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La misteriosa odisea del comisario acusado de corrupto que burló a la ley por un año y medio

Algunos no pueden correr para siempre. Con gesto cansado y un poco de resignación, Norberto Villareal, ex comisario de la seccional número 35 de Núñez, el comodín salvaje en el escándalo que decapitó a la Policía de la Ciudad a meses de su creación, acusado de integrar una asociación ilícita que recaudó coimas por protección de 37 restaurantes, supermercados y trapitos, se presentó el miércoles último por la mañana en el Juzgado N°14 a cargo de Ricardo Farías. Villareal fue ciertamente dispuesto. Extendió sus dos brazos para que lo esposen y lo lleven a la Unidad N°28, la alcaidía en la planta baja de los tribunales de la calle Talcahuano.

Farías lo indagó poco después: el ex comisario se negó a declarar por consejo de su abogado Diego Valente, que defendió a miembros de Los Borrachos del Tablón, la barra de River Plate. El abogado no había podido estudiar los 17 cuerpos de causa en contra de su cliente. Prefirió prudencia.

Villareal ya está en la cárcel, con un lugar en el pabellón de policías del módulo IV del penal de Marcos Paz. El sabor final es raro. ¿Cuál era la estrategia? ¿Esposarlo en su escondite o ganar la guerra de desgaste? Villareal había pasado más 18 meses prófugo, un año y medio en fuga luego de que el juez Farías ordenara su arresto el 8 de noviembre de 2016.

Se había convertido en una espina en el costado del fiscal José Campagnoli y su equipo, encargados de investigarlo, la división Búsqueda de Prófugos de la PFA desplegó a sus brigadas para intentar encontrarlo, se ordenaron escuchas telefónicas, el Comando de Recaptura de Evadidos del Ministerio de Seguridad había aportado logística con dinero para una recompensa por cualquier información. Las frustraciones se apilaban con cada búsqueda infructuosa, cada seguimiento que llevaba a nada, cada pinchadura donde nadie cometía un desliz.

Villareal, básicamente, era el corazón de la causa instruida por Campagnoli. Las cuotas mensuales podían variar de quinientos a tres mil pesos. un cuaderno incautado en su despacho de la 35° incluía los supuestos montos que le había tributado a sus superiores, luego de que una denuncia de un ex agente de inteligencia de la Gendarmería presentada en el ministerio de Patricia Bullrich encendiera el escándalo, que hablaba de una recaudación de casi medio millón de pesos mensuales.

Fragmento del expediente.

El hallazgo de ese cuaderno le costó el puesto y la carrera al máximo jefe de la nueva Policía de la Ciudad, el comisario Pedro Potocar que terminó preso junto a la superior inmediata de Villareal, la comisario Susana Aveni. Potocar luego fue liberado y elevado a juicio por Campagnoli, en un proceso que se llevará a cabo en el Tribunal Oral N°16.

Guillermo Calviño, histórico superintendente de las comisarías porteñas y el primer jefe interino de la fuerza con despacho en Parque Patricios, también fue arrestado: la sala de feria de la Cámara Criminal y Correccional le decretó la falta de mérito a pesar de que la denuncia original del ex gendarme lo mencionaba con mucha más fuerza y detalle que a Potocar.

Jose Pedro Potocar, ex jefe de la Policía de la Ciudad (Prensa GCBA)

Durante años se habló de la caja negra de la policía porteña, la recaudación sucia que manchaba a la gorra y la chapa: Villareal, en el imaginario y en la prensa, se convirtió en la cara de esa caja. El curioso informe de inteligencia que lo acusócon información de bases de datos accedidas desde cuentas de organismos públicos y bancos hasta lo acusaba de recaudar en un boliche sobre la avenida Cabildo donde se haría la vista gorda con el acceso de menores y los tarjeteros venderían droga impunemente en los baños.

El relato de la denuncia era el de una caricatura de policía turbio, como el detective que extorsiona a Scarface en los sillones de cuero blanco de la disco cubana, un tipo sin escrúpulos. Nadie esperaba que se entregase, tenía fama de policía recio y terco dentro de la fuerza, de no dejarse verduguear, de tener el control, un gusto por ejercer el poder de chapa. Un hoy icónico video filmado de forma oculta en una reunión en la comisaría lo mostraba negociando con subalternos para presuntamente llevarse su parte de la recaudación de trapitos de la cancha de River.

