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Retrato de una rockstar de la literatura: cómo piensa la bestseller sueca Camilla Läckberg

En el hall del Hotel NH de la calle Bolívar, a media cuadra de Plaza de Mayo, hay un toro. Inmóvil, de plástico, pintado de muchos colores y a escala real, llama la atención de los turistas allí hospedados —empresarios de traje o extranjeros con ganas de conocer Buenos Aires—, incluso de Camilla Läckberg que, cuando lo ve, no puede evitarlo: levanta su celular y le saca una foto. Posiblemente la suba a sus redes sociales, como story en Instagram tal vez, porque en su visita a la Argentina, invitada por la Feria del Libro, no ha perdido ocasión de fotografiarlo todo. Ser bestseller no inhabilita la curiosidad cosmopolita.

Camilla Läckberg tiene 43 años y casi veinte libros publicados. Diez de ellos pertenecen a la serie de Fjällbacka, pueblo de Suecia donde nació y lugar donde ha decidido poner a jugar a sus dos personajes centrales: la escritora Erica Falck y el detective Patrik Hedström, el matrimonio que investiga crímenes atroces. La bruja es su última novela, la décima de la serie que vino a presentar a estas frías —aunque no tanto— tierras australes. Y ahora, dialogando con Infobae Cultura, con su postura rígida e inalterable, con su cuerpo nórdico envuelto en un mono rojo, mueve los ojos verdes musgo hacia arriba, mira el techo cada tanto y busca las palabras, esas palabras que aquí, en esta charla íntima, hacen olvidar su enorme éxito: ha vendido más de 25 millones de libros en cincuenta países.

Camilla Läckberg (Foto: Julieta Ferrario)

—¿Por qué el género policial, el crimen, los asesinatos?

—Desde que era muy pequeña siempre estuve interesada en el lado oscuro de la humanidad. Mientras otras chicas leían sobre caballos, yo leía sobre asesinos en serie. Y a los siete años mi papá me dio un libro de Agatha Christie y simplemente me enamoré del género. Para mí es un amor que ha prosperado desde que era muy chica.

—Hay escenas de La bruja que evidentemente requieren mucha investigación. ¿Cómo es el proceso de construcción de cada novela?

—Empiezo haciendo mucho trabajo de investigación. Con el proceso de la brujería y del siglo XVII en Suecia no sabía tanto, entonces tuve que leer un montón. Leí libros, leí por internet, vi documentales y hablé con expertos e historiadores, de modo que construí toda una base de conocimiento de la cual obtuve ideas para la historia. También saqué algunas cosas de la realidad: por ejemplo, la escena de tortura es un relato histórico real que sucedió. Lo saqué así, como estaba, del mundo real.

—¿Le preocupa que haya lectores que se sientan ofendidos por estas escenas tan crudas?

—Entonces no tienen que leer mis libros. Les puedo recomendar otras cosas.

—Otra cuestión que aparece es la de Karim y los refugiados sirios, que allí, en la novela forman "un país más pequeño dentro del país, aislados del entorno". ¿Cómo se ve esta problemática desde Suecia?

—Ahora es uno de los temas candentes en Suecia porque en otoño hay elecciones y el partido de los racistas tiene muchos votantes, muchos seguidores, más del 20% de los votos, y vemos que este fenómeno se replica en toda Europa. La parte triste es que vemos el mismo tipo de propaganda que había en Alemania en los años treinta, los mismos argumentos, las mismas palabras, pero esta vez los enemigos no son los judíos sino que son los musulmanes, los árabes. Lamentablemente somos una especie con una memoria muy, muy pequeña.

—¿Le interesa la literatura como crítica social?

— Mi respuesta más honesta es que no. Mi objetivo principal siempre fue ser una buena relatora de historias, contar buenas historias. Dicho esto, es muy difícil escribir un libro dentro de un contexto vacío, por eso mis opiniones y mi forma de ver las cosas están reflejadas, sin duda, ahí, en mis libros. Pero no me considero con intereses políticos, ni me gusta la política. La política es un juego de poder. Para mí lo importante es ser un buen ser humano.

—¿Y cómo se lleva con toda esa influencia que tienen sus libros?

—Me estresa un poco, porque no fue algo que yo quería. Pero a la vez siento que si uno tiene una voz, viene con una responsabilidad. Uno elige en qué usarla: para algo bueno o para algo malo. Pero nunca busqué tener esa voz.

“La bruja” de Camilla Läckberg, editada por Océano (Foto: Julieta Ferrario)

Quizás haya tenido algo de suerte, porque su padre, "hábil lector", contaba con una gran biblioteca. "Yo era una persona bastante excepcional porque leía", dice sobre esa cualidad que lleva adelante un poco en contra de la normalidad, de esa que quizás no quería formar parte. Y más suerte tuvo cuando la escritura llegó a su vida o, mejor dicho, se volvió profesional: en el año 1998, recibió un particular regalo de su marido y su madre, ellos le pagaron un curso de escritura creativa. A partir de ese taller escribió su primer libro, La princesa de hielo.

