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Ponchos tucumanos y falafel en el agasajo de Manzur

Gran parte del llamado círculo rojo nacional se trasladó el fin de semana largo a Tucumán: empresarios, industriales, académicos, diplomáticos, funcionarios, jueces y representantes del mundo de la cultura.

El gobernador Juan Manzur tuvo la habilidad de organizar, con varias entidades y apoyos varios, un megaencuentro internacional en el que se debatió sobre "Delito de odio, discriminación e intimidación en la era de las redes sociales".

Hubo más de 800 participantes y charlas distendidas del mandatario peronista en el marco de las actividades agendadas: una fue la visita a la histórica Casa de Tucumán donde ofició como anfitrión y guía; y la otra, una cena de gala en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. Para la visita a la Casa donde se proclamó la Independencia, la provincia dispuso un importante operativo de seguridad pero se quitaron las vallas y se buscó mostrar distensión: el gobernador y sus acompañantes fueron caminando desde allí a la siguiente actividad a 200 metros de distancia.

Por la noche, en la gala, Manzur obsequió a los principales oradores ponchos tucumanos y un libro del Bicentenario de la Independencia.

Se destacó la presencia de un muy bien custodiado embajador de los Estados Unidos, Edward Prado, que debutó en el interior argentino. También el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti y representantes del poder Judicial local, entre ellos jueces, camaristas, fiscales e integrantes del Tribunal Superior. Otra de las figuras que deslumbraron a Manzur fue el director del centro Simon Wiesenthal, el rabino Abraham Cooper.

Tan agradecidos están los tucumanos con Cooper que incluyeron en el menú comida judía: falafel y pletzalej entre otras entradas y luego arrollado de pollo con papas y zanahorias glaceadas. De postre no hubo flan, sino brownie y helados.

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