Evidentemente, algo lo quebró.

"Quería estar cerca de su familia, ya no aguantaba más", aseguró el abogado Valente a Infobae. Lo cierto es que la presión a su alrededor había aumentado, Campagnoli había encontrado nuevos domicilios para vigilar luego de un nuevo cruce de datos. Villareal sintió el movimiento y contactó a su nuevo abogado diez días antes de entregarse para buscar una salida favorable. Valente intentó negociar una eximición de prisión que fue denegada por el juez Farías.

Poco después, Villareal apareció en la calle Talcahuano, donde una camioneta color gris del Servicio Penitenciario Federal lo llevaría a Marcos Paz, el aparente fin de la historia del prófugo más polémico en tiempos recientes.

El cuaderno que llevó a la cárcel a Potocar: anotaciones de supuestos pagos de

"Estaba bien escondido, guardado con plata, con recursos. El secreto de un prófugo es no contactarse con sus familiares, pero la presión de separarse de la familia es demasiado. Es un poli, sabe cómo van ir por él", recapacita tras su detención un veterano que participó de su cacería. Para los hombres de la Federal y los investigadores judiciales que lo persiguieron solo quedaba mirar atrás.

La zona de Villa Domínico en Sarandí, de donde son oriundos los Villareal, había sido el principal foco de la búsqueda: se apuntó a la madre del policía, a su ex mujer y a su pareja más reciente. Varios efectivos de la división Búsqueda de Prófugos se apostaron en un complejo habitacional. Vigilar no era fácil. "Si estabas ahí y no eras de la zona se daban cuenta en dos minutos", apunta el investigador.

La Federal llegó a buscarlo hasta en Rosario. Se cubrió cada ángulo posible: domicilios de familiares, de amigos, etcétera. Mientras tanto, había sospechas, que se había fugado a Misiones, que podría estar en Rosario, directamente en Paraguay. Los recursos para buscarlo, por otra parte, no eran precisamente infinitos. Mientras tanto, Campagnoli sostenía la presión.

José Campagnoli, fiscal de Núñez-Saavedra. (Nicolás Stulberg)

En un momento, Villareal cometió un desliz, uno sorprendente. El 13 de marzo del año pasado, a plena luz del día, el ex titular de la 35° se presentó en el Registro de la Propiedad Automotor nº 5 en Avenida de Mayo al 900, a cuatro cuadras de la Casa Rosada, para certificar su firma para la transferencia de uno de sus autos, un Renault 18. Campagnoli, irónicamente, le había pedido al juez Farías que secuestre ese auto tres meses antes. El juez, en plena feria, no avanzó con el planteo.

Sin embargo, quedó un rastro de dos nombres, los compradores: un hombre de 32 años registrado en el rubro de seguridad de la AFIP y una mujer oriunda de La Boca, ambos vinculados a la última pareja de Villareal, con la que el ex comisario, curiosamente, tenía una demanda pendiente por pago de alimentos. El auto cambió de dueño en julio; pasó a manos de un mueblero de 35 años, oriundo de San Miguel, que no estaría ligado al policía.

La compradora del Renault 18 declaró en la fiscalía de Núñez-Saavedra: aseguró que una mujer en el quincho de Boca Juniors a quien conocía "del barrio" ofrecía el auto. La vendedora no habría sido otra que la última pareja del policía. El dinero de la operación, curiosamente, no fue mucho, unos 15 mil pesos.

La compradora original del auto no decía toda la verdad: su contacto con la pareja de Villareal era fluido a través de Facebook. En paralelo, Campagnoli obtuvo registros de la Policía de la Ciudad en donde el ex comisario había asentado sus domicilios de vacaciones en zonas como Berazategui, Los Cardales y la provincia de Corrientes, que luego fueron allanados. La negativa a la eximición de prisión dictadas por Farías vendría poco después, junto con un pedido de una inhibición general de bienes. Las calles alrededor de Tribunales tienen ojos atentos que hablan en confianza: algunos habitués aseguran haber visto al ex comisario al menos tres veces en los días previos antes de que se entregara.

Queda una pregunta: ¿dónde estuvo en el año y medio que llevó prófugo? ¿Dónde se refugió del escrutinio de la Federal? Hay alguien que sabe. Un viejo conocedor del submundo que accedió directamente a Villareal en sus días de fuga apunta: "Provincia de Buenos Aires, a 300 kilómetros de Capital Federal."