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River no debió sufrir tanto, pero una victoria así tiene otro sabor

(Reuters)

Gremio fue contundente en Buenos Aires y en Porto Alegre. Un tiro, un gol. Acá y allá. Era demasiado premio para un equipo mañoso y a veces tramposo. Por suerte ganó el fútbol, ganó River, el equipo que intentó, que jugó, que buscó y que al final lo logró.

En el primer tiempo le faltó el pase final. Quintero y Nacho Fernández no tenían la justeza necesaria. Los centros de Montiel no fueron precisos, y entonces la pelota no le llegaba limpia para la definición a Pratto y Borré. De todas maneras, hubo un solo equipo en la cancha, que jugó en campo rival, que recuperaba rápido el balón, y que creó las mejores situaciones, aunque casi siempre pateando desde afuera.

El equipo brasileño ganó un córner en una jugada aislada, ese tiro de esquina rebotó en la barrera, le cayó a Leo Gomes que remató, el balón rozó en Pratto y terminó siendo gol. Demasiado.

La segunda parte fue más complicada. Se jugó menos, Gremio ensució el partido, hubo muchas simulaciones, demoras, alcanzapelotas ausentes y jugadores acalambrados por doquier.

Pero este River es interminable. 9 títulos de D'Onofrio y compañía, 8 de Gallardo. Una semi con Lanús y ahora otra final. En el peor momento llegó esa falta a Pratto, el centro de Martínez, gol y 1 a 1. Faltando 3 minutos, Scocco remató al arco, hubo mano de Bressan, la participación del VAR y el gol de Pity. Inolvidable, emocionante, heroico, épico.

Armani salvó el mano a mano que le dio vida ante Everton. Montiel y Casco fueron todo el partido, Maidana y Pinola empujaron siempre, Palacios jugó como si tuviera 10 años en Primera, Pratto fue puro coraje, Borré y el gol puntual otra vez, Scocco y la jugada decisiva y Pity, la gran figura, porque metió el centro perfecto del primero y se cargó el penal en el segundo. Fantástico, extraordinario, inolvidable, emocionante. ¡River finalista! ¿Boca o Palmeiras? Todo está dado para la final soñada. Hay que esperar, pero el ideal está cerca.