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Aira y su libro número 100: ¿qué se puede hacer salvo escribir “novelitas”?

"La enumeración es una cosa más", dice, apenas comienza, el protagonista de El gran misterio, la nueva nouvelle de César Aira (Ed. Blatt & Ríos). En la literatura argentina, cuando se habla de enumeraciones y series, casi como una reacción pavloviana, rápidamente se piensa en Borges. Y este, sin duda, es uno de los libros más borgeanos de Aira.

Nada hay, sin embargo, que los vincule directamente —aunque una historia en un país europeo a fines del siglo XIX protagonizada por el descendiente de una de las familias más distinguidas del Sacro Imperio Romano Germánico bien encuentra una deuda en la famosa conferencia sobre "El escritor argentino y la tradición". La relación se da a través de la idea de la literatura que comparten, y que aquí, aunque marginal y huidiza, ronda el texto de forma continua.

Como alguna vez dijo la escritora Gabriela Massuh: Borges tiene la visión del lenguaje como cárcel; Aira se queda dentro de la cárcel y a partir de ahí construye un mundo. Los únicos dos escritores argentinos que han sido candidatos al premio Nobel, comparten la pregunta que se esconde en El gran misterio y que, en última instancia, es un interrogante que se plantea desde tiempos remotos, pero que cada uno reactualiza y reformula: para qué sirve la literatura.

“El gran misterio”, la novela número 100 de Aira

Devoción por el sistema decimal

Hay también otra cuestión que le da entidad a la relación Aira-Borges a partir de la enumeración, que, si bien es accesoria al libro, no lo es en absoluto a la literatura. Dicen que cuando la madre de Borges murió —a los 99 años—, una vecina se le acercó a Borges y le dijo: "Qué lástima, con lo poco que le faltaba para llegar a los cien". Y Borges: "Veo, señora, que usted es devota del sistema decimal". Aira, con El gran misterio, por casualidad o decisión de mercado o voluntad, entabla este diálogo con Borges en su libro número 100.

Moreira, Ema, la cautiva, La luz argentina, Los fantasmas, La guerra de los gimnasios, Cómo me hice monja, Dante y Reina, El congreso de literatura, Varamo, El mago, El tilo, Yo era una chica moderna, Cómo me reí, Las aventuras de Barbaverde, La confesión, Yo era una mujer casada, El divorcio, Cecyl Taylor, El mármol (que salió con tres tapas diferentes), Margarita, un recuerdo, Artforum, Una aventura, Saltó del otro lado. Aún una porción tan "corta" de sus libros parece una lista exhaustiva. La estrategia de Aira es la de inundar el mercado y ganarle por cansancio. Y claro que le rinde frutos.

No hay en el país ningún otro escritor que haya alcanzado tal nivel de producción. Borges, ni a la mitad. Tal vez podría señalarse como excepción a Ana María Shua, pero con la salvedad de que ella tiene también una larga carrera como cuentista de libros infantiles. Es cierto que los libros de Aira son más bien breves —una vez José Pablo Feinmann dijo: "Mis dos tomos sobre el peronismo suman más páginas que toda la obra de Aira"—, pero eso no menoscaba su compromiso total y demoledor con las letras. Además, sirve para otra comparación con Borges: si este nunca escribió novelas, aquel casi nunca. A Aira le gusta decir que escribe "novelitas", así, en diminutivo. El gran misterio tiene, apenas, 77 páginas.

Desde hace varios años, César Aira suena como uno de los más firmes candidatos al premio Nobel de Literatura

El misterio son los otros

¿Cómo se cuenta una vida? O mejor: ¿cuántos hechos, eventos, gestos, pensamientos, actitudes, características hay que enumerar para dar cuenta de una vida?

El protagonista de El gran misterio es un científico inteligentísimo —dice que un Genio vive dentro de él— empecinado en encontrar de dónde salieron las cosas, quién las hizo, y, sobre todo, cómo son en su interior. Tiene la voluntad de los chicos que desarman los juguetes. (Aira siempre es como un chico que juega y desmonta la literatura). Busca encontrar la transparencia que libere a los objetos de la opacidad. Que muestre la verdad profunda que guardan.

A través de una complicada lógica —que, como en la mayoría de las novelas de Aira, roza lo absurdo— y de una serie de peripecias —que lo mismo—, finalmente descubre un método para resolver el enigma, pero se lo termina considerando un invento de feria, chapucero y trivial.

"Me pregunté", dice el protagonista, "si el dinero se me terminaría. ¿Me libraría al fin de esa servidumbre? Los demás tendrían que quererme u odiarme por lo que yo soy, no por mi dinero. Aunque bien pensado, no avanzaría mucho porque solo habría eliminado una determinación, una propiedad, y quedaban otras muchas antes de llegar a la desnudez de lo que soy. Al volverme pobre, podrían odiarme u amarme por mi cara. Si elimino la cara, por ejemplo usando una máscara, me amarán u odiarán por mi conversación. Me llamo a silencio, pero queda mi cortesía. La elimino, pero después tendría que anular mi historia, o mi pelo… No, no hay caso, nunca se llega a lo humano puro."

Es que ese gran misterio, parece decir Aira, no puede resolverse sino a través de la literatura —y justamente su científico es alguien que detesta los libros. Este arte, que paradójicamente está llamado a ocultar las verdades más profundas a través de metáforas, que son como "maquinarias primitivas, ruidosas, escondidas bajo tierra", es, si no el único, uno de los pocos caminos para llegar a la esencia de los hombres.

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