Último momento

La falsa resurrección de Cristina y de sus muchachos

En las últimas horas, algunos feligreses del cristinismo retomaron el cantito "a volver/ a volver/ vamos a volver". Como siempre, se empezaron a dar manija entre ellos y mezclaron la liberación de Cristóbal López, la excarcelación de Carlos Zannini y Luis D'Elía con la supuesta lista negra de Mauricio Macri y el poema de Esteban Bullrich contra el derecho a abortar.

Siguen con la vieja idea de que si hacen mucho ruido en las redes, van a terminar convenciendo a los argentinos de que este gobierno es una pesadilla, y que, de la mano de la ex presidenta, o de Guillermo Moreno, regresarán triunfantes a poner las cosas en su lugar.

Menos mal que la propia expresidenta, en una de las escuchas, lo dejó bien clarito: "Si Moreno se hace cargo de la economía, yo me exilio en Rusia". Pero están eufóricos, y la euforia los muestra tal como son. Porque si de veras quieren volver, ¿a quién se le ocurre mostrar al propio Zannini -de quien Luis Juez dijo que era el hombre que le recomendó aceptar las coimas de Cristóbal López- como una especie de lugarteniente del Che Guevara, subirlo al palco en los actos del día de la Memoria, y encima darle un premio en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires? Quizá hagan esto porque todavía están un poco mareados y desconcertados con la iniciativa de Macri de habilitar la discusión de impulsar una ley a favor del aborto responsable.

También es cierto que la actual administración, a veces, no tiene nada que envidiarles. Es una máquina de cometer errores no forzados. Y la movida de la habilitación de la discusión sobre la interrupción del embarazo hubiese resultado más creíble y menos asociada a la archiconocida cortina de humo si antes, desde el Ministerio de Salud, se hubiese hecho lo básico. Es decir: la implementación de campañas sobre educación sexual, prevención y el uso de preservativos y otros recursos para evitar el embarazo.

A veces, para pensar dónde estamos parados, es muy útil preguntarnos qué hubiera pasado, con los mismos actores, o los mismos hechos, en diferentes circunstancias. Por ejemplo: ¿cómo hubieran reaccionado los legisladores de la ciudad del Frente para la Victoria, si a los de PRO y sus aliados se les hubiera ocurrido hacer un homenaje al comisario Alfredo "Fino" Palacios, sospechado por las escuchas de Macri, a quien el Presidente todavía reivindica como un gran profesional?

O al revés: ¿cómo hubieran presentado Cristina y sus muchachos, la obtención de un importante descuento en la compra de los medicamentos para PAMI, IOMA y el ministerio de Salud, en el medio de una fuerte disputa que, parece, terminará, con la aceptación a regañadientes de bajar los precios de los medicamentos por parte de los laboratorios nacionales? Oscar Parrilli, por ejemplo, ya le estaría proponiendo una teleconferencia múltiple.

Ella desde el Calafate o Río Gallegos, el responsable del PAMI con decenas de abuelos munidos de carteles y pancartas y los chicos de La Cámpora con sus pecheras, sus bombos y sus cantitos contra el imperialismo y la oligarquía.

La expresidenta, entonces, en el medio de la conversación, le preguntaría al exjefe de la AFI un dato al pasar. Un dato que apareció en los diarios y los portales del día. El dato de cuánto se estaría ahorrando el Estado por ese gesto revolucionario del gobierno de ponerle la pata encima a los voraces laboratorios argentinos y extranjeros. Parrilli dudaría. Le respondería de manera equivocada.

Le preguntaría luego donde lo podría chequear. Cristina empezaría a tomar temperatura: "¡Andá a internet, Oscar!".

Se escucharía de fondo ruido de papeles. "Me parece que lo dejé por acá". Pero Cristina ya no lo escucha: "¡Estás lento Oscar, estás viejo!". Parrilli intentaría salir del atolladero. "No. Pará que estoy anotando. Lo busco y enseguida te llamo". Pero la expresidenta vuelve a la carga y antes de cortar, le grita: "Me calienta que seas tan pelotudo Oscar. Cómo me calienta que seas tan pelotudo".

Como sostiene el pensador contemporáneo Julio Bárbaro: "Yo de Macri no estoy enamorado. Ni siquiera me gusta un poquito. Pero menos mal que no ganó Scioli. Porque esto hubiera sido una catástrofe".

Escuchá a Luis Majul en Radio Berlín