Último momento

El aborto en Argentina a la luz de la experiencia francesa

El aborto, por razones no médicas, fue legalizado en Francia en 1975 por la ley Veil, que lleva el nombre de la ex ministra de la salud y hoy símbolo de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, Simone Veil. Como diputada del Parlamento francés de padres argentinos, me gustaría compartir algunas perspectivas a la luz de la realidad francesa 43 años después de su legalización, esperando que puedan inspirar a los legisladores de la República Argentina.

Citando a Simone Veil, el proyecto de ley de legalización del aborto buscaba "poner fin a una situación de desorden y de injusticia para proponer una solución apropiada y humana a uno de los problemas más difíciles de nuestros tiempos". Estoy convencida de que estos motivos mantienen toda su fuerza y vigencia hoy, tanto en la Argentina como en todos los países donde el aborto por razones no médicas sigue siendo ilegal.

Llegamos a un punto en el que los poderes públicos no pueden cerrar los ojos ante un problema que existe y es de toda la sociedad. El Estado no puede evadir su responsabilidad en cuanto a la salud de todas las mujeres que abortan anualmente en la Argentina. El Congreso tampoco puede mantener una legislación represiva que condena a esas mujeres no sólo a la estigmatización, la vergüenza y la soledad, sino también a la angustia de los juicios legales.

Necesitamos una política pública moderna, como la que imaginó en su momento Simone Veil, que nos permitirá no solo responder al inmenso desafío de salud pública al que nos enfrentamos, sino también producir los datos necesarios para tomar decisiones adecuadas. En esta búsqueda, Simone Veil no se guió por una "falsa compasión", como se ha podido enunciar, sino por la afirmación valiente y perseverante de derechos.

Cuarenta y tres años después de haber legalizado el aborto, Francia es hoy un país donde las mujeres tienen el derecho a decidir, con todo el apoyo del servicio de la salud pública para enfrentar semejante decisión de manera responsable, informada, segura y libre. La legalización del aborto en Francia no coincidió en absoluto con una masificación de dicha práctica. Al contrario, esta política permitió reemplazar abortos clandestinos y peligrosos por abortos legales y seguros. De 300.000 abortos clandestinos previo a 1975, pasamos a 250.000 abortos legales luego de la implementación de la ley Veil, cifra que hoy en día rodea los 220.000 abortos al año.

El aborto tampoco se banalizó, ni tampoco se considera un método contraceptivo más. Debido a su carácter excepcional, cada mujer que desea abortar necesita pasar previamente por dos citas obligatorias con un médico, durante las cuales se otorga toda la información necesaria para poder tomar una decisión autónoma y responsable: los diferentes métodos de aborto disponibles (cirugía o medicamento), los plazos necesarios, las consecuencias físicas y psicológicas de la intervención. Las dos citas deben ser lo suficientemente espaciadas para permitir el tiempo de la reflexión. También se propone una cita psicosocial, la cual es obligatoria para las mujeres menores de edad.

El caso francés demuestra también que la despenalización del aborto puede perfectamente ir de la mano de una política ambiciosa a favor de las familias. Francia es hoy en día el país con la demografía más dinámica de Europa, con una tasa de fertilidad promedio de 2 hijos por mujer. Francia destina nada menos que el 4% del PIB en distintas medidas de apoyo a la familia, tales como subvenciones y apoyos mensuales para familias numerosas, medidas legales para asegurar una inserción laboral postnatal fluida y una amplia red de guarderías gratuitas.

La despenalización del aborto en Francia no buscaba promover el aborto, sino frenar las muertes derivadas de dichas prácticas clandestinas. No era cuestión de destruir valores, sino de garantizar a las mujeres el derecho de disponer de su cuerpo y de atacar frontalmente un problema de salud pública. La respuesta de la sociedad fue muy positiva : hoy en día 75% de la población francesa está de acuerdo con el marco jurídico existente, sólo 6% quisiera volver a una despenalización restringida a los casos dónde la vida de la madre esta en juego, y el 19% restante traería arreglos menores y circunstanciales al dispositivo.

Hoy la Argentina tiene la posibilidad de escribir otra página de la democracia, y decidir que la salud de las mujeres y el derecho a decidir son la prioridad. Hoy, la Argentina tiene la posibilidad de hacer historia e inspirar a otros países de América Latina a seguir el camino de la igualdad de género y de protección de las mujeres.

La autora es diputada nacional de Francia.