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Zidane se despidió del Real Madrid: las razones de un adiós inesperado

"Hoy es un día triste", dijo Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. Segundos antes, Zinedine Zidane había anunciado que su ciclo en la entidad merengue había concluido. Y con él, el ocaso de la segunda mejor etapa del club desde la era de Alfredo di Stéfano. Se despidió cinco días después de haber conseguido lo que nunca nadie: tres Champions consecutivas y la rendición de toda Europa.

"Tomé la decisión de no seguir el próximo año al cargo de entrenador del Real Madrid", fueron sus primeras palabras. Reconoció que es un momento extraño para decir adiós pero que cree que es el momento justo para todos, "para mí y para la plantilla". Reflexionó sobre las causas del adiós y sopesó la influencia de la erosión deportiva: "Pienso que este equipo debe seguir ganando y que para eso necesita un cambio. Después de tres años el equipo necesita otro discurso, otra metodología de trabajo. Por eso tomé esta decisión".

El 20 de febrero había dicho: "Voy a pelear para quedarme aquí para siempre". En la rueda de prensa donde informó su dimisión, los periodistas se lo recordaron. En su respuesta, esgrimió la principal razón de su renuncia inesperada: "Es un desgaste natural. A lo mejor cuando decía que no me iba a ir el 20 de febrero era algo sincero porque lo sentía en ese momento. En este club cambia todo de un día para otro, la importancia del día a día y eso se acabó para mí. Por muchas razones".

“Ellos lo saben. No hablé con ellos personalmente, pero se enteraron por un mensaje. Hablé con Ramos y lo haré con los capitanes”

Por muchas razones y ninguna en particular. Zidane entiende que su continuidad hubiese expuesto su cosecha de títulos, su pergamino. "Después de tres años, para un entrenador es difícil seguir haciendo lo que hace: ya no veo tan claro seguir ganando este año. Y yo soy un ganador. Cuando tengo la sensación de que no voy a ganar, es necesario hacer un cambio", argumentó en la conferencia.

Su última temporada terminó con una coronación sin precedentes, pero la transición hacia la final en Kiev se desarrolló entre vaivenes y sobresaltos. Más allá de haber cumplido el principal objetivo, la campaña del Real Madrid en el semestre fue irregular. Perdió la Copa del Rey ante el Leganés en cuartos de final y en la Liga sólo ocupó la cima de la tabla en la primera fecha, después llegó a estar octavo tras el quinto partido y en las últimas 30 jornadas fluctuó entre la cuarta y tercera ubicación, por detrás de sus clásicos rivales, el Atlético Madrid y el Barcelona.

“Es más simple de lo que parece. Hay etapas en la vida en que uno debe saber cuándo parar. Lo hago por el bien del equipo. Conmigo hubiese sido complicado ganar el año que viene”.

Su devenir de victorias, empates y derrotas en el certamen local engendró el consabido desgaste en los tres órdenes de un club: plantel de jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. Los medios españoles, aún ante el asombro por la decisión del técnico francés, destacan que su dimisión a final de curso era una alternativa que sus superiores habían barajado en los últimos meses, asumiendo la determinación como una acción propia, voluntaria e irrevocable.

Dijo que su máxima felicidad fue haber ganado la Liga 2016/2017 (y no cualquiera de las tres Champions obtenidas) y que su peor momento: perder contra el Leganés de local en la vuelta de los cuartos de Copa del Rey. "Ahí me quedé muy… no te voy a decir la palabra. Ya lo sabes", intentó explicarlo. Aquella noche la reacción del público combinó incredulidad con una lluvia de pitidos, que Zidane recordó en conferencia cuando precisó argumentos sobre la salida de un club con tamaña exigencia.

"Ellos lo saben. No hablé directamente con ellos individualmente. La plantilla lo sabe, por mensajes. Hablé con Sergio Ramos, y voy a hablar con los capitanes", respondió cuando le consultaron sobre si su salida había sido imprevista para el plantel. El misterio en la continuidad de Cristiano Ronaldo, el respaldo cuestionado a Keylor Navas y el caso Gareth Bale, un jugador del riñón de la dirigencia comprado al Tottenham en 2013 por cien millones de euros (el futbolista más caro en su época), relegado en la consideración del técnico y que curiosamente convirtió dos goles en el 3 a 1 al Liverpool en la última final de Champions.

“Para nada. Los jugadores no tienen nada que ver con mi decisión”, dijo cuando le preguntar si había influido la crisis de Cristiano Ronaldo (Fotos Reuters)

La prensa española habla de una relación tensa entre Florentino Pérez y Zidane. En su faceta como jugador, el astro francés fue uno de los galácticos predilectos del presidente del club blanco. Pero en sus funciones como entrenador, el vínculo empezó a tener asperezas. Bale es intocable para el directivo y secundario para el técnico. La historia del arquero Kepa Arrizabalaga develó un distanciamiento. Era un refuerzo promocionado por Florentino y del que Zidane hizo pública su opinión: "No necesito un portero, ahora no he pedido ningún portero. Luego, en verano, ya veremos porque puede haber cambios, pero ahora no necesito un portero". La declaración del técnico no cayó bien en el seno dirigencial. La rispidez produjo un clima de tensión perceptible y un escenario de incertidumbre al que había que incluirle un actor preponderante: Luca Zidane, hijo del técnico, es arquero y debutó el 19 de mayo, en el último partido de la Liga (2 a 2 con Villarreal).

El nivel de incidencia en la discusión por las incorporaciones era otro punto en disputa en la relación entre el técnico y el presidente. El caso Bale engendró una diferencia incurable. Refuerzos como Jesús Vallejo y Dani Ceballos, orquestados por el presidente, jugaron poco. Marcos Llorente, Borja Mayoral y Achraf Hakimi, de la cantera madridista, no entraban en la consideración del técnico. Y para el próximo mercado de pases, según sugieren los medios locales, Florentino quería otro Modric y Zidane otro Casemiro.

Una de las pocas palabras que esbozó Florentino en la conferencia hablaba de "un día triste". Zidane, sin intención de contradecirlo, opinó lo opuesto: "Ahora me siento bien, no tiene que ser un día triste. Es un momento bueno, digo que no voy a seguir pero no es un día triste. Un cambio es necesario para seguir ganando. No hay que ir más allá".

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