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De profesión ingenieras: 4 historias de mujeres que rompieron los esquemas

No hace tanto la ingeniería no era asunto femenino: en las universidades las aulas estaban atestadas de varones y el mercado laboral era fuertemente reticente. De a poco, la tendencia empezó a revertirse. Actualmente, las chicas, según datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, constituyen el 20 por ciento del total de los inscriptos en ingeniería. Carla Carrara, ingeniera en petróleo; Paula Celoria, bioingeniera; Jésica Salvini, ingeniera mecánica y Lucía Taibo, ingeniera industrial: todas egresadas del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, superaron prejuicios e hicieron punta en sus especialidades.

EN LOS YACIMIENTOS. "¿Por qué no te subís el mameluco en lugar de estar en remera? Los operarios van a ir al tráiler con cualquier excusa y a cada rato para verte", le sugirió un compañero y ella (Carla Carrara) le contestó clarísimo y sin vueltas: "Porque tengo calor y vos también estás en remera. Vivo en Argentina, no en Arabia Saudita".

Con 28 años, esta ingeniera en petróleo ocupa un puesto que tiene una denominación tan anacrónica como las experiencias que suele transitar como company man, rol que ejerce en YPF desde el año pasado. Lo hace a dos puntas: una semana trabaja en las oficinas de Puerto Madero y la siguiente se muda a uno de los yacimientos petrolíferos que la empresa maneja en el sur del país. En el campamento duerme en un tráiler y es la máxima autoridad de la compañía en el lugar. Supervisa a un grupo de entre veinte y cuarenta varones de diferentes disciplinas y es la encargada de diagramar todas las actividades que se activan en el yacimiento. "Hay machismo como en todos lados y también es cierto que tengo bastante carácter. Quizás eso hizo que raramente haya tenido que lidiar con situaciones molestas", analiza.

Mi familia siempre me apoyó para que eligiera fuera de los roles y estereotiposde género”. Paula Celoria, bioingeniera

LA CHICA DE LOS DISPOSITIVOS. Lo suyo es desarrollar programas y tecnologías aplicadas a diferentes aparatos relacionados con el área médica y de la salud. Paula Celoria (26) es la primera bioingeniera graduada del ITBA y forma parte de la empresa de equipamiento médico especializado en mecánica respiratoria –MBMed– en Martínez. Le costó mucho el momento de asumir su vocación. La gente, admite, tenía muchas inquietudes respecto a su elección: "¿Por qué no elegís algo más femenino?", "¿qué vas a hacer cuando quieras tener un hijo?".

Por suerte, siguió su deseo e intuición y encontró un punto medio entre la medicina y la ingeniería, dos de las carreras que la atraían. "Si bien es cierto que se trata de una profesión demandante en cuanto a tiempo y energía –con lo cual a veces cuesta desconectar y mantener un balance saludable entre lo laboral y lo personal–, es lo mismo que pasa con cualquier otra carrera que te apasione", comparte Celoria, hija de un ingeniero químico y una profesora de física y química que siempre fomentaron su empoderamiento y perseverancia, clave para llegar a posiciones de liderazgo. "En mi familia siempre me apoyaron en lo que quisiera hacer, fuera de los roles y estereotipos de género. Cuando era chica, por ejemplo, hacía ballet, taekwondo y básquet a la vez", recuerda.

Una vez que una demuestra que eso que hace es lo que le gusta, los pilotos te empiezan a respetar y a escuchar más”. Jésica Salvini, ingeniera mecánica

LA REINA DE LAS PISTAS. A esta ingeniera mecánica la atraen los autos, el ruido a motores y la velocidad que destilan los autódromos. Desde que se recibió el año pasado, Jésica Salvini (31) es la única integrante femenina que acompaña, como ingeniera de pista y desde 2014, a los pilotos de la categoría nacional (Martos Competición) en los viajes por todo el país. Se ocupa de diseñar y fabricar las piezas de los autos que corren y de controlar obsesiva y pacientemente que todo funcione bien durante la carrera. En particular los amortiguadores, su especialidad.

¿Si a veces le falta fuerza física? Puede ser, admite esta profesional que heredó la pasión por los autos de su padre fierrero. Pero compensa con ingenio. Suele fabricarse algún dispositivo que le permita desarmar una pieza difícil o pide ayuda. Aunque prefiere no depender de nadie porque muchas veces está sola en el taller y tiene que resolver, confiesa esta chica que está de novia hace cuatro años con un técnico en redes. El ritmo de trabajo es intenso y las carreras suelen empezar alrededor de las 7.30 y terminar pasadas las 20. "Una vez que una demuestra que eso que hace es lo que le gusta, los pilotos te empiezan a respetar y a escuchar más", reflexiona. Incluso hubo equipos que en sus inicios la rechazaron porque preferían no tener una mujer a cargo de la parte técnica, pero después, cuando la conocieron y la vieron en acción, le insistieron para que se sumara. Ya era tarde, tenía otro contrato. Aquello fue un guiño de confianza profesional: más allá del género somos un par.

“Como en cualquier carrera que te apasione, el equilibrio entre la maternidad y el tiempo dedicadoa lo profesional es difícil”. Lucía Taibo, ingeniera industrial

SONIDOS EN LÍNEA. Experta en mediciones sonoras, Lucía Taibo es la primera graduada en ingeniería electrónica del ITBA, de la promoción 1971. Con 69 años, casada con un colega y madre de Lara (35), integró durante cuatro décadas la unidad de acústica del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y, desde hace un tiempo, se dedica a liderar exclusivamente consultorías de manera privada. Directores de empresas e industrias la convocan para conocer, controlar y proponer estrategias de acción para disminuir el nivel de ruido de sus plantas u oficinas, de manera que estén acordes a lo que indica la legislación.

La motiva que lo que hace está orientado a mejorar bienestar y calidad de vida de la gente, y se reconoce obsesiva de los sonidos que podrían pasar desapercibidos para cualquier mortal. En su vida, la ingeniería tuvo un sentido tan visceral como la admiración que sentía por su padre (Ángel, ingeniero industrial); además del gusto innegable por la física y la matemática. Pero cuando le contó a su familia que quería ser ingeniera, la noticia no fue tan bien recibida. Principalmente porque la especialidad que más la atraía –la industrial– era tierra de hombres y su padre lo sabía. En las plantas no solían verse mujeres y, por eso, cuando viró hacia la rama electrónica, ganó aprobación. Nunca sintió el género como un impedimento para crecer en lo laboral. Ni siquiera cuando fue madre. Aunque, destaca, contar con una guardería en el lugar de trabajo significó una ventaja enorme. "Las mujeres más jóvenes van ganando terreno y cada vez más nos encontramos con voces femeninas en puestos jerárquicos", cierra entusiasmada.

Textos: MARA DERNI (mderni@atlantida.com.ar) Fotos: AXEL INDIX

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