no siga sucediendo, sobre todo cuando son violentadas", sostuvo Matías. "Identificar qué es un acoso, qué es un abuso y hasta dónde pueden llegar es lo que nos permite proponer formas para prevenirlas y erradicar las complicidades que muchas veces tenemos entre nosotros los varones cis heterosexuales".

El problema no escapa a los colectivos gays. La violencia machista se sigue reproduciendo en el ámbito de la intimidad y de los vínculos, pese a que "la masculinidad hegemónica" heterosexual también "las excluye". "Hay formas de violencia que también nos involucra como maricas y varones trans que seguimos reproduciendo. No por ser marica una está deconstruida", sostuvo Barbosa.

Para Flavio Badolati, docente y especialista en ESI, este tipo de trabajo debe arrancar por las aulas. En su taller, que involucró técnicas de relajación dirigida y una puesta en común, el objetivo fue revisar las prácticas docentes que tienden a reproducir los estereotipos y desigualdades de género.

"La ley de Educación Sexual Integral tiene como fin garantizar derechos de los niños, niñas y adolescentes para que puedan vivir una sexualidad plena, segura y sin coacciones. Que una piba pueda identificar cuando la caricia es una caricia y cuando es un abuso", afirmó Badolati.

El docente es consciente de los reclamos de madres y padres que practican credos religiosos y rechazan los planteos de la ESI. "No nos estamos metiendo con la educación de los hijos. Al contrario, somos parte del Estado y nos complementamos con la educación de las familias. La ley nos lo pide y convocamos a las familias para poder laburar en las aulas", aclaró.

— ¿Por qué no participan mujeres del ELVA?

"La presencia puede condicionar las inquietudes que puedan presentar los compañeros. Dejan de ponerse en juego cosas y puede haber una lógica defensiva. Yo creo que no debería haber limitaciones para que puedan participar compañeras o den talleres, pero puede pasar que lo que ocurra no sea genuino", afirmó Nicolás Valente, docente y militante de la Organización Popular Cienfuegos.

La discusión sobre la participación femenina no está cerrada en este tipo de actividades. En la apertura del encuentro, un activista soñó con que se organice un encuentro anti patriarcal de varones y mujeres, porque es algo "que se construye entre todos". De igual manera está presente si es posible que un varón pueda ser feminista o sea una "víctima" del patriarcado. Otros creen que ese conflicto puede ser superado.

"Militamos en el feminismo. Las mujeres nos acompañan para que abramos los ojos y para que veamos que el patriarcado también nos pisa la cabeza para que cumplamos los mandatos de la masculinidad, aún cuando tengamos un mandato diferente", afirmó Badolati. En el panel de la tarde del domingo, desde la la Campaña Nacional contra las Violencias avisaron: "Pensar el lugar de los varones lo tienen que ustedes, si realmente quieren estar a la altura del momento histórico".

La política presente

La cumbre de los anti patriarcales reúne organizaciones sociales y políticas de diverso espectro político. Sin embargo, probablemente no sea el espacio ideal para asistentes con idiosincracia conservadora. La consigna del séptimo ELVA es "ni machos, ni fachos" y el comité organizador está integrado por agrupaciones como VAMOS, La Cámpora, Nuevo Encuentro, Patria Grande, Mala Junta, Seamos Libres, Venceremos y el Partido Piquetero, pero también movimientos sociales como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) o el sindicato ATE.

"La frase lo puto no quita lo facho resume bastante bien lo que está pasando. Las mismas personas pertenecientes a la comunidad LGBT y sectores marginados de la sociedad están votando gobiernos reaccionarios como el Macri o de Jair Bolsonaro en Brasil, que tiene un discurso de odio hacia la comunidad LGBT. La identidad LGBT no alcanza para poder construir una perspectiva política crítica en torno al patriarcado y al sistema capitalista", concluyó Barbosa.