"Siempre quise ser escritora —confiesa—, ese era mi sueño de rockstar desde pequeña, pero pensaba que no podía hacerlo entonces obtuve un trabajo normal como economista. Y traté de encontrar algo creativo dentro de la economía, entonces me dediqué al marketing. Ahora, visto desde acá, fue muy importante para mí contar con todo ese background que me dio la economía".

Camilla Läckberg (Foto: Julieta Ferrario)

—¿Qué es lo mejor y lo peor de ser una bestseller?

—Lo mejor es que muchas personas leen mis libros. Cuando uno escribe quiere tener lectores. Muchas veces los escritores dicen que prefieren tener pocos lectores y buenos que muchos y malos. Creo que mienten, todos queremos tener muchos lectores. Esa es la mejor parte. ¿Y la peor parte…? Creo que no existe la peor parte. Es el mejor trabajo del mundo y no me puedo quejar porque soy muy afortunada.

—¿Qué significa ser escritor en el país donde se elige el Premio Nobel?

—En Suecia soy una de las más vendidas, pero los críticos no son amables y suelen tratarme como literatura mala, de poca calidad, y dicen que las personas son estúpidas porque leen mis libros. No obstante, cuando empecé a tener buenas críticas en otros países, a los críticos de Suecia les surgió un problema. Fue muy incómodo porque durante muchos años los suecos habían sido muy malos conmigo, pero posteriormente un crítico muy importante dio una respuesta a este fenómeno. Dijo que había tenido muy buenos traductores.

—¿Y con La bruja?

—No, es curioso: con La bruja es la primera vez que críticos y lectores tienen la opinión unánime de que es un buen libro, incluso en Suecia. ¡Por fin se dieron por vencidos!

Entonces se ríe y suelta en latín "Veni, vidi, vici", la frase de Julio César. "Vine, vi y vencí", es la traducción. Luego de decirla, vuelve a reír, como quien hace un viejo chiste interno. Los críticos la han aceptado. Para ella, es un reconocimiento a tanto esfuerzo. Pequeño, tal vez mínimo para una bestseller. Pero ella lo siente así.

Las traducciones de “La bruja” de Camilla Läckberg, en el mundo

—En sus libros las mujeres tienen un rol central, y pareciera que hoy las mujeres están empezando a tomar espacios que antes les eran negados. ¿Cómo lee este momento?

—Cuando escribo nunca pienso: "Voy a expresar este punto de vista". Empiezo con la historia, en primer lugar. Pero dicho esto, cuando hago la investigación del proceso brujería del siglo XVII, descubrí una característica común en las setenta mujeres que fueron quemadas como brujas. Eran todas muy fuertes, independientes, inteligentes, no aceptaban vivir según las normas de la época, y empecé a pensar que nada ha cambiado, que sigue siendo igual. Ya nos las quemamos a las mujeres, pero todas las que tienen esas características son quemadas de otra forma. A través de las redes sociales, de los programas de chismes. Y fue una gran revelación para mí, por eso se ha hablado mucho en Suecia de cambiarle la connotación a la palabra bruja, y empezar a tomarla como un cumplido. Así que jamás me importó que me llamaran bruja.

Camilla Läckberg (Foto: Julieta Ferrario)

Y con esa frase concluye, aunque no lo hace del todo. Se queda en silencio, pensando en lo que acaba de decir y casi que se puede ver cómo las ideas se agolpan en su cerebro. Antes de recibir la última pregunta, se anticipa, fija la mirada, y dice:

"En Suecia, por cierto, me sorprendió algo. Si bien es un país conocido por ser moderno y estar a la vanguardia, hace cuatro años, cuando estaba por cumplir cuarenta, conocí a mi marido. Él tiene trece años menos que yo. Durante dos años fue 'la' noticia en Suecia, y recibimos mucha mala onda, y me sorprendió tanto, porque vi tantos hombres con novias o esposas mucho más jóvenes, y nadie opina al respecto. Y pensé: esto es Suecia, estamos en el 2015, pero incluso en Suecia queda mucho trabajo por hacer.

—La última: ¿cuál cree que es la función de la literatura en una sociedad como la nuestra?

—Lo quiero responder dentro del contexto de mis hijos. Tengo cuatro y les he dicho a todos que leer es lo más importante del mundo, porque verdaderamente creo que si uno lee muchos libros, si viaja con la mente a otros países, a otras culturas y a las mentes de otras personas, va a ser una mejor persona. Es difícil que seas una mala persona si has leído muchos libros. Por eso creo que los libros son la clave para ser una persona buena y decente. Y hasta ahora, tres de mis cuatro hijos son muy, muy lectores. El más chiquito tiene dos años, con lo cual recién empiezo mi trabajo. Pero leen constantemente y eso me hace muy feliz.

* Hoy sábado a las 17 horas
Camilla Läckberg Presentación de "La bruja" en la Feria del Libro
Presenta: Flavia Pittella
Sala Tulio Halperin Donghi – Pabellón Amarillo
Predio La Rural – Av. Sarmiento 2704 – CABA

Organiza: Editorial Océano Argentina